jueves 26/11/20

Crónica de una carrera que nunca existió

Edurne Pasaban en la cumbre del Shisha Pangma
Edurne Pasaban en la cumbre del Shisha Pangma

Estos días se cumplen diez años de una competición. A finales de abril de 2010 los amantes de la montaña estábamos pendientes de lo que sucedía en una lejana cumbre del Himalaya. Esa montaña era el Annapurna. El motivo no era sino un desafío en el que participaban dos mujeres que rivalizaban por ser la primera en alcanzar los catorce ochomiles. Se trataba de Edurne Pasabán y la surcoreana Eun-sun Oh. Los medios de comunicación se habían empeñado en convertir aquella carrera en un reality-show de altura. Fue aquel 27 de abril de 2010, cuando supimos que nuestra Edurne había sido derrotada casi en la misma línea de meta por la coreana. ¿Pero cómo se había llegado a esto?

Anámnesis de una derrota

Para comprender la decepción, hay que ir al inicio de todo aunque, a riesgo de hacer un spoiler, habría que decir que nunca se produjo tal competición, sino en la mente de los aficionados al deporte ávidos de sangre y arena. Todo empieza el 23 de mayo de 2001, que es cuando la de Tolosa hace cima en el Everest. Es su primer ochomil. En realidad se trata de una fecha arbitraria y bien podría utilizarse la del 14 de mayo de ese mismo año que la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner, había subido al Makalu o incluso a mayo de 1999 en que la italiana Nives Meroi había realizado la ‘machada’ de subir al Shisha Pangma y al Cho Oyu en un intervalo de diez días. Sería más o menos la misma arbitrariedad que poner el contador de tiempo a cero con el nacimiento de Jesucristo o incluso que asignar el meridiano cero justo al que pasa por Greenwich, es decir, que es una convención. Lo importante es que ya tenemos a las tres candidatas a la carrera, aunque ellas todavía no lo sepan.

Verano de 2005. Parece claro que las tres candidatas se han propuesto completar los catorce ochomiles. Edurne y Gerlinde cuentan con ocho y la italiana con siete cumbres. La prensa se hace eco de la competición. Primero El País con ‘Las Damas de los Ochomil’ y luego el semanario Der Spiegel con el artículo ‘Reinas de la Zona de la Muerte’ dan el pistoletazo de salida ignorando ambos medios la presencia de Nives Meroi que en 2005 se ha quedado ligeramente rezagada. Parece que esto actúa como revulsivo pues al año siguiente la italiana conquista dos ochomiles y supera a Edurne. Algo sucede entre Gerlinde y Nives pues se produce un intercambio de acusaciones que llega hasta los tribunales. La prensa se frota las manos. Ahora sí que existe una carrera y sobre todo, lo más interesante, una guerra abierta o una pelea de mujeres en el barro. Algunos podrían decir que ahora sí, la carrera ha comenzado. Pero debo insistir en que no, todavía no hay carrera.

En la primavera de 2007 Nives conquista el Everest y en el verano Gerlinde y Edurne hacen alarde de camaradería alcanzando juntas la cumbre del Broad Peak. En el año de nuestro señor de 2008, Edurne da un golpe en la mesa y con el Dhaulagiri y el Manaslu pone 11 cumbres en el tapete, tantas como Gerlinde y Nives.

Miss-Go

Mi-sun Go (Miss Go)

¡Hagan juego!

De repente sucede algo que nadie esperaba y es que a las tres europeas se le unan otras dos contendientes procedentes de Corea del Sur, un país donde el alpinismo es un deporte con gran predicamento. Se trata de Eun-sun Oh (Miss Oh) y Mi-sun Go (Miss Go) que han conseguido en poco tiempo pisar las cimas de 9 y 7 ochomiles respectivamente.

Esto se explica porque en el Himalaya hay dos grandes regiones, Nepal y Pakistán, con dos temporadas bien diferenciadas reguladas por los monzones. Por una parte los ochomiles de Nepal y China tienen dos estaciones, primavera y otoño, mientras que los del Karakorum paquistaní (K2, Broad Peak, Nanga Parbat y los Gasherbrums) abren sus puertas en temporada de verano. Si se combina hábilmente la primavera, el verano y el otoño, es posible lograr encadenar tres o cuatro cumbres, como lo que venían haciendo las dos coreanas desde 2007. Es la estrategia seguida por el nepalí Nirmal Purja que en 2019 coronó los catorce en seis meses y seis días. Pero esa es otra historia que nada tiene que ver con la que nos ocupa.

Kangchenjunga

Kanchenjunga. Fotografía de Johannes Bahrdt

Miss Go inaugura la temporada de 2009 en el Makalu para trasladarse a continuación al campo base del Kangchejunga donde coincidirá con Miss Oh, Edurne y Nives. Solo falta Gerlinde pero ella ya cuenta con esta perla. La cumbre del Kangchen es ‘no-pisada’ (recordemos que la tradición de esta montaña recomienda no rebasar la cima con la cabeza) por Miss Oh, Edurne y Miss Go y solo Nives, cuyo marido sufre una dolencia durante la subida, regresa sin cumbre. A partir de ese momento Nives, que todas las expediciones las compartía con Romano Benet, deja de competir pero las coreanas toman su relevo con fuerza, quizás demasiada. Convierten el Dhaulagiri primero y luego el Nanga Parbat en sus objetivos, pero en el descenso, Miss Go que ya tenía once cumbres, sufre una caída y pierde la vida. Por su parte Miss Oh, con trece, se convierte a primeros de agosto de ese año en la mujer con más ochomiles. Solo le falta uno: el Annapurna.

Recapitulación

A finales de 2009 quedan pues tres mujeres en la arena del circo, Miss Oh, con trece, Edurne y Gerlinde con doce. En realidad son solo dos, pues Gerlinde nunca ha pretendido participar de esta carrera: “El montañismo de altura no es el mejor lugar para competir. Con frecuencia, la decisión de abandonar un intento de cumbre es una cuestión de vida o muerte. La libertad que siento en la montaña me importa mucho más que el compromiso de participar en una competición. Es verdad que quería escalar los 14 ochomiles, pero, honestamente, no me importaba si era o no era la primera. Pese a ser una montañera profesional, por encima de todo escalo para mi, no para otra gente.”

2010. Se inicia la última y definitiva temporada de la serie. Los piolets están en todo lo alto. Edurne Pasabán, nuestra amazona, reconoce que lo tenía difícil, pero que iba a por todas: “Valía la pena intentar ser los primeros en terminar el reto… pensaba que si tenía la oportunidad de terminar la primera, iba a intentarlo; no me gustaba la idea de salir al partido pensando en perderlo, o de levantar el pie del acelerador en la última curva.”

Pese a lo que pudiera parecer, ni Miss Oh ni Edurne están solas en su empeño. Detrás de ambas existe unos equipos de apoyo y logísticos sin precedentes en la historia del ochomilismo: las dos mujeres acaparan la atención de las televisiones públicas de sus respectivos países, además del respaldo de sendas empresas patrocinadoras. Eso por no hablar de los equipos de alpinistas de apoyo, médicos especialistas y sherpas de altura.

Ahora sí. Aquí si hay carrera. Edurne plantea su estrategia: empezar la temporada en el Shisha Pangma, supuestamente más fácil, aclimatar y luego intentar subir de una sola tacada el Annapurna, conocido por sus temibles avalanchas. Habiendo aclimatado previamente tendría una pequeña ventaja sobre la coreana. Pero los planes no siempre salen como uno pretende. La burocracia china se interpone en sus deseos, lo que les obliga a cambiar el orden de ataque.

Nives-Libro

Nives Meroi y Romano Benet

First we take Annapurna…

Edurne y su equipo comienzan a montar los campos de altura necesarios para atacar cumbre. La llegada de Miss Oh al Campo Base se produce cual si se tratara de una estrella del rock. Solo el equipo de la televisión coreana lo formaban una treintena de personas. Se intercambian gestos de cortesía entre los dos grupos, pero a la primera de cambio todos dejan claro sus intenciones. Tras montar 4 campos de altura, Edurne y su equipo hace cumbre el 17 de abril.

A nadie se le escapa que los chicos de Edurne habían facilitado el trabajo a la surcoreana, instalando cuerdas fijas que no dudaron en compartir con los asiáticos y abriendo huella en la nieve virgen de la ‘Diosa de la Abundancia’. Diez días después, el 27 de abril, Miss Oh se convierte en la primera mujer en subir los 14 ochomiles. El 17 de mayo es Edurne quien al quinto intento corona el Shisha Pangma, pasando a ser la segunda mujer en la historia del ochomilismo.

Pero la cosa no acabó ahí. Hubo dimes y diretes. Se cuestionaron algunas cumbres de Miss Oh, en especial la del Kangchenjunga, de la que no podía aportar fotografía cimera, ni los tres sherpas que la acompañaron se pusieron de acuerdo. Ante la falta de pruebas, a finales de agosto de ese mismo año la Federación coreana de Montaña decidió invalidar su ascenso al Kangchenjunga, al tiempo que Miss Hawley, la notaria del Himalaya, también puso en cuestión la cumbre.

La propia Edurne Pasabán, que pasaba ahora a convertirse en la primera mujer en hollar las catorce cumbres, trataba de justificar a la surcoreana con estas palabras: “Pobre chavala, ha estado bastante utilizada por una televisión de su país y por su propio patrocinador. Ha estado engañada por muchos lados.”

Miss-Oh-Decepcionada

Eun-sun Oh después de que la Federación Coreana de Alpinismo asumiera que no había evidencias suficientes para probar que Miss Oh había escalado con éxito los 14 ochomiles. Yonhap News

Antes de concluir no puedo dejar pasar las palabras de la italiana Nives Meroi en referencia a esta carrera femenina: “La ascensión de los catorce ochomiles podía haber sido la oportunidad para cambiar el paso en el baile, y asumir con audacia nuestro propio camino, que no es superior ni inferior al de los varones, sino sencillamente diferente. Hemos seguido buscando la competición en lugar de la excelencia, venciendo para no perder, asaltando la vida, obedeciendo a reglas abstractas, en lugar de comprenderla con la sabiduría del corazón. Porque ese podría haber sido el desafío: no renunciar a la realización, sino concebirla con un sentido nuestro, femenino, a despecho de la voluntad de estos tiempos y de sus ídolos.”

Gerlinde-Libro

The Winner takes it all

Como dice la canción mientras el ganador se lo lleva todo, el perdedor se achica. Pero en nuestra historia no hay perdedoras que se encojan. La única perdedora fue Miss Go, que dejó su vida en el Nanga por una quimera.

Hemos partido de la tesis de que nunca se ha dado una competición como tal porque, entre otras cosas, en cualquier carrera los corredores se tienen que inscribir y no vale que alguien te señale con el dedo y te obligue a correr. Pero sobre todo debe haber unas reglas mínimas. Con o sin oxígeno suplementario, sherpas de altura, compañeros de cordada, cuerdas fijas, helicópteros para desplazarse entre campos, estilo alpino o aclimatación clásica, cada una de las cinco participantes tenía sus propias reglas y su propio estilo. No hay normas comunes, aparte de subir a la cumbre. Cada una de estas mujeres ha completado los catorce ochomiles según sus propios criterios, que son absolutamente personales y no equiparables. Vaya por delante que jamás he pretendido subir un ochomil, ni siquiera lo he soñado. Lo que sí me he preguntado desde hace tiempo y sigo en ello es el motivo último que impulsa a un ser humano a desafiar los límites hasta el punto de jugarse la vida en el empeño. Os dejo la respuesta de Gerlinde: “La razón por la que todavía sigo haciendo montañismo, es que es la única forma que conozco de vivir una vida plena; sería duro para mi vivir sin esto. No es que me sienta completamente segura y piense que no me puede pasar nada, al contrario, creo que el riesgo es en parte destino, un riesgo que cualquiera puede afrontar en su vida diaria, dondequiera que se encuentre en el lugar equivocado, en el momento equivocado.”


 

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