martes. 21.05.2024
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Escalar el Huayna Potosí es una experiencia que todo montañero debe realizar una vez en la vida. Llamado por muchos el 6.000 más fácil del mundo, esta afirmación puede llevar a alguno a cometer una imprudencia. Con una altitud de 6.088 msnm, por mucho que nos digan, no deja de ser un 6.000 con los riesgos que ello conlleva. Es totalmente necesaria una buena aclimatación y estar en buena forma física si se quiere superar el reto con garantías. A continuación, vamos a relatar nuestra experiencia, consejos y anécdotas de una experiencia preciosa, pero a la vez dura y complicada.

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El Huayna Potosí desde la lejanía

Primero de todo, contar que tuvimos la gran fortuna de poder escalar el Huayna junto a Elena Quispe, una de las Cholitas Escaladoras y Carlos Mamani, presidente de la Asociación Andina de Promotores de Turismo en Aventura y Montaña quien gestiona la empresa Drommanía, quienes nos facilitaron la posibilidad de subir con ellos, a pesar de lo complicado de las fechas (subimos un 26 de Diciembre) y la incertidumbre del momento. Si queréis tener una experiencia más allá de la propia escalada, conocer las tradiciones de las Cholitas, su forma de vida o cómo fueron capaces de sobresalir en este mundillo, contactadles y no dudéis en realizar cualquier excursión con ellos.

Nuestra intención era escalar el Huayna Potosí pero no sólo eso, sino también hacerlo con las Cholitas que tanto conocíamos y de las que tanto hemos hablado en Sal&Roca. Queríamos conocer cómo viven, qué piensan, cuál es su motivación para seguir escalando… Y lo que conocimos superó todas nuestras expectativas.

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Con las Cholitas

Posiblemente ellas no fueran conscientes cuando empezaron a escalar de las implicaciones que sus acciones tenían. Son un ejemplo de superación y empoderamiento, han conseguido romper grandes barreras sociales y raciales muy presentes en nuestra sociedad y todo gracias a un sueño. Como nos contaba Elena durante la ascensión, “desde pequeña siempre me preguntaba ¿Qué hay en la cima? ¿Por qué todos quieren subir?”.

Ellas simplemente querían escalar las montañas que tanto conocían y que tanto amaban y lucharon hasta conseguirlo. Tuvieron que soportar continuos comentarios misóginos: “¿qué hace una cholita como tú subiendo montañas? ¿No deberías estar en la cocina?”. Además, de sufrir descalificaciones del propio gremio, ya que en un principio lo veían como algo irrisorio y, cuando el hecho se fue consolidando, los comentarios derivaron hacia una posible intrusión profesional porque mucha gente prefería subir con ellas.

Ni una cosa, ni la otra. Hoy en día todos tienen cabida y las Cholitas se han consolidado como una de las opciones para escalar cualquier montaña boliviana. Igualmente, tienen siempre proyectos espectaculares en mente, el mes pasado escalaron el Aconcagua junto a otras montañeras del resto del Planeta. Elena nos cuenta con ilusión que tienen pendiente la futura ascensión al Everest, experiencia que podrán realizar cuando encuentren fondos suficientes y patrocinios para poder costear un viaje tan caro.

Nuestra experiencia

La aventura duró 3 días en total, donde la exigencia va aumentando progresivamente. Existen opciones de escalar el Huayna Potosí en 1 o 2 días, pero esto es únicamente aconsejable si eres un montañero muy experimentado y con una aclimatación previa total. Nosotros llevábamos cerca de 1 mes en alturas superiores a los 3.000 metros, sumado a la aclimatación que hicimos en la propia actividad y al mate de coca, no tuvimos problema de mal de altura.

El primer día podríamos llamarlo de entrenamiento, tras haber cargado todo el material en la furgoneta y haber conocido a nuestros compañeros de cordada, nos dirigimos a la Cordillera Real de los Andes por los desvencijados senderos que nos llevan hasta el Campo Base situado a 4.200 metros. Aquí tomaremos el primer mate de coca, comeríamos tranquilamente y organizaríamos nuestra mochila para los 2 próximos días: saco, botas rígidas, crampones, piolet, frontal, capas y más capas para soportar las temperaturas bajo cero de las cotas más altas…

Pronto estábamos listos y afrontamos la primera caminata con la emoción de saber que nos esperan unas jornadas apasionantes. No será más de una hora hasta el nacimiento del glaciar. Un glaciar en claro retroceso y que los más experimentados de la zona han visto menguar decenas de metros. Es más, Carlos nos comenta que los últimos estudios indican que, si continua este ritmo de retroceso, podría desaparecer por completo en poco más de 15 años. No parece un farol, más cuando próxima al Huayna se encuentra la que otrora fue la pista de esquí a mayor altitud del mundo, de la que hoy sólo quedan los vetustos restos del telesilla, dejando una estampa desoladora.

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El glaciar en retroceso. Se puede ver el tamaño en relación a las personas

Ya en el glaciar tocaba ponerse todo lo necesario: botas rígidas, crampones, polainas, casco, piolet… y escuchar atentos las indicaciones de Carlos y Elena para poder practicar la escalada en hielo con seguridad porque el día de la ascensión hay que superar una pared de hielo de más de 20 metros.

El día transcurrió tranquilo, con tiempo para almorzar los ricos platos que nos preparaban entre todos, cholitas y guías; y también para compartir experiencias y vivencias con otros montañeros mientras disfrutamos de mate de coca para combatir el mal de altura.

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Preparando el material
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Practicando en hielo

El segundo día empieza lo bueno. Tras haber dormido unas cuantas horas en previsión de que el día siguiente sería mucho más complicado dormir, aprovechamos la mañana para estar tranquilos, conocer el lugar y charlar un buen rato con la gente, ya que, a eso de las 12 de la mañana, empieza nuestra subida de 3 horas en dirección al Campo Alto. Ésta es una subida bien exigente por la propia pendiente del camino y las grandes rocas que hay que caminar y sortear, así como la altura que ya vamos alcanzando y el peso que acarreamos con todo el material necesario para conseguir llegar a la cima. Un bonito reto que nos preparará más aún para la empresa que tenemos por delante.

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Elena no pierde la sonrisa
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Un receso en el camino

El Campo Alto nos parece un lujo, acostumbrados a otros refugios de montaña en los que hemos dormido, este tiene una cocina estupenda, espacio de sobra para que coman y duerman decenas de personas y una atmósfera que hará las delicias de los más montañeros. Aquí, en su ambiente, es donde podremos conocer en profundidad a Elena y Carlos y la historia detrás de las Cholitas y su forma de vivir.

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En el Campo Alto disfrutando de la animada charla

“Yo cuando estoy en la montaña soy feliz”, nos cuenta Elena. Conocer otras personas, otras culturas, los paisajes… posiblemente esa sea la razón por lo que la mayoría nos aventuramos a lo desconocido y ella lo plasma perfectamente junto a sus compañeras en el famoso documental Cholitas, de Jaime Murciego. La pasión de Elena por la montaña es inmensa, siempre está buscando nuevos retos: “He visto otras mujeres que han hecho los 14 ochomiles y se puede hacer. Las mujeres somos muy fuertes. Tenemos un propósito y lo logramos, no nos rendimos fácilmente”, nos confiesa.

CHOLITAS_trailer ES from Arena Comunicación Audiovisual on Vimeo.

“¿Y por qué la vestimenta?”, le preguntamos en un momento de la animada charla. “Yo siempre he crecido con mi pollera y no lo puedo cambiar. Sólo cuando juego al fútbol llevo buzo pero siento como si no llevara nada y tengo frío. La pollera, el aguayo, el sombrero o la manta que llevamos es nuestra cultura, nuestra identidad como mujer indígena del altiplano, siempre del campo.”

“Hace años había mucha discriminación hacia la mujer de pollera”, nos cuenta Carlos. Desde las propias instituciones donde no las dejaban pasar, hasta múltiples situaciones de la vida cotidiana. “Hoy en día, estas mujeres están rompiendo esas barreras. Aquí mismo en las montañas, al comienzo sobre todo se ponía la excusa de la vestimenta, que resultaba peligrosa para practicar el alpinismo, pero no es verdad. Posteriormente fue el asombro y la aceptación, hasta el día de hoy donde todos tenemos cabida.”

Y es verdad, porque hoy las cholitas tienen una aceptación y reconocimiento a nivel mundial no sólo por el hecho de ser mujeres indígenas escaladoras, sino por la fuerza y dedicación que tienen, así como los retos que poco a poco van consiguiendo. Lo único – y más complicado – que necesitan para lograr sus propósitos es financiación.

Con las pilas recargadas y la moral por las nubes ya solo nos quedaba descansar lo que pudiéramos para atacar la cumbre del Huayna al día siguiente. Decimos lo que pudiéramos porque en altura si no estás acostumbrado es casi imposible dormir. A las 6 de la tarde nos fuimos a acostar y a las 12 de la noche apareció Carlos para que nos pusiéramos en marcha. A la 1 de la mañana ya estábamos todos listos con nuestros crampones puestos y los piolets en la mano dispuestos a la aventura.

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Subiendo de madrugada

La ascensión es casi toda nocturna, siempre cuesta arriba y haciendo breves paradas para ir aclimatando el cuerpo. El frío es notable, llegando a alcanzar los 5 o 10 bajo cero, por eso es importante estar siempre en movimiento. A mitad de camino nos enfrentaremos al reto más complicado de la ascensión: una pared de hielo vertical de más de 20 metros que habrá que escalar con las técnicas que nos habían enseñado el primer día. Aun así, superada esta prueba nos queda lo más difícil ya que cuando pasas de 5.600/5.800 metros, tu cuerpo se va encontrando al límite y hay que sabir medir muy bien las fuerzas: es importante llegar arriba, pero más importante es tener fuerzas para la bajada.

Nosotros conseguiremos hacer cima a eso de las 7am cuando ya ha amanecido. Tenemos la suerte de disfrutar de un día perfecto, nada de viento, nada de nubes… Llegar a la cima es un cúmulo de sensaciones donde reímos, lloramos, nos abrazamos y hacemos alguna foto para el recuerdo. Eso sí, no podemos demorarnos mucho ya que al ser de día la nieve empieza a derretirse y se puede poner peligroso el descenso.

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En la cima, felices

El descenso lo haremos a buen ritmo, en silencio, concentrados en cada paso. Las fuerzas escaquean y todavía quedan grietas que salvar, una pared que rapelar y unas cuantas horas de andar hasta el Campo Alto. Aquí nos reciben efusivamente los que llegaron antes y los que no pudieron alcanzar la cima. Nos felicitamos por el esfuerzo. Lo más importante no es alcanzar a la cima, es volver sanos y salvos, es disfrutar del camino y vivir la maravillosa experiencia de las montañas.

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El descenso
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Una última fotografía

Pero aquí no acaba todo, todavía nos quedan 3 horas de descenso con todo el material a nuestras espaldas hasta el Campo Base a través del camino de piedras y rocas que tuvimos que ascender el día anterior. Extenuados llegamos, nos da tiempo a tomar el último mate de coca, comer en abundancia y poner fin a nuestra aventura, no sin agradecer eternamente a Carlos, Elena y toda la expedición que hizo posible que coronáramos el gran Huayna Potosí y que pudiéramos conocer de primera mano una historia tan inspiradora como es la vida de Elena Quispe y las Cholitas Escaladoras.


Si quieres realizar algún trekking con Carlos y las Cholitas Escaladoras, te dejamos sus contactos.

Elena Quispe

Teléfono / WhatsApp: +59167111774

Instagram: Elena Quispe CholitaEscaladora

Carlos Mamani

Teléfono / WhatsApp: +59171209547

Facebook: Aventura y Montaña en Bolivia

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Cholitas Escaladoras

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