RUTAS CON MEMORIA

Cuando los aragoneses emigraron a través de la nieve de los Pirineos

El 80 aniversario de la retirada a Francia de la 43 División republicana ha servido para recordar que durante el mes de abril de 1938 unas 25 mil personas, de ellas unos 15 mil civiles, marcharon al exilio por las montañas de Huesca.

Desde Bielsa, Huesca

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La Asociación Bolsa de Bielsa organiza a mediados del mes de junio unas jornadas en las que reivindica la memoria de la gesta protagonizada por la 43 División del Ejército Popular de la República (EPR) que resistió la desigual ofensiva de las tropas fascistas durante casi tres meses de la primavera de 1938 en el sector más agreste del Pirineo aragonés. También recuerda que solo entre el 7 y el 14 de abril unas 6.000 personas, ancianos, mujeres, niños y enfermos partieron para el exilio en Francia, en condiciones de dureza extrema a causa de la nieve, por el Puerto Viejo de Bielsa (2.374 metros). Entre las actividades de las jornadas, la asociación organizó el pasado día 16 una marcha por el sendero que une la boca sur del túnel internacional con la localidad francesa de Aragnouet.

La sublevación militar contra la legalidad republicana dividió Aragón de norte a sur por la mitad y dejó las tres capitales en manos de los rebeldes. El frente se mantuvo estable, con ligeras modificaciones, desde el inicio de la contienda en julio de 1936 hasta mediados marzo de 1938. En el Pirineo, los valles occidentales (Ansó, Hecho y Aragón) quedaron en la zona franquista, mientras que los orientales (Ordesa, Bielsa, Gistaín y Benasque) permanecieron fieles a la República, con el curso del río Gállego y el valle de Tena como punto de fricción entre los dos bandos.

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Desde el inicio de la contienda en el norte de la provincia de Huesca, el peso de las operaciones de control del territorio que quedó en poder de los golpistas descansó en la guarnición militar asentada en Jaca, con el apoyo de los sectores más reaccionarios de la zona, así como de tropas carlistas procedentes de la vecina Navarra. Por el lado republicano, a mediados de agosto se asienta en el límite sur del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido un pequeño grupo de 21 vecinos del valle del Aragón que había huido a Francia y que estaba liderado por el alcalde republicano de Jaca, Julián Mur, y el diputado socialista, Julián Borderas. De este pequeño grupo de milicianos formaba parte Antonio Beltrán Casaña, el Esquinazau (Canfranc 1897-Mexico DF 1960).

Beltrán es personaje casi de leyenda que con el grado de teniente coronel del EPR dirigió la 43 División. Natural de Canfranc, emigró de joven al estado norteamericano de Arizona, combatió al lado de Pancho Villa y con los norteamericanos en la Primera Guerra Mundial, de vuelta a España apoyó la Sublevación de Jaca encabezada por los capitanes Galán y García Hernández. Afiliado al Partido Comunista, tras la Guerra Civil vivió en la Unión Soviética y asistió a la Academia Militar Frunze. En 1946, se instaló en Francia y dirigió el aparato de pasos a España de guerrilleros antifascistas, expulsado del PCE, terminó sus días en el exilio.

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El pequeño grupo de resistentes al golpe de estado en las montañas altoaragonesas se incrementó con la llegada de desertores de las tropas sublevadas y milicianos procedentes de Cataluña -unos por iniciativa propia y unos 70 encuadrados militarmente en el Grupo Alpino de Sabadell- que se estructuraron en centurias (Los Saltamontes, los Nibelungos, Los Ciervos…) que actuaron de manera unificada bajo la dirección de un Comité de Guerra que se estableció en la localidad de Yésero y dependencia orgánica de la Generalitat de Cataluña. Para el invierno del 1936 estos grupos pasan a denominarse Brigada Aragonesa y un poco más tarde Batallón Altoaragón.

Mientras en Barcelona, el Comité Central de Milicias Antifascistas impulsa la creación de unidades específicas de montaña que desembocarán en la creación del Regiment Pirinec nº1 que antes de su integración en la estructura del EPR sumó a 1.500 milicianos distribuidos en dos batallones alpinos y una compañía de esquiadores. A partir de febrero de 1937, desde Caspe, capital del Aragón republicano se impulsó la creación del Batallón Cinco Villas, con milicianos huidos de esta comarca zaragozana, y en Barbastro se organizó el Batallón de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE-UGT). A partir de mayo del 1937, la consolidación del EPR agrupó estas unidades en la denominada en la Brigada Mixta 130 que a su vez se integró en la 43 División.

Y en este punto, sin movimientos significativos en la línea del frente, llegó marzo de 1938 y el mando fascista desplegó una potente ofensiva en todo el frente aragonés. Los rebeldes concentraron 120.000 soldados del Ejército del Norte, 30.000 soldados del Cuerpo de Tropas Voluntarias, 200 tanques y aviones alemanes de la Legión Cóndor e italianos de la Aviación Legionaria y pusieron sobre el tapete un ensayo de la guerra relámpago, el movimiento combinado de infantería, artillería y aviación. Frente a ellos, el denominado Ejército del Este, integrado por dos cuerpos de ejército que sumaban unos cien mil soldados mal armados y sin apenas apoyo aéreo.

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El libro La Bolsa de Bielsa, de Antonio Gascón, recoge unas palabras del jefe Estado Mayor republicano, Vicente Rojo, en las que reconoce la inferioridad de sus tropas: “Nuestras unidades no eran realmente tales. Aunque se hablaba de cuerpos de ejército, porque así cuadra la organización que teníamos, en realidad, para poder considerarlos como tales, les faltaban hombres en una proporción no inferior al 30 por ciento, armamento en otra no menor al 40 por ciento y servicios medianamente dotados”.

Al sur del Ebro, las tropas fascistas destrozaron el frente y penetraron en una semana 120 kilómetros hacia el este. Entre los días 15 y 21 de marzo la aviación realizó bombardeos masivos sobre poblaciones civiles, con una intensidad que no de había conocido en la historia. En Barcelona, los bombardeos causaron 1.200 muertos y más de dos mil heridos. Al norte del río, en pocos días, los rebeldes se plantaron en Lleida y se adueñaron de las centrales hidroeléctricas de los ríos Noguera-Ribagorzana y Noguera-Pallaresa.

Solo en el norte de Huesca, la 43 División, ya bajo el mando de Antonio Beltrán, realizó una retirada ordenada y consolidó su posición en un área muy montañosa de poco más de 500 kilómetros cuadrados que, de espaldas a la frontera francesa por el norte, dibujaba un arco entre el macizo del Monte Perdido (3.355 metros), y el valle de Benasque por el este. A finales de marzo, la bandera republicana solo ondeó en los valles de Bielsa y Gistaín y así fue hasta que, en medio de un combate desigual, “al amanecer del 16 de junio de 1938 todas las fuerzas de la 43 División habían cruzado la frontera francesa con todo el material, quedando así terminada la resistencia de los republicanos en el Pirineo Aragonés” escribió años después El Esquinazau.

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Este avance de las tropas rebeldes estuvo precedido de un éxodo masivo de la población civil de las comarcas de Bajo Aragón, Monegros, Somontano de Barbastro, Bajo Cinca, Ribagorza y Litera principalmente hacía Cataluña, mientras que 15 mil personas, entre militares del desarticulado X Cuerpo de Ejército y habitantes de los valles del Ésera y Arán optaron por el exilio hacía Francia en unas condiciones especialmente duras para los que optaron por el valle de Benasque. Este movimiento constituyo la primera fase del tercer gran movimiento migratorio provocado por la guerra civil.

Aislados entre los parajes más severos de los Pirineos quedaron unos 6 mil civiles procedentes de los municipios de los valles del Ara, del Cinca y del Cinqueta, además de los 7 mil soldados de la 43. Entre los días 7 y 18 de abril, ancianos, entre ellos una anciana de 103 años, mujeres y niños, además de casi 400 heridos, fueron evacuado a Francia a través del Puerto Viejo, en una primera etapa desde Bielsa a Parzán y luego al municipio francés de Aragnouet . “Habían sido colocados puestos de cocina, escalonadamente; puestos de café y coñac, para reanimar la sangre y ánimo de los que caminaban. Se atendía y auxiliaba a las mujeres; se transportaba con toda precaución a los heridos. La caravana de los desarraigados de los valles, a través de la nieve debe también su salida a la ERP” cuenta Clemente Cimorra en su libro Los héroes del Pirineo español.

En operativo de evacuación de los civiles y heridos de la Bolsa de Bielsa participaron “dos compañías pertenecientes a un batallón hipomóvil constituido por 400 mulos” explica Antonio Gascón en el libro La Bolsa de Bielsa. Pese a la reticencia de las autoridades francesas, la población francesa recibió con simpatía a los refugiados y el Socorro Rojo galo, una organización respaldada por Partido Comunista de Francia, montó puestos de avituallamiento y acogida, una parte se volvió a sus pueblos pasado un tiempo, muchos fijaron su residencia en municipios del sur de Francia. Junto a los civiles, también pasaron a Francia 2.182 cabezas de ganado bovino, 16.630 de ovino y 250 mulas, asnos y caballos.

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Marcha por la memoria de más de 6.000 personas, ancianos, mujeres, niños y enfermos que partieron para el exilio en Francia

La firmeza en la defensa de sus posiciones, acorde con la consigna gubernamental de “resistir es vencer”, generó una ola de simpatía hacia la 43 División, la prensa republicana comenzó a llamarla la Heroica y el presidente del Gobierno, Juan Negrín, y el jefe del Estado Mayor Central, Vicente Rojo, viajaron a Bielsa desde Francia a mediado de mayo. Durante el encuentro con Beltrán, Negrín y Rojo le hicieron participe de una inminente contraofensiva republicana. Ésta nunca llegó a producirse y tras varios días de bombardeos sistemáticos de la aviación rebelde, la 43 se replegó a Francia el 16 de junio.

En territorio galo, la Comisión de no Intervención ofrece a los soldados la opción de retornar o al lado franquista, por la frontera de Hendaya, o al republicano, por Perpiñán, 411 optaron por Franco y 6.889 por la República. Pocas fechas más tarde, la 43 combatió en la Batalla del Ebro y participó en la defensa de varias localidades catalanas hasta la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939, momento en el que tuvo lugar la migración masiva a Francia de hasta medio millón de personas, entre los que se encontraban 90.000 aragoneses.

Hace tres años, las Universidades de Zaragoza y Pau et Pays de l’Adour pusieron en marcha un proyecto de investigación y difusión para la recuperación histórica de las rutas migratorias transpirenaicas entre 1930 y 1970. Con financiación de la UE, se han señalizado seis rutas, entre las que se cuenta el sendero del Puerto Viejo por el que pasaron a Francia los civiles atrapados en la Bolsa de Bielsa y los soldados de la 43 División del EPR.


 

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