viernes. 09.12.2022
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Colombia es un país repleto de sitios mágicos, donde cada rincón parece brillar con luz propia. Pero dentro de esta exuberancia geográfica, una de las paradas obligatorias es el Valle de Cocora dentro del Parque Nacional de los Nevados.

Símbolo nacional, las palmas que se elevan hasta el cielo te dejarán una estampa en la retina que nunca olvidarás. La mayoría de la gente realiza un pequeño recorrido de unas 2 horas, pero aquí te vamos a mostrar el Valle al completo con un gran recorrido para más aventureros que te dejará sin aliento, así como te informaremos sobre el itinerario, los precios y algunos consejos imprescindibles.

El emblema nacional… en peligro de extinción

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La palma de cera es la más alta del mundo

Custodiado por dos quebradas, Cárdenas y San José, que van a desembocar al Río Quindío, el Valle de Cocora se eleva desde los 2.200 hasta los 3.000 metros en la Cordillera Central de los Andes Colombianos. Valle de Cocora debe su nombre a una princesa Quimbaya y significa “estrella de agua”.

En él se dan las condiciones idóneas para la palma de cera, emblema y árbol nacional de Colombia que alcanza los 60 metros de altura y vive en torno a 200 años. Sin embargo, un gran peligro se cierne sobre ella, aunque la mayoría de la población no sea consciente. Se calcula que quedan unas 2.000 en todo el Valle de Cocora y están en verdadero peligro de extinción. Por un lado, la gran deforestación que sufrió durante décadas porque se utilizaba en los pasos de Semana Santa, así como la recolección de su apreciada cera que dejaba al árbol indefenso de las inclemencias. Por otro, la utilización de ganadería extensiva que se alimenta, entre otros, de las semillas de la palma y constituye uno de los principales motores económicos de la región más allá del turismo, por lo que entran distintos factores en conflicto. Además, la típica imagen que tenemos de las palmas separadas entre si únicamente con pasto a su alrededor no es su hábitat natural. Cuando ganamos altura en nuestro recorrido podemos verlas en su verdadero hábitat, rodeadas de maleza y otros árboles que protegerán a las incipientes palmas jóvenes tanto del sol como de las inclemencias meteorológicas.

El trekking: palmeras, colibríes y mucho más

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La entrada al Valle

 

El Valle de Cocora tiene un acceso adaptado para la mayoría de la población, por lo que siempre podrás estar un ratito, tomarte unas preciosas fotografías y partir de vuelta. Pero si quieres conocer realmente el corazón de Cocora te recomendamos contar con un guía que pueda explicarte la evolución geográfica y cultural de la región.

El recorrido es de aproximadamente 12 kms y unas 6 horas de duración, con un desnivel  de 550m y altitud máxima de 3000m. En este caso tuvimos la gran suerte de contar con José Romel, un guía local que lleva más de 25 años enseñando los secretos de esta maravilla de la naturaleza. El tour lo contratamos con la gente de Paramo Trek, quiénes nos facilitaron todo: el transporte privado ida y vuelta de Salento al Valle de Cocora que demora unos 25 minutos, el guía local que fue todo un acierto, el pago de los diferentes accesos al parque, fruta y frutos secos para picar en el camino y una comida deliciosa en el Restaurante Andrea de Salento a la vuelta.

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Una estampa muy famosa: Willys, bandera y palmas de cera

José Romel nos propuso comenzar por la zona con mayor altitud para tener mejores vistas del valle ya que el día era soleado. Siguiendo el camino principal nos encontramos una caseta blanca en Finca la Esperanza donde había que pagar 10.000 pesos, no pases de largo ya que ese es el acceso al valle. Nosotros no tuvimos que pagar ya que Paramo Trek se encargó de gestionar estos pagos. En ese punto atravesamos una pradera donde se encuentran las letras de Valle de Cocora y un Jeep Willys en los que se pueden tomar unas fotos muy bonitas e icónicas, con la bandera de Colombia de fondo. Los Willys o “Yipao” son uno de los símbolos más representativos del Eje Cafetero, siendo utilizados por los trabajadores y como transporte público. Dejando el Willys a nuestra izquierda continuamos por un sendero de subida hasta llegar a un mirador desde el que tendrás una bonita panorámica del Cerro de Morrogacho y de todo el valle.

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Aprendiendo del maestro

Continuando la ruta de ascenso nos encontramos con una pequeña puerta de madera que tendremos que pasar para acceder a la pista que será nuestro camino durante varios km, en este momento nos introducimos en la parte del bosque de niebla, hábitat natural de la palma de cera. Un poco más arriba a la derecha hay otro mirador con unas vistas parecidas al anterior e igualmente espectaculares.

En el camino, nuestro guía Romel nos explica la diversidad de flora y fauna del lugar, él mismo trabajó con varios proyectos de conservación que tuvieron lugar en la zona, por lo que conoce cada tramo a la perfección. Paramos para observar un helecho arbóreo en su hábitat natural, muy difíciles de encontrar en otro tipo de ecosistemas. También gracias a nuestro guía pudimos divisar gran variedad de aves autóctonas como el barranquillero o el trogón acollarado, pues solo él sabía dónde encontrarlos.

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El punto más alto del recorrido lo encontraremos en la Finca La Montaña, a 2.860m, desde donde hay unas preciosas vistas del Mogorracho. En este lugar tienes que pasar la entrada de madera y dejar la casa a tu izquierda para iniciar el largo descenso.

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El punto más alto de nuestro recorrido

Las palmas de cera quedaron atrás y nos sumergimos en un auténtico bosque tropical de montaña. El descenso en zigzag nos lleva al corazón del valle donde se encuentra el río Quindío. El barro y el agua comienzan a estar presentes en gran parte del camino, por lo que agradecimos la recomendación de la agencia de llevar botas de agua (katiuskas). Cuando llegamos al río, el camino se bifurca para volver o seguir la ruta un poco más, sin embargo, el sendero de vuelta no se aprecia muy bien y tienes que meterte por el río, por lo puede ser complicado saber por dónde ir. Si vas con guía el camino continúa hasta la Reserva Natural Acaime y Reserva de los Colibríes, la entrada cuesta 15000 pesos e incluye bebida y queso. El lugar consta de una casa con cocina y mesitas donde poder descansar, justo en la entrada hay bebederos donde se encuentran revoloteando los colibríes donde podrás tomar bonitas fotografías.

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Desde Acaime iniciamos el camino de vuelta y volvemos a descender hasta el río para tomar el sendero del que hablamos anteriormente. Varias personas que nos encontramos por el camino nos preguntaron por el sendero, con lo que si no lo ves muy claro te aconsejo preguntar.

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En el camino puedes encontrarte cascadas como esta

En este punto de la ruta comenzamos la zona de los puentes. Nuestro guía se había informado previamente si podían cruzarse o no, ya que la crecida del río debido a las fuertes lluvias en ocasiones impiden su paso. Es una zona maravillosa en la que te sumerges en plena naturaleza, el frondoso bosque verde con el murmullo del río hacen que puedas sentir toda la esencia del lugar. Hay que pasar 8 puentes colgantes de madera que atraviesan el río, unos más estables que otros, por lo que es altamente recomendable seguir los carteles: “pasar de uno en uno”, lo que añade un punto de emoción a la caminata.

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Uno de los puentes del camino

Finalmente, abandonamos el bosque de niebla y volvemos a divisar las praderas. A la izquierda vemos la zona montañosa por la que iniciamos el trekking y a la derecha el Cerro de Morrogacho. Aquí nos encontramos con la última caseta de pago 5000 COP desde donde nos tomará 15 minutos llegar al punto de partida.

Una experiencia súper recomendable

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Bosque de niebla

Cansados pero contentos nos montamos en el coche dirección Salento donde nos espera una deliciosa comida en el Restaurante Andrea. Comimos con Romel la trucha especial al ajillo y nos encantó.

Así cerramos un día intenso en el que pudimos conocer la historia del Valle de Cocora, aprendimos a reconocer diferentes especies de flora y fauna gracias a las precisas indicaciones de Romel y degustamos uno de los platos típicos de la gastronomía local.