miércoles 17.07.2019

Viajes astrales - Vol.3

Andrew Wyeth Teel's Island
Andrew Wyeth Teel's Island

separacion

La maleta vacía: Cambias de canal, vas de una cosa a otra, sin detenerte en nada: hay algo que te incomoda y te acorrala. Aveces crees que tu mayor problema es el dolor de espalda, el insomnio, las canas, pero hay algo que se revuelve dentro, como un cardumen inquieto bajo tu pecho. Aveces dejas la vista fija, pierdes las ideas, y sientes el vértigo de la monotonía, el camino que ya ha torcido demasiadas veces hacia el mismo lado y ha vuelto a empezar imperceptiblemente. Debajo de la cama hay una maleta vacía pero, en tu imaginación, ya se está llenando.

Volver a flote: Cada noche sueño con un barco que se hunde, y yo me hundo con él. Y cuando abro los ojos, sigo intentando volver a flote, apartando los restos del naufragio, aguantando el aire en los pulmones, y levantando la vista a un sol cáustico que aún está lejos. El barco en el que crecí desaparece en el abismo, tan lejos de mí como la superficie oceánica, el aire y la supervivencia. En mis sueños necesito volver a flote, y despierto luchando por volver a flote, y ya llevo mucho tiempo intentando volver a flote.

La normalidad: Serás un niño especial, un joven peculiar, un adulto normal: vas a sentarte en la normalidad a darle de comer a las palomas, a mirar la tele, a intentar que nadie te señale. Vas a ser normal para ser normal para ser normal: la normalidad te vigila con ojos de búho, te rodea como una bruma, te va carcomiendo. Vivir en un barco no es normal, tenerle fobia al peluquero no es normal, dejar que las caries coman no es normal, ser feliz con poco no es normal. La normalidad es una enfermedad contagiosa: es la forma más pegajosa de lavarse las manos.

La playa: Me siento en la cubierta y observo la playa: es una costa que me espera con los brazos abiertos. ¿Y quién no quiere vivir siempre descalzo, oyendo el mar, sintiendo la paz del sol sobre la piel? En la playa hemos firmado una tregua con la naturaleza: es un espacio de silencio entre nuestro ruido blanco y su rugido elemental. El imperio de castillos diminutos, el incierto escondrijo de tesoros, el oasis soñado por los náufragos. Podría pasar cuatro vidas en la orilla, en ese breve desierto que horadan las olas, y aún me parecería poco, y siempre querría volver.

La gran ola de basura: ¿Sientes ese temblor que va creciendo?, desde el horizonte llega un rugido incipiente. Las gaviotas levantaron el vuelo, inquietas, esperando el festín que viene para cubrirnos a todos de deshechos. Ya llega, y es la naturaleza devolviéndonos gentilmente lo que nosotros le dimos: vas a recuperar todas las bicis que tuviste, y todos los juguetes de tu infancia, un poco contrahechos y descoloridos, vamos a recuperar los balones, las camisetas, los teléfonos, los zapatos… se nos vienen encima: el mar va a tomarse su revancha.

Los piratas: El puerto estaba infestado de piratas: aquello era el pandemónium: tenían toda la cala tomada. Nosotros intentamos pasar desapercibidos, tirar nuestro ancla en un rincón del fondeadero, pero rápidamente nos interceptaron y nos prohibieron fondear, obligándonos a amarrar en su malecón. Intentando no provocarlos, nos dirigimos dócilmente a sus atracaderos. Desde entonces, hemos tenido que pagarles por estar allí, y exigen más dinero para permitirnos navegar, usando incluso el pretexto de nuestra propia seguridad… nos seguirán sacando dinero hasta el día en que abandonemos definitivamente nuestro barco, desanimados por su voraz piratería.

Mis inventos: Hay que ponerle un poco de creatividad: el plástico de unas ruedas puede servir para hacer un par de chanclas, unos tubos de PVC rescatados de la basura, los podemos usar para construir un pequeño trimarán, para la pala del timón de viento, quizá valga un cartel de Jockey Club. Las latas de conservas son tan buenas para hacer artilugios de pesca como malos son los palos de escoba para hacer remos. Con un poco de imaginación, en un tubo de petróleo ves un mástil nuevo, en una lona de camión encuentras tu mayor, en el mar ves una forma de vida, y hasta en las velas infladas encuentras poesía.


 

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