RUTAS CON MEMORIA

Cuando el Ebro regó los Alpes

Un grupo de 56 republicanos españoles participó junto a la Resistencia en la batalla del plateau de les Glières. El Sendero de los españoles recuerda el lugar por el que subieron a la montaña.

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Formación en Glières

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El Sendero de los Españoles es uno de los caminos de acceso al plateau de Les Glières en los Alpes franceses. En esta meseta rodeada de montañas, está el Monumento a la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. Ahí, en marzo de 1944, tuvo lugar la primera batalla abierta entre el maquis de las Fuerzas Francesas de Interior (FFI) y una división de cazadores de montaña de la Wehrmacht, con el apoyo de unidades galas del Gobierno colaboracionista de Vichy. Estelas funerarias en varios puntos de la Alta Saboya y un monumento en Annecy son otros hitos de la presencia de republicanos españoles en el combate contra la ocupación nazi.

Algunas guías recomiendan realizar Le Sentier des Espagnols desde la meseta de Les Glières hasta la antigua fábrica de vidrio de Nâves-Parmelan, si bien los 56 republicanos españoles siguieron la dirección inversa para acceder al plateau la noche del 1 de febrero y sumarse a un grupo de 120 resistentes franceses que esperaban el abastecimiento desde el aire de armas y municiones. La elección de este enclave por parte de los aliados tenía que ver con la dificultad de acceso por tierra, las posibilidades de defensa que ofrecían las afiladas montañas del entorno y la equidistancia de los lagos Ginebra y Annecy cuyas láminas de agua servían de referencia a los pilotos de los aviones de transporte.

Después de la fulminante derrota del Ejército francés frente al alemán en 1940, la batalla de Francia duró un mes escaso, y el posterior armisticio, el país quedó dividido el dos. El norte y la costa atlántica, bajo el control de Alemania, y el sureste en manos de un gobierno colaboracionista dirigido por el veterano héroe de la batalla de Verdun durante la Primera Guerra Mundial, el general Philiphe Petain, y la presencia de tropas italianas. Y la milicia francesa quedó reducida a la mínima expresión con las unidades supervivientes estrechamente supervisadas por los jerarcas nazis.

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Supervivientes de Glières 

Durante los primeros tiempos de la ocupación, la oposición a la presencia alemana fue tibia y la presencia activa de la Resistencia se redujo a las grandes ciudades y el sur. En las ciudades, adoptó la táctica de guerrilla urbana mediante atentados a jerarcas nazis y atracos a bancos para su financiación; mientras, en el sur, la actividad se centró en los sabotajes a infraestructuras de comunicaciones y la voladura de instalaciones militares. En todo el sur, con epicentro en Toulouse, los republicanos españoles tuvieron un papel relevante en la liberación del territorio. De hecho, la primera estructura organizada fue la red de evasión dirigida por el cenetista aragonés, Francisco Ponzán.

Pero volvamos a los 56 republicanos españoles de las Glières. Llegaron a la Alta Saboya en marzo de 1940 en el contingente de tres Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE), en total unos, 750. Tras la caída de Cataluña, en solo 10 días del mes de febrero 1939 cruzaron la frontera con Francia casi medio millón de personas, de las que prácticamente la mitad eran militares. A final de mes, en los campos de concentración de Argelès su Mer y Saint Cyprien se hacinaban 180.000 personas en unas condiciones miserables.

Para limitar el coste del albergue de esta masa, el gobierno ofrecía, entre otras, la posibilidad de unirse a las CTE a los extranjeros entre 20 y 48 años. Unos 30.000 españoles se alistaron en estas unidades, mandadas por militares franceses, que hasta la batalla de Francia estuvieron dedicadas a la construcción de defensas militares (Línea Maginot) e infraestructuras de comunicación, producción de armamento, elaboración de carbón vegetal… La vida no era fácil para los integrantes de las CTE.

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Sendero

El líder de los republicanos de la Alta Saboya era Miguel Vera, un malagueño que había trabajado en las minas de Puertollano. En poco tiempo, Vera organizó un grupo en Annecy, contactó con exiliados residentes en otras localidades de la región e hizo tareas de espionaje y recopilación de información. Su punto de encuentro era el Auberge du lyonnais. En este establecimiento, conoció a Richard Andrés, francés hijo de españoles, distribuidor del periódico Le coq enchainé, organizador de los pasos clandestinos a Suiza y en sintonía con l’Armee Secret (AS), la organización afín al general exiliado en Londres, Charles de Gaulle. El otro brazo de la resistencia era Franc-Tireurs et Partisans (FTP), vinculado al Partido Comunista Francés, que había sido ilegalizado antes de la invasión alemana. Aún faltaba un tiempo para la unidad de acción.

 

Un salto adelante tuvo lugar en marzo de 1942. Con el fin de contribuir al esfuerzo bélico alemán, las autoridades nazis crearon el Servicio de Trabajo Obligatorio (STO) para llevar trabajadores de los países ocupados a las fábricas germanas. El reclutamiento era forzoso y, en Francia, contó con el respaldo del Gobierno de Vichy. Hasta 200.000 jóvenes franceses objetaron y pasaron a la clandestinidad. La mayoría fueron a vivir al monte. Se les llamó refractarios, el Maquis había dado sus primeros brotes. En Bretaña y el suroeste creció con fuerza.

Tal ocurrió en la Alta Saboya, en todos los macizos que festonan el Mont Blanc, a un paso de Suiza e Italia. La masa de refractarios hizo simbiosis con el terreno. Se aposentaron en chalets, granjas y abrigos de montaña. Escasos de ropa adecuada para el territorio y mal alimentados, su presencia no pasó por alto a resistentes de AS y FTT que se encargaron de su adiestramiento militar y en tácticas guerrilleras. Entre estos instructores, Tom Morel, uno de los jefes militares de AS, teniente del 27 Batallón de Cazadores Alpinos, con sede en Annecy y disuelta tras el armisticio; y Maurice Herzog (FTP) que unos años más tarde, junto al también alpinista, Louis Lachenal, se convertiría en el primer hombre en la cima de un ocho mil (Annapurna, 3 de junio de 1950).

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Los españoles de Glières cogen el fusil con la dos manos pata presentar armas

A finales de 1942, en Villards de Thônes, se organizó el primer maquis del departamento con presencia de españoles en sus filas. En 1943, el proceso se aceleró. El 1 de abril, en Mont Veyrier, se creó un grupo formado íntegramente por españoles. Otro tanto ocurrió en La Colombier, Semmoz y Bouchet de Serravel, este último en diciembre de 1943. Al tiempo, sin renunciar a los principios políticos, comienza a trabarse la unidad de acción entre los distintos grupos que operan en la zona. Por mediación de Richard Andrés, Miguel Vera entró en contacto con Tom Morel que pronto entendió el potencial de los republicanos españoles. Por ese camino, Vera entró en el estado mayor de la Resistencia en la Alta Saboya.

Hasta finales de 1943, la relación entre los distintos grupos opuestos a la ocupación nazi y al Gobierno de Vichy fue compleja. Hubo organizaciones de derechas, alguno incluso de extrema derecha, democratacristianos, antifascistas, cristianos, socialistas, comunistas, sindicalistas, extranjeros, además de espías británicos y norteamericanos. Sus actividades, redes de información y espionaje, sabotajes, guerrilla urbana, maquis, publicaciones clandestinas. Después de un proceso de unificaciones sucesivas, también en diciembre de 1943, las dos grandes organizaciones de la Resistencia, AS y FTP crearon las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) y se consolidó la relación con los aliados.

Pero la Resistencia estaba mal armada y peor equipada y se elaboraron planes de abastecimiento desde el aire mediante el lanzamiento de paracaídas con contenedores desde aviones de transporte británicos. En la Alta Saboya, en el plateau de les Glières, y a mediados de 1943 ya tiene lugar el parachutage de 15 contenedores. Con el horizonte del inminente desembarco de Normandía, de Gaulle, en Londres, convenció a los aliados de que la Resistencia era capaz de realizar acciones de gran envergadura para hostigar a los alemanes desde los flancos, un cambio de estrategia con la que no estuvieron de acuerdo algunos dirigentes de AS y toda la FTP partidarios de mantener las tácticas de guerrilla.

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Recreación del parachutage

Ante el incremento de la actividad de los maquisards, el Gobierno de Vichy decretó el estado de sitio en el departamento de Alta Saboya. Juan José Pérez Zarco en su libro Les espagnols. Una historia de resistencia cita una información de la Gazette de Lausana, el 2 de febrero de 1944 se hace eco de un informe de Londres en el que se enumeran una serie de acciones de la Resistencia durante tres semanas de noviembre: 338 sabotajes en la red ferroviaria, 150 en fábricas, 57 enfrentamientos con tropas alemanas y 197 atentados contra colaboracionistas. “Imposible, creo, constatar estos datos, como tampoco los del llamado informe Lelong de primeros de marzo: 60 asesinatos al mes, 30 atentados diarios, centenares de ataques armados, millares de robos, saqueos, incendios, en la región de Annecy”, puntualiza Pérez Zarco. Georges Lelong era el intendente de la policía francesa en la zona y tenía bajo sus ordenes unos tres mil hombres, entre gendarmes, milicianos y paramilitares.

En este contexto, los servicios secretos británico y francés persuadieron a los reticentes de dar un salto adelante y buscar un enfrentamiento abierto con las fuerzas de ocupación. El 27 de enero de 1944, Winston Churchill autorizó que aviones de la RAF avituallaran a la Resistencia saboyana. El punto elegido para realizar la concentración de efectivos fue Glières, cuya idoneidad para el suministro desde el aire había quedado testada, el estado mayor de la Resistencia nombró al teniente Tom Morel jefe de la operación y fijó para febrero de 1944 el comienzo de la maniobra.

Durante la madrugada del 1 de febrero, 56 republicanos españoles y tres antifascistas italianos, guiados por Miguel Vera, se concentraron cerca de la antigua fábrica de vidrio de Nâves-Parmelan. A buen paso, ascendieron al plateau por un camino exigente, a ratos por el bosque, a trechos por un terreno de lapiaz húmedo, con tramos tallado en la roca, y muy aéreo, también encontraron unos precarios puentes de madera para salvar una cascada de agua. Arriba una llanura de cuatro kilómetros de largo por uno de ancho, a una cota casi regular de 1.400 metros, con orientación nordeste sudoeste, rodeada de picos que superan los dos mil metros como des Fretes, Sous-Dine y las crestas de Lachat.

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Plateau de les Glières y el monumento a la Resistencia

Los hombres del Sendero de los españoles se sumaron a 120 franceses, entre los que se encontraban un grupo de militares del disuelto batallón alpino, activistas de AS y unos 80 militantes del FTP. El primer parachutage tuvo lugar el 14 de febrero, en la llanura cuatro hogueras en línea con cien metros de separación entre ellas. “Durante una hora hubo ruido de aviones sobre el plateau. Los hombres miraban en silencio el espectáculo… Algunos paracaídas tenían la bandera francesa. Mas de 50 contenedores cilíndricos se parachutaron aquella noche” relata Pérez Zarco. El contenido: metralletas, fusiles, pistolas, cargadores, munición, explosivos, granadas, una emisora de radio y cigarrillos Navy Cut, aromatizados con vainilla. El 5 de marzo, un nuevo envío, esta vez 30 contenedores. A esas alturas, los hombres apostados en Glières sumaban 450 y estaban divididos en secciones de unos 30. Los españoles formaron las secciones Ebro y Refuerzo Ebro.

Para la madrugada del 11 de marzo estaba previsto un nuevo y voluminoso envío. La madrugada del 10, en una maniobra de distracción, una columna de cien resistentes, con Tom Morel al frente, atacaron el cuartel de Grupo de Reserva Móvil de los vichystas en Entremont, redujeron a los paramilitares franceses e izaron la bandera de Francia en el campanario de la iglesia. Morel murió en la acción y la columna se retiró al plateau con el cadáver de su jefe. El entierro coincidió con la llegada de 300 contenedores que se hundieron en la nieve caída durante los últimos días. El ánimo de los hombres era sombrío, el capitán Maurice Anjot asumió la jefatura.

Los jerarcas nazis llegaron a la conclusión de que las fuerzas de Vichy eran incapaces de poner orden y pusieron en marcha la operación Alta Saboya. Junto a la 157 División de Infantería de Montaña, al mando del general Karl Pflaum, se agruparon unidades de la Gestapo y de las SS-Waffen que coordinaban los movimientos de las unidades de Vichy. En total, unos 5.000 efectivos con apoyo aéreo.

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El día 12 apareció el primer bombardero, pero los sublevados no disponían de armamento antiaéreo. El capitán Anjot era partidario de una retirada ordenada, pero los gaullistas querían un combate ejemplar y Radio Londres comenzó a alimentar el mito de Glières. Anjot aceptó las ordenes, dispuso a los hombres para la defensa y situó las secciones Ebro y Refuerzo Ebro defendiendo el acceso norte, eran la última barrera para acceder al centro del plateau donde estaba el puesto de mando, la enfermería y el depósito de armas.

Durante 13 días la aviación y la artillería machacaron toda el área. Todos los días se registran bajas. El 24 de marzo, Anjot comunicó a la dirección departamental de las FFI que la moral era alta, pero que necesitaban refuerzos y material médico y que intentarían mantener el control hasta el siguiente parachutage. Los alemanes adelantaron la fecha del ataque definitivo al domingo 26 y atacaron por los cuatro costados con apoyo artillero y de la aviación, a mediodía penetraron en la llanura por el sur.

A las 7 de la tarde, solo algunas secciones mantenían sus posiciones, entre ellas las dos españolas, el resto se agruparon en el centro, al caer la noche Anjot comunicó a sus oficiales que habían salvado el honor y ordenó el repliegue de la tropa hacia sus unidades de referencia. Durante la retirada, varios fueron abatidos, Anjot en un enfrentamiento con sus perseguidores, y detenidos por los alemanes. El balance, 150 muertos, 9 de ellos españoles, 160 detenidos, muchos fueron ejecutados, y 30 desaparecidos, además de una brutal represión en todo el departamento.

Pese al fracaso militar, la batalla de Glieres se convirtió en una victoria moral, en un símbolo para la Resistencia y convenció a los aliados de la urgencia de armarla. El 1 de agosto, los americanos lanzaron 300 contenedores en el mismo plateau. El 18, las FFI liberaron Annecy. Los muertos fueron exhumados, enterrados en la necrópolis nacional de Morette y sus nombres grabados en una estela. Los nombres de los republicanos españoles también figuran en un poema de José Ángel Valente escrito durante su estancia en la Universidad de Ginebra. Una compañía del rehabilitado 27 Batallón de Cazadores Alpinos se llama Ebro.


 

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