jueves 2/12/21

La experiencia de vivir una boda tradicional rusa desde dentro

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La madre del novio ofrece el Karavai a los recién casados.

Desde los albores de la humanidad hasta el día de hoy, la unión entre dos personas que se aman ha sido en muchas culturas motivo de festejo, algarabía y disfrute, en la que el objetivo esencial, entre otros, es celebrar la creación e incorporación de una nueva familia a la sociedad.

Cierto es que en nuestros días las bodas cada vez se parecen más entre sí, al menos en el denominado mundo occidental. Quizá por efecto de la globalización, o quizá por el solapamiento e interconexión de las culturas que habitan nuestro planeta. Si haces un recuento de las bodas a las que has podido asistir, verás que se han parecido bastante entre ellas, o al menos esa es mi percepción. Salvando la diferencia de si la boda es por lo civil o por la Iglesia, el resto del guion se parece bastante: un gran banquete con muchos invitados, bailes, música, juegos y diversión hasta altas horas de la madrugada.

Sin embargo, mi percepción sobre las bodas cambió por completo cuando tuve ocasión de asistir en primera persona a un enlace matrimonial en Rusia. Aunque se conserva esa esencia festiva propia de las bodas, tienen un punto exótico y curioso que considero merece la pena compartir con todos vosotros. En este caso me he desplazado hasta la región de Stávropol, en el sur, para documentar las diferencias y peculiaridades del enlace. Sin más dilación ¡Vamos a ello! Поехали!

La importancia del enlace

Para ponernos un poco en contexto, las bodas en Rusia, al menos en las regiones, es algo a lo que se le da una gran importancia. Cuando los hombres y mujeres pasan de la veintena, sobre todo las mujeres, no es raro que sus familiares empiecen a preguntarles cosas como: “Oye, ¿tienes novio?, ¿cuándo te vas a casar?, ¿cuántos hijos vas a tener?" Y si directamente pasas de la treintena entonces ya te mirarán como un bicho raro que nunca formará una familia. Así es amigos, “presión social en su máximo exponente”, pensaréis.

En Rusia los matrimonios se suelen dar entre personas de menor edad que en España. A modo indicativo, mientras que en España el primer matrimonio en mujeres se suele dar pasado los 32 años, en Rusia la media del primer matrimonio en mujeres llega a los 21 años, y para los hombres a los 24. Esta quizá sea una de las primeras diferencias con la que nos encontramos, pues en Rusia por lo general el enlace se produce en momentos de maduración personal y profesional distintos que en nuestro país. Para los que se pregunten si estas condiciones afectan a la tasa de divorcios, decir que es muy similar tanto en España como en Rusia, alrededor del 70%.

En Rusia, las bodas se celebran durante varios días.

Volviendo al asunto que nos concierne hoy, el motivo por que el que se le de tanta importancia al enlace es que está directamente ligado con la continuidad de la familia.

Otra de las curiosidades que percibí al vivir aquí en Rusia es cuando alguien te pregunta si tienes familia. La respuesta no es como la que daríamos en España, al menos según mi experiencia. Ante esta pregunta yo comenzaría a hablar de mis padres, abuelos, hermanos, tíos, tías, primos, etc. Aquí en Rusia la pregunta va dirigida específicamente a si estás casado y tienes hijos.

Aunque depende del lugar en el que nos encontremos y de sus tradiciones, son muchas las familias que reservan parte de sus ahorros para el casamiento de sus hijos o hijas.

En Rusia, las bodas se celebran durante varios días. Normalmente, el primer día de boda queda reservado para la ceremonia oficial y el clásico banquete al que estamos acostumbrados. El segundo día también se celebra un banquete, pero algo más informal, con un círculo de invitados más próximo, mientras que el resto de los días de la semana los novios pueden tener varios compromisos familiares, con su círculo más intimo. En mi caso, la boda a la que asistí duró dos días ¡Y menos mal!

Primer día

El primer día diría que se parece bastante a lo que yo estoy acostumbrado en España. Una vez que han llegado todos los invitados, los novios hacen acto de presencia, recién salidos del registro civil, donde se han dado el si quiero de manera oficial. Dirigidos por el maestro de ceremonias o “showman”, encargado de llevar la batuta del evento hasta el final, los invitados posan en una especie de photocall con los recién casados, y dejan sus sobres con las donaciones. Es igual de importante mencionar la cantidad de flores que se regalan. Aquí en Rusia todavía sigue muy viva la costumbre de regalar flores y todos los invitados obsequian con su ramo a los novios.

Acto seguido, la primera diferencia notable entra en escena cuando la madre del novio ofrece a los recién casados el Karavai. Se trata de una tradición de origen pagano que todavía se puede ver en países eslavos como Ucrania, Bielorrusia y Rusia. El Karavai es un pan a base de trigo que juega un papel premonitorio. Aquel de los dos que coja el trozo más grande, será cuyo carácter predominará en la relación. En pocas palabras y como diríamos en España: aquel que en casa “lleva los pantalones”.

Una vez dentro del salón de bodas, y ya acomodados todos los invitados, el presentador comienza su show. En un primer momento, cuando le vi hablar, pensé que iba a ser breve en su presentación y que nos iba a dejar comer las delicias que nos habían puesto en la mesa. Nada más lejos de la realidad. Su labor no es otra que organizar y mantener el ritmo en la boda, especialmente necesaria cuando todos los invitados, más de 100 en este caso, tienen que salir al estrado, coger el micrófono y ofrecer un brindis por los novios.

¡Qué queréis que os diga! Fiel al estilo de vida mediterráneo, estoy desde pequeño acostumbrado a disfrutar de la comida tranquilo y sin interrupciones. Si vais con estas intenciones os anticipo que se trata de una misión imposible. El banquete se convierte en un brindis constante en el que el vodka, el coñac y el samogón, riegan las gargantas de los invitados en cantidades industriales. Por una parte, no hay momento para el descanso ¡Pobres novios! Por otra, es muy emotivo ver a todos los familiares y amigos brindar sus palabras bonitas, en las que les desean éxitos, amor, salud, una familia grande, trabajo, etc.

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El menú incluyó platos típicos de la zona como carne a la brasa o “shashlik”, encurtidos, verduras frescas, pescado, pato, berenjena rellena y, por supuesto, vodka.

A mitad de la comilona aparecen los cosacos, ataviados con indumentaria típica cosaca, que amenizan el paso entre el primer y segundo plato con bailes y cantos propios de la zona. Las canciones suelen relatar historias de amor, familia y el estilo de vida cosaco propio de las extensas estepas rusas. También hacen una danza espectacular y malabares con sables. Siguiendo la tradición cosaca, el novio tiene que tomar un trago apoyando su vaso en el sable, para después romperlo contra el suelo. Muy curioso cuanto menos.

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Momento en el que el novio brinda con el vaso apoyado en el sable cosaco.

A medida que continúa el banquete no faltan los juegos y concursos clásicos de cada boda, adivinanzas sobre canciones populares, concursos de rimas, y hasta un concurso de baile por parejas. Una vez todos los invitados han brindado y se ha servido la tarta nupcial, el showman clausura el evento con la subasta del primer trozo de tarta. Los invitados pujan por él y el dinero irá a parar a los novios. ¡En esta ocasión el trozo se vendió por 300 euros! Por último, el presentador dedica a modo de cierre unas bonitas palabras sobre el importante paso que dan los recién casados, relega el protagonismo al DJ y llega el momento de encender la música, bajar las luces y, por si no habías bebido suficiente, poner una servilleta en el suelo y beber más chupitos al son de la música.

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En el trapo se coloca la botella con los vasitos, y el objetivo es bebérselo de un trago sin utilizar las manos.

 

Segundo día

El segundo día comienza con la resaca del día anterior, nunca mejor dicho, y a las 9 de la mañana te ves desayunando vodka con empanadas de carne y patata o pirozhki. El auténtico desayuno de los campeones. Después de desayunar, ducharse y vestirse toca salir hacia casa de los padres del novio, donde nos reciben con más comida y, por supuesto, más bebida. Una vez hemos brindado, sobre las 11 de la mañana comenzamos a cambiarnos de ropa y disfrazarnos, antes de reunirnos con el resto de invitados en la “baza” o restaurante. Unos pocos invitados somos los elegidos para disfrazarnos de doctores, gitanos, novias, cualquier cosa vale, y nuestra misión no es otra que irrumpir en el banquete y hacer pasar un poquito de vergüenza a los novios.

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En mi caso me tocó disfrazarme de mujer barbuda

Una vez llegamos al restaurante, los que estamos disfrazados damos de comer y beber a los novios y al resto de invitados, mientras portamos en una carretilla en carreras cortas a las madres y padres de los recién casados. La condición para montar en la carretilla es, por supuesto, tomarse un chupito de vodka. Acto seguido los invitados comienzan a tirar dinero al suelo. Billetes y monedas abundan mientras los invitados jalean a los novios, a los que se les proporciona una escoba y un recogedor. Su tarea es recoger no sólo todo el dinero que ofrecen los invitados, si no también ver quién recoge más, pues la tradición dice que aquel que sea capaz de recoger más dinero será el que traiga mayor estabilidad financiera a la familia. ¡Casi nada!

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¡Rápido, a ver quién recoge más monedas!

Recién entrado el medio día, nos encontramos más borrachos que el día anterior, ¡y eso que todavía no ha empezado el banquete! El primer plato suele ser una sopa o “shulum”, generalmente de cordero, que ayuda a asentar el estómago y la cabeza, muy necesario para no caernos de la silla. El banquete del segundo día es menos formal y con menos brindis, aunque con la misma cantidad de alcohol, baile y sabrosa comida.

Al término del banquete, los novios se pasan por las mesas con un cubo y una cesta llena de frutos rojos. A los invitados que así lo deseen, reciben un fruto rojo en el vaso a cambio de una donación. Después de haber recibido el fruto el invitado tiene que brindar y ofrecer unas buenas palabras por ellos. Es otra forma más de ayudar económicamente a los recién casados en esta nueva etapa que se les abre.

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¡Si quieres un fruto en tu vaso, aporta algo!

¡Os podéis imaginar cómo acaba uno después de dos días de boda sin parar! Se trata desde luego de una experiencia única, un contacto con una cultura que, si bien se asemeja, no deja de sorprendernos. Espero que hayáis disfrutado leyendo tanto como yo relatando esta aventura nupcial y, si alguna vez acabáis envueltos en una boda rusa, ¡Ya sabéis lo que os espera!


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Esta entrada ha sido elaborada por Víctor, español afincado en Rusia, quien recientemente ha abierto el canal de YouTube “Caminante Rojo” con el objetivo de dar a conocer Rusia y sus gentes un poquito más al mundo.

Podéis seguirle a través de su canal de YouTube y a través de su Instagram


 

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