lunes 23.09.2019

La lucha para salvar nuestros océanos

Por qué la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada nos afecta a todos.

La lucha para salvar nuestros océanos

Con la salud de nuestros océanos en juego, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) se ha convertido rápidamente en un problema monumental. El término “pesca INDNR” se usa para cualquier actividad pesquera que se realiza fuera de la ley. Existen muchos tipos de pesca INDNR, por ejemplo, pescar sin licencia o autorización, no informar con precisión el pescado capturado, pescar en áreas no permitidas y capturar o vender especies prohibidas. La pesca INDNR ocurre en el momento en que los pescadores y sus barcos no cumplen con los requisitos establecidos por las leyes regionales, nacionales e internacionales que rigen la industria pesquera.

La pesca INDNR no solo sustrae a los océanos del mundo 26 millones de toneladas de productos pesqueros al año, con pérdidas financieras que llegan a los 23 000 millones de USD al año, sino que también afecta gravemente a los medios de subsistencia de los pescadores, agrava la pobreza y contribuye en gran medida a la inseguridad alimentaria.

Por primera vez, tenemos los medios para acabar con la pesca ilegal, gracias al Acuerdo sobre medidas del Estado rector del puerto (AMERP) y otras herramientas internacionales. El AMERP está diseñado para detener la pesca INDNR, con la mejora de las inspecciones en los puertos de los buques de pesca extranjeros señalados de haber infringido potencialmente las leyes de pesca. Se trata del primer acuerdo internacional vinculante orientado específicamente a la pesca INDNR. Casi todo el pescado capturado por barcos extranjeros llega a los mercados a través de un puerto. Esto significa que los controles portuarios –cuando se realizan de forma correcta– pueden ser muy eficientes para combatir la pesca ilegal. El acuerdo ayuda a regular los barcos pesqueros que pasan por los puertos, mejora la cooperación regional e internacional y bloquea el flujo de la pesca INDNR en los mercados nacionales e internacionales.

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Rumanía es uno de los países que están tomando medidas para prevenir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) con el seguimiento atento de buques en alta mar. ©FAO/Claudia Amico

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La FAO colabora con los inspectores de pesca en las islas del Pacífico para desarrollar su capacidad de detectar y adoptar medidas contra la pesca ilegal. ©FAO/Matthew Camilleri

Todos los años se sustraen del mar más de 23 000 millones de dólares EEUU en alimentos marinos, lo que equivale a uno de cada cinco pescados vendidos. En particular, la pesca INDNR afecta negativamente a las áreas con menor gobernanza o capacidad de vigilancia, debilitando en especial la pesca en pequeña escala en muchas de las regiones más vulnerables del mundo. Y, con demasiada frecuencia, la pesca ilegal está ligada a otras actividades ilícitas, como el trabajo forzado y otras violaciones de derechos humanos con efectos adversos en los trabajadores de la industria pesquera y sus comunidades. Combatir la pesca ilegal contribuye al desarrollo y el empoderamiento de las personas que dependen de los océanos para obtener sus alimentos e ingresos.

Debido a sus consecuencias devastadoras, la pesca INDNR nos preocupa a todos. Supone una grave amenaza para la salud de nuestros océanos y daña los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria de quienes dependen de ellos. Para ponerlo en perspectiva, la pesca y la acuicultura emplean en la actualidad a 56 millones de personas. Además, hay mucha más gente que trabaja en actividades relacionadas, como la manipulación, procesado y distribución. En total, la pesca y la piscicultura sostienen los medios de subsistencia y las familias de entre 660 y 880 millones de personas, ¡equivalente al 12% de la población mundial!

Afortunadamente, la colaboración internacional y las nuevas tecnologías nos están ayudando a progresar en el control de las actividades de la pesca INDNR. La colaboración de los Estados en el intercambio de información es una de las formas más eficaces de luchar contra la pesca ilegal. Mediante el Registro mundial de la FAO de buques de pesca, transporte refrigerado y de suministro, la comunidad internacional está aumentando la transparencia en el sector pesquero y mejorando la trazabilidad de los buques y productos pesqueros. Utilizando datos obtenidos por satélite, las autoridades costeras pueden determinar qué barcos se están dedicando a la pesca ilegal y alertar a las autoridades pertinentes. Las políticas firmes ayudan a garantizar que los pescadores solo capturen las especies permitidas en las áreas autorizadas.

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La pesca y la piscicultura sostienen los medios de subsistencia y las familias de alrededor del 12 por ciento de la población mundial. ©FAO/Ines Gonsalves

La gestión adecuada de los artes de pesca es también parte importante de la protección de nuestros océanos. La pesca INDNR puede ser una de las causas de la existencia de “redes fantasma” en nuestros océanos, ya que aquellos que participan en actividades de pesca INDNR pueden lanzar ilegalmente los aparejos por la borda para evitar su detección por las autoridades. También es más probable que operen en condiciones que aumenten el riesgo de pérdida accidental los artes de pesca, por ejemplo, la pesca nocturna o en condiciones del mar adversas. Lamentablemente, se cree que al menos 640 000 toneladas de artes de pesca se abandonan, pierden o descartan en los océanos cada año, lo que supone una importante amenaza para el medio ambiente y los recursos marinos, ya que estos aparejos continúan “pescando” incluso después de haber sido abandonados.

Si queremos seguir viviendo de los océanos, necesitamos un enfoque sostenible de la pesca y establecer medidas para prevenir la pesca INDNR. Por primera vez, contamos con las herramientas internacionales para reducir de verdad los daños infligidos a algunos de los recursos más preciados de nuestro planeta. Juntos y con voluntad, podemos poner fin a la pesca ilegal y trabajar para proteger, gestionar y conservar nuestros océanos y nuestro futuro.

Fuente: FAO


 

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