CAPÍTULO I

Historia de las piscinas de olas: las primeras piscinas

Las piscinas de olas, y la posibilidad de surfear sin depender de las condiciones meteorológicas, incluso tierra adentro, siempre ha atraído a los surfistas. Pero también esta posibilidad ha generado reacciones enfrentadas.

Primer capítulo de una serie escrita por el surfista Jesús Busto. Puedes ver la serie completa pinchando aquí.

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Los humanos tenemos una especie de impulso que parece llevarnos a querer imitar continuamente, o incluso pretender superar, a la naturaleza. Las piscinas de olas, y la posibilidad de surfear sin depender de las condiciones meteorológicas, incluso tierra adentro, siempre ha atraído a los surfistas. Pero también esta posibilidad ha generado reacciones enfrentadas. Algunos lo ven como la solución a la saturación de las playas, y la oportunidad de llevar el surf a gente que no tiene acceso a él. Pero para otros las olas artificiales son una traición a uno de los principales atractivos del surf: su vinculación con la naturaleza.

Las piscinas de olas plantean muchas preguntas. La primera sería: ¿deslizarse sobre una onda que no ha sido creada por la naturaleza y que no rompe en el mar, es surf?. El surf implica una conexión con el mar. Cuestiones como no saber cómo será la próxima ola, aprender a leer el mar y sus continuos cambios, desconocer cuándo será el próximo día que volverás a surfear, o en dónde será, parece que se perderán. ¿Podrá alcanzarse la sensación de soledad y tranquilidad que tienes en el mar en una piscina de olas?. ¿No son estos detalles los que marcan nuestra relación con el surf?.

Mi opinión es que las piscinas de olas nunca remplazarán al océano para aquellos que hemos crecido junto a él. Pero al igual que ha ocurrido con otros "avances", habrá un cambio gradual, y si las piscinas de olas siguen adelante, una nueva generación tendrá la posibilidad de surfear sin haber visto nunca una playa.

 

LAS PRIMERAS PISCINAS

La primera piscina de olas se remonta al siglo XIX, cuando el rey Ludwig II de Baviera electrizó un lago para crear olas, en uno más de sus proyectos en los que mezclaba arte y arquitectura, y que hoy son algunas de las atracciones turísticas más importantes de Baviera.

Las primeras piscinas de olas, con un fin lúdico, se construyeron en Europa durante los años 20 y 30 del siglo XX. La primera instalación que entró en funcionamiento fueron los Baños Gellért en Budapest, Hungría, en 1927. Otra instalación similar se localizó en Munch, Alemania. Ambas generaban las ondulaciones mediante la acción de una palas sumergidas que empujaban la masa de agua hacia zonas menos profundas. "Este es el nuevo tipo de baño de natación que hace furor en Alemania", anunciaba la publicidad del momento. "No más aguas tranquilas para los bañistas: una máquina mantiene todo en movimiento".

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Pero la más popular era la Empire Pool en Wembley, Londres, que abrió sus puertas en 1934. Medía 60 metros de largo por 18 de ancho, y generaba ondulaciones para diversión de los bañistas mediante cuatro palas accionadas eléctricamente. "Los impulsos dados por los émbolos tienen un efecto acumulativo en el agua de la piscina" - contaban los anuncios de la época. "El tamaño de las olas aumenta hasta que, en la zona menos profunda, los bañistas pueden disfrutar de toda la diversión y emoción de un baño de surf".

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En Estados Unidos la primera instalación se construyó en 1940 en el Palisades Amusement Park, en New Jersey, con características similares a la de Wembley.

La piscina de olas de Summerland, construida en 1966 cerca de Tokio, fue la primera en ser utilizada por surfistas, aunque no de manera exclusiva. Cada hora la piscina se vaciaba de nadadores, y los surfistas disponían de 15 minutos de olas.

En 1969, diseñada por Phil Dexter, abría en Tempe, Arizona, Big Surf, la primera piscina olas orientada al surf de Estados Unidos, con una inversión que superó los 2 millones de dólares. Las olas de Big Surf eran generadas al dejarse caer cientos de toneladas de agua por una rampa vertical. La apertura de la piscina tuvo una gran cobertura mediática, y fue visitada en varias ocasiones por surfistas como Fred Hemmings o Corky Carroll. A finales de los sesenta abría también en Alabama el Point Mallard Parks Aquatic Center con su piscina apta para la práctica del surf.

La aparición de las piscinas de olas fue vista por los grandes patrocinadores como la solución a los muchos de los problemas que tenía el surf para ser retransmitido por televisión: dependencia de las condiciones meteorológicas, imposibilidad de fijar un horario concreto de retransmisión, imprevisibilidad en cuanto a las condiciones... En el circuito mundial de 1985 se programó el primer evento profesional celebrado en una piscina, en el Dorney Park Wildwater Kingdom en Allentown, Pensilvania.


 

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