Miércoles 19.06.2019
el ecosistema marino más diverso

La crisis del arrecife de coral

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El año 2018 fue declarado por la Iniciativa Internacional para los Arrecifes de Coral (International Coral Reef Initiative, ICRI, en inglés) como el tercer año internacional del arrecife. Esta iniciativa invita a sus miembros (más de 60, incluyendo gobiernos de varios países, ONG y organizaciones internacionales) a incrementar la concienciación global sobre los valores y amenazas que sufren los arrecifes, mejorar su gestión, así como las estrategias de conservación de estos ecosistemas, todo ello compartiendo experiencias exitosas a través de su red.

Durante todo el año, los miembros han celebrado congresos, conferencias abiertas, proyecciones gratuitas de documentales, limpiezas de arrecifes y ecosistemas colindantes (playas, manglares, etc.) y todo tipo de actos para concienciar al público en general sobre la necesidad de cambiar nuestros hábitos con respecto a estos ecosistemas y promover espacios en los que los profesionales del sector (investigadores, gestores de reservas marinas, etc.) puedan compartir y debatir experiencias.

Los arrecifes de coral son el ecosistema marino más diverso: abarcando apenas el 0,1% de la superficie oceánica, albergan el 25% de las especies marinas conocidas, incluyendo un tercio de las especies de peces marinos. Están presentes en las aguas someras tropicales de más de 100 países alrededor del mundo y se calcula que son la fuente principal de alimento (gracias a la pesca) e ingresos (por turismo, productos farmacéuticos, etc.) para 500 millones de personas. Además, protegen las costas frente a tormentas tropicales y tsunamis y proveen material de construcción en islas remotas donde no existen canteras.

Arrecife sano con toda su biodiversidad. ©QUOD Jean Pascal (http://www.reefbase.org)

Los arrecifes de coral están expuestos hoy en día a altos niveles de estrés y rápidos cambios de las condiciones ambientales, lo que hace que su resiliencia, es decir su capacidad de adaptación o recuperación, se vea críticamente afectada. Esto se traduce en pérdidas de arrecifes a ritmos nunca vistos hasta ahora.

Podríamos dividir las amenazas que sufre el arrecife en dos tipos:

Globales: como son el cambio climático y la acidificación de los océanos. Las emisiones masivas de CO2 a la atmósfera, y otros gases de efecto invernadero, son las principales responsables del cambio climático y el consecuente aumento de las temperaturas. Por otro lado, este mismo CO2, se disuelve en los océanos, haciendo que el pH del agua baje rápidamente (fenómeno de acidificación). Estos dos procesos están convirtiendo los mares en lugares donde la vida ya no es posible para las comunidades habitantes del arrecife, incluyendo, por supuesto, a los propios corales.

Locales: entre las más dañinas podemos enumerar la sobrepesca y el uso de artes ilegales y muy destructivas (como son la dinamita y el cianuro), el desarrollo urbanístico de las costas, el turismo irrespetuoso y la contaminación (que también puede tener efectos a grandes distancias del punto de emisión).

Episodio de blanqueado masivo en la Gran Barrera de Arrecife Australiano.  © Ray Berkelmans (http://www.reefbase.org)

Las amenazas locales se deben mitigar o eliminar implementando medidas de control locales, lo cual muchas veces no resulta sencillo, pues la mayoría de arrecifes se encuentran en países en vías de desarrollo cuyos intereses económicos chocan frontalmente con las necesidades del arrecife. Aun así y en comparación, las amenazas globales tienen efectos mucho más devastadores y complejos de mitigar. Los países desarrollados del hemisferio norte son los principales responsables de estas amenazas que afectan a arrecifes situados a miles de kilómetros de distancia. El cambio climático está incrementando la frecuencia e intensidad de las tormentas tropicales así como los episodios globales de blanqueado de corales, que son cada vez más devastadores. Estas situaciones de estrés crónico y ecosistemas seriamente alterados, son el cóctel perfecto para las plagas cada vez más frecuentes de depredadores de corales (algunas estrellas y gasterópodos marinos), la acción descontrolada de especies exóticas invasoras y las recientes epidemias que sufren los corales.

Sin duda, las principales amenazas que sufren los corales son de origen humano, pero también habría que nombrar eventos naturales como los terremotos o erupciones volcánicas entre otros, que también afectan a los corales. No obstante, en comparación con el impacto de las actividades antropogénicas, estos provocan efectos anecdóticos.

Desde los últimos años de la década de los 1970s, los corales han comenzado a morir a un ritmo nunca visto anteriormente: en determinadas zonas de los Cayos de Florida se perdió el 90% de la superficie cubierta por corales tan solo entre 1974 y 1999.

La Gran Barrera de arrecife australiana está siendo muy afectada por los recientes episodios de blanqueo de corales del 2016 y 2017 y por plagas de la estrella depredadora de corales, la corona de espinas (Acanthaster planci). Por todo ello la Gran Barrera ha reducido su ya previamente mermada superficie cubierta por corales, del 22% en 2016 al 14% en 2018 en su zona central.

Plaga de la estrella corona de espinas. ©Badrul Huzaimi (http://www.reefbase.org)

Se calcula que la Tierra ha perdido aproximadamente el 50% de sus arrecifes en los últimos 30 años. Si se mantiene la tasa actual de emisiones de gases de efecto invernadero, se estima que para el 2030, el 90% de los arrecifes estén amenazados y para el 2050 esta cifra pueda aumentar al 100%, lo que implicaría la inminente desaparición de estos ecosistemas cuyos primeros registros datan del Cámbrico, hace 542 millones de años. Poco más de 200 años desde que se inició la revolución industrial y con ella la quema masiva de combustibles fósiles, lo que en comparación supone un período de tiempo ridículo en términos terrestres, sería el tiempo que nos ha llevado a esta alarmante situación.

Desde las organizaciones ecologistas han querido mostrar su apoyo a los organizadores del IYOR 2018, el ICRI, por esta iniciativa tan necesaria y que ha conseguido promover tantos actos y campañas. Este Año Internacional del Arrecife (IYOR) 2018 es muy necesario para tomar conciencia de que nuestros actos cotidianos si afectan directamente, entre otros, a estos ecosistemas, tan importantes como vulnerables, aun en un país como España, tan alejado de los arrecifes tropicales.

Fuente: Ecologistas en Acción


 

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