CAPÍTULO III

Especulación alimentaria: ¿qué es y dónde se origina?

Cómo influyen los bancos y la especulación financiera en los precios de los alimentos: navegando por los meandros de la especulación alimentaria.

Tercer capítulo de la serie El Casino del Hambre: cómo influyen los bancos y la especulación financiera en los precios de los alimentos. Pincha aquí para ver el segundo.

 

Es importante recordar, en primer lugar, que una crisis alimentaria no es un fenómeno coyuntural, por mucho que los medios o grupos de interés político insistan en presentarlo así. El problema del acceso a una alimentación digna y sana para todas y todos está, lamentablemente, muy extendido y es estructural.

La crisis alimentaria es el hambre que azota a muchos pueblos, aunque utilicemos los mismos vocablos para referirnos a la situación puntual en la que, se disparan los precios de los alimentos. Desde la instauración en las tres últimas décadas de la globalización capitalista y el consecuente desmantelamiento de las políticas agrarias y alimentarias, el empobrecimiento es de carácter estructural. Más aún, es inherente al sistema mundial alimentario, instaurado siguiendo las recetas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Inter nacional. Es por ello que movimientos como la Via Campesina pugnan por cambiar el guión de esta historia.

Las cifras de la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señalan que en 2015, el número de personas que sufre de hambre en el mundo es de entorno 800 millones de personas [10] y que probablemente este número siga aumentando si el modelo que lo produce sigue invariado [11].

Por ejemplo, es sabido que las revueltas populares que se extendieron en los países árabes en 2011, se vincularon con la escalada de los precios de los alimentos. La aplicación de la Revolución Verde en esta región y la suma de medidas neo liberales volvió sumamente vulnerable al baile de los precios internacionales de los granos básicos a la que fue una de las regiones más ricas en la producción agrícola en el pasado. El caso de Egipto es extremo, siendo el primer importador de trigo del planeta.

Para explicar el aumento de los precios de los alimentos, se suelen mencionar factores de diferente índole. Entre ellos se suele destacar la supuesta escasez de los alimentos y la reducción de las reservas mundiales, que como veremos no es sólo una falacia, sino que es la zanahoria utilizada para provocar la subida de precios que le interesa a quienes especulan con los alimentos.

Un factor que se menciona también y que sí interviene de manera más real, radica en la subida del precio de los combustibles fósiles. Sin lugar a dudas, el modelo agroalimentario global es petrodependiente, en cada una de las etapas de la cadena productiva. Pero además, y sobre todo, no podemos olvidar que si sube el precio del petróleo, aumenta la rentabilidad de los agrocombustibles, y del etanol en particular. Al respecto, de acuerdo con el Banco Mundial, a partir del momento en que el precio del petróleo se sitúa por encima de los 50 dólares por barril, un incremento de su precio de 1% implica un aumento de 0.9% del precio del maíz destinado al etanol. Esto se relaciona con otro factor explicativo del alza de los precios: el auge de los agrocombustibles [12].

Pero quizás el más importante de los elementos que inciden en los precios de los alimentos básicos es la especulación financiera. Estamos en un contexto en el cual todo movimiento en las Bolsas de Chicago, Londres o Hannover, donde se negocian contratos de futuros sobre cereales y oleaginosas, tiene repercusiones a nivel de los alimentos.

Esto, que ha tenido lugar de manera paralela a la liberalización de la agricultura, explica la repercusión sin precedentes que ha tenido la especulación en los últimos años sobre los precios de los alimentos.

Se suma a esto el papel del agronegocio. Es bien sabido que este dispone de un control creciente en la cadena productiva y que un puñado de empresas dominan los mercados internacionales de alimentos. Además, actúan directamente en los mercados financieros, aprovechándose del papel privilegiado que tienen en la esfera productiva.

El capital financiero migra de forma continua. De burbuja en burbuja, desembarcó en el mercado de los alimentos, generando la crisis del 2008. Desde hace unos años ha dado un paso más, avanzando hacia el acaparamiento de tierras, un nuevo terreno de especulación alimentaria al cual debemos prestar particular atención: se trata de un fenómeno [13] que se está produciendo en un número cada vez mayor de países del Sur y que ya constituye una amenaza en el acceso a la tierra para las y los más empobrecido/as. La industria financiera, que tanto apostó por sacar buen dinero de las deudas y perdió, está buscando refugios seguros y las tierras agrícolas representan la posibilidad de obtener grandes ganancias. En los últimos años un ejército de fondos de inversión, fondos de capitales privados, fondos de cobertura y otros por el estilo han comprado ávidamente tierras agrícolas en todo el mundo. El efecto es que los precios de la tierra están subiendo alarmantemente.

 

Especulación alimentaria: ¿qué es y dónde se origina?

La especulación consiste en el conjunto de operaciones comerciales o financieras que tienen por objeto la obtención de un beneficio económico, basado en las fluctuaciones de los precios. Quien especula no busca disfrutar del bien que compra, sino beneficiarse de las fluctuaciones de su precio. En sentido extenso, toda forma de inversión es especulativa; sin embargo, se suele limitar el término a la inversión que no comporta ningún compromiso con la gestión de los bienes en los cuales tiene lugar, limitándose al movimiento de capitales. La compra especulativa de un producto tiene por objetivo provocar que el precio de este producto suba por encima de su valor real.

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Cuando se produce un aumento anormal y prolongado del precio de un producto, de manera que este precio se encuentra cada vez más aleja do del precio real, se produce una burbuja especulativa. En esos casos, el proceso puede llevar a nuevos compradores a adquirir el producto con el objetivo de venderlo a un precio mayor en el futuro, lo que va provocando una espiral de subida continua. Podemos distinguir tres tipos de especulación en el sector agroalimentario:

a) El acaparamiento directo, que consiste sencillamente en almacenar y mantener fuera del mercado un producto a la espera de que su precio suba. Es la forma más antigua de especulación y tiene lugar a escalas muy distintas. Es una operación común que pueden realizar en ocasiones las propias empresas acaparadoras de grano o los corredores de bolsa por cuenta propia o por cuenta de sus clientes, que pue den ser empresas, entidades bancarias y otras.

b) La especulación en los mercados de futuros: se trata del mecanismo más habitual entre los actores especulativos, que compran y venden contratos de futuro esperando sacar beneficios en cualquiera de las transacciones, independientemente de que estos contratos se materialicen. Por ejemplo, un contrato de futuro de maíz es un acuerdo que obliga a vender o comprar una cantidad determinada de este grano en una fecha futura. Estos contratos son “su bastados” en la bolsa o “mercado de futuros”.

c) La ingeniería financiera actual: la especulación que tiene lugar mediante instrumentos y mecanismos financieros cada vez más complejos y que permite por ejemplo encontrar fondos de inversión ligados a los mercados agrícolas.

 

Origen y funcionamiento de los mercados de futuros

La historia de la especulación alimentaria en los mercados de futuros se origina a mediados del Siglo XIX, al expandirse la producción agrícola en los Estados Unidos. Este tipo de desarrollo suele realizarse en condiciones profundamente des iguales del punto de vista socioeconómico, y la realidad estadounidense de la época no fue una excepción. En efecto, directamente endeudados con los bancos que vendían la tierra, los campesinos no tenían más opción que producir para mercados cada vez más alejados. En ese contexto de incipiente comercio internacional de los cereales, se fue operando una paulatina concentración del poder de la cadena alimentaria en manos de unos pocos pero poderosos intermediarios, ancestros de las actuales multinacionales de la alimentación.

Se empezaron a firmar contratos de venta anticipada entre quienes producían y las empresas distribuidoras. Los primeros se comprometían a la entrega de cierta cantidad de grano en una fecha futura específica y a un precio pactado. Este tipo de acuerdo pretendía brindar a los productores primarios la garantía de recibir dinero por su cosecha, a la vez que permitía a las empresas contar con una cantidad de grano asegurada. Aquí tiene un papel clave la apertura en 1848 de la Bolsa de Chicago (“Chicago Board of Trade” – CBOT), en tanto que un espacio centralizado donde compra dores y vendedores de productos agrícolas podían encontrarse y negociar. La elección de la ciudad de Chicago se debe a que está situada en la región de los Grandes Lagos, muy cerca de la principal área de producción agropecuaria estadounidense. Además de constituir un centro natural para el transporte fluvial (conexión con las hidrovías del Mississippi y de Illinois para la exportación hacia Europa vía el Golfo de México), Chicago se convirtió en uno de los nodos de interconexión logística más importantes del país a partir de la construcción del ferrocarril el mismo año que la apertura de la Bolsa.

Ahora bien, los contratos de venta anticipada no permitían contar con una seguridad total. Las partes podían incumplir sus compromisos, las mercancías podían no ser entregadas según lo acordado o podía haber impagos. etc. En este contexto, la Bolsa de Chicago evolucionó rápidamente hasta tener el papel de cámara de compensación (Clea ring House). Así, cobró la forma moderna en la cual se ha convertido, una empresa privada que actúa como intermediaria entre las partes firmantes. Paga por la compra del grano a quien vende y entrega la mercancía a quien compra. En este tipo de espacio no participa cualquiera. Se debe ser socio de la CBOT, pagando una cuota y demostrando la suficiente solvencia económica.

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Para asegurar el buen funcionamiento de este sistema, los contratos fueron “estandarizados” y tomaron la forma de contratos de futuros des de 1865. La gran diferencia con los contratos de venta anticipada es que un contrato de futuros es intercambiable, puede ser vendido y comprado. En suma, se creó un nuevo mercado. El número de productores agrícolas individuales que participaban en un mercado de futuros era muy limitado, por ser demasiado costoso y lejano. Hoy, los que optan por ello, lo hacen recurriendo a intermediarios como asociaciones de productores, empresas procesadoras, bancos, corredores de bolsa, etc.

Es importante subrayar que en el mercado de futuros, lo que se compra y se vende son los contratos y no los productos en sí. El precio del contrato cambia según la oferta y la demanda en el mercado de futuros. Los actores que intervienen en la transacción no tienen forzosamente la intención de adquirir realmente la soja o el maíz estipulados en el contrato. La mayoría de estos contratos son utilizados “con finalidad especulativa, es decir, de ganar dinero con ellos, en concreto, con la fluctuación de los precios de ellos”. Los futuros de productos básicos agroalimentarios, sólo se negocian en las bolsas de futuros agrícolas, también denominadas “mercados regulados” [14].

Ahora bien, los precios de las materias primas agrícolas tienen la particularidad de ser muy volátiles, y el precio de los contratos de futuros sigue esta tendencia. Es por ello que los mercados de futuros representan un terreno muy atractivo para la especulación. En efecto, de acuerdo con la Comisión estadounidense que regula el comercio de futuros en el sector de las materias primas (CFTC), un/a especulador/a es quien no produce ni hace uso de una mercancía, pero que sin embargo arriesga su capital comercializando contra tos de futuros vinculados con dicha mercancía. Su objetivo es obtener ganancias a partir de las variaciones de los precios de la mercancía.

Por lo tanto:

  • Tener un contrato de futuro no significa tener la intención de adquirir físicamente la materia prima a la cual se refiere el futuro.
  • Lo que se vende y compra no son las materias primas, sino más bien, los contratos. Sin embargo, el funcionamiento es como el de cualquier mercancía. Es decir, cuando hay mucha demanda de un contrato de futuro, su precio aumenta.
  • La subida del precio de un contrato de futuro implica una subida del precio actual real de la materia prima. Por tanto, las variaciones de precios en los mercados de futuros influyen en las variaciones de precios de los bienes a los cuales se refieren los contratos.

 

Años 30: una regulación que otorga legitimidad a la especulación

Desde inicios del Siglo XX, la especulación alimentaria en el mercado de futuros suscitó conflictos y debates. De acuerdo con la FAO, en la Bolsa de Chicago se han aducido manipulaciones del mercado – especialmente “restricciones” o “acaparamientos”– al menos una vez por decenio desde su creación. Diversas fuentes de la época reportan además protestas de los/las agricultores/as estadounidenses frente a un mercado en el que no participaban. Las críticas en las ciudades se recrudecieron cuando en la Primera Guerra Mundial se evidenció que empresas como Cargill habían registrado beneficios récord, en el contexto de una creciente fluctuación de precios elevados [15]. La especulación fue también acusada de ser responsable de la caída de los precios que marcó los años 20’ y 30’. En ese momento, las cooperativas de productores intentaron organizar se para tomar el control de los precios, mediante el control directo de la producción y de la comercialización. Los periódicos de la época registran incluso que la administración se planteó la toma del control de las cinco principales empresas vende doras de grano, las cuales cifraban transacciones de más de mil millones de dólares por año.

Entre 1922 y 1936, a pesar de las presiones provenientes del sector corporativo y financiero, el gobierno de los Estados Unidos tomó cartas en el asunto y fortaleció la legislación en torno a los mercados de futuros alimentarios. Básicamente, la idea de la regulación se sustentaba la reducción del margen de acción de los especuladores. Por ello, se establecieron limitaciones sobre el número máximo de contratos que un solo actor podía comercializar [16]. En la actualidad, se considera la política de Roosevelt como positiva del punto de vista regulatorio. No obstante, es importante apuntar que se establecieron límites a la especulación, a la vez que se brindaba legitimidad al mercado de futuros, al declarar ese tipo de operaciones financieras, “de interés público”. Se justifica la existencia de los mercados de futuros destinados a una mejor gestión y asunción de los riesgos vinculados a la variación de los precios. Es por esta razón que las limitaciones impuestas no conciernen a todos los actores. Se aplican específicamente a los especuladores y eximen a los “comerciantes”, es decir, aquellos que producen, compran, venden o transforman realmente los productos.

En paralelo, en 1933 se puso en marcha una importante política agrícola considerada como la primera “Farm Bill” [17]. Mediante fuertes incentivos en aras de estabilizar los precios, se comenzó a controlar la oferta en los mercados mediante cuotas de producción y el almacenamiento público. Bajo el mandato de Roosevelt se crearon también los primeros seguros públicos frente a los precios. Uno de los resultados de esta política radica en que las cooperativas rebajaron sus reivindicaciones, aceptando jugar el juego de los mercados de futuros.


Notas

[10] http://www.un.org/es/millenniumgoals/poverty.shtml

[11] Uno de los 8 Objetivos del Milenio 2000-2015, el denominado “erradicar la pobreza extrema y el hambre”, incluía la meta “Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas que sufren hambre”. Esto no se ha conseguido.

[12] Vivas E. “La crisis alimentaria golpea de nuevo”. La Directa, 24 de marzo de 2011. http://esthervivas.wordpress.com/2011/03/24/ la-crisi-alimentaria-colpeja-de-nou/

[13] http://farmlandgrab.org/ y Lines (2010, 7).

[14] Entre las principales bolsas de este tipo se ubican actualmente: Chicago Mercantile Exchange – CME, NYSE Euronext (Londres y París), RMX (Hannover), Tokyo Commodity Exchange, Dalian Commodity Exchange (China), el Mercado a Término de Buenos Aires, Multi Commodity Exchange (Mumbai), South African Futures Exchange – SAFEX. Veremos más adelante, que con la complejización de los mercados financieros ha ido creciendo otro espacio de compra y venta de otros productos derivados, que no está regulado, aquel de los contratos particulares u “Over-the-Counter” (OTC).

[15] http://www.cargill.com/wcm/groups/public/@ccom/documents/document/doc-cargill-history-timeline.pdf

[16] Se prohibieron también las opciones dentro de la Bolsa o en las transacciones no reguladas. Fueron reestablecidas a partir de 1981, pero únicamente para los actores considerados como “comerciantes”, y dentro de un mercado reglamentado.

[17] Se trata de la principal herramienta de política agrícola y alimentaria del gobierno federal de los EEUU. Esta completa ley omnibus es aprobada cada cinco años por el Congreso y se ocupa tanto de la agricultura como de todos los demás asuntos que están bajo la competencia del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.

Artículo extraído del informe El Casino del Hambre: Cómo influyen los bancos y la especulación financiera en los precios de los alimentos coordinado por Juan Felipe Carrasco y publicado originalmente por Amigos de la Tierra. Este artículo ha sido elaborado por el equipo de redacción de Amigos de la Tierra a partir del informe de Mundubat de 2011 con el mismo título.


 

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