Es fácil caer en la tentación de ofrecer una imagen heroica cuando se habla del trabajo de rescate en montaña. Y más cuando muchas de las tareas asociadas a dicho trabajo se desarrollan en entornos agrestes, abruptos y abismales propios de la alta montaña. El reciente apuntalamiento de esta imagen heroica se ha producido como consecuencia de la difusión de diferentes productos audiovisuales, como por ejemplo, la serie documental de RTVE, Rescate. Si bien estos productos han servido para visibilizar un trabajo quizás poco conocido, también es cierto que han contribuido a la fijación en el imaginario popular de una representación caricaturesca en ocasiones, deformada.
Los servicios de rescate en montaña en el contexto español se despliegan según una configuración poliédrica. De esta manera, encontramos, por ejemplo, que en determinadas comunidades autónomas, se han creado unidades especiales en el seno del cuerpo de bomberos específico de cada contexto. El GERA (Grupo Especial de Rescate en Altura) en Madrid —que forma parte del Cuerpo de Bomberos de dicha comunidad—, es un ejemplo de ello. En otras comunidades, las unidades especializadas en rescate en montaña involucran a otros cuerpos. Es el caso de la Unidad de Vigilancia y Rescate en Euskadi —que forma parte de la Ertzaintza (es decir, de la policía autonómica)—. La Guardia Civil, a través de sus Grupos de Rescate Especial de Intervención en Montaña (GREIM), también realiza labores de rescate.
Para intentar deshacer en parte la ilusión épica y distorsionante en la que se ve envuelto el trabajo de los grupos de rescate, me he puesto en contacto con el Grupo de Rescate de Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) para dar respuesta a algunas preguntas. Uno de sus miembros, Íñigo Sánchez, es quien responde a mis preguntas.
Si se pronuncia la expresión «grupo de rescate», es frecuente que acuda a la mente la imagen espectacularizada de un helicóptero en un collado flanqueado por cumbres nevadas, pero esa imagen, aunque muy resultona a nivel estético, es reduccionista, porque no solo hacéis eso. ¿Cuáles son las labores que desarrolláis? ¿Cuán amplio es el espectro de las acciones que lleváis a cabo?
Lo primero que me gustaría hacer es aclarar el concepto de grupo de rescate. A lo largo de los años, me he dado cuenta de que este término, en general, se entiende de forma reduccionista, como algo poco definido, a pesar de que la gente cree tenerlo claro. Parece como si el simple hecho de que exista un helicóptero y de que haya rescatadores que en algún momento interaccionan con él ya fuera suficiente para hablar de grupo de rescate. Yo, al menos, entiendo un grupo de rescate como algo mucho más complejo y que tiene que ver con el grado de compenetración o unión entre esos dos factores: la tripulación del helicóptero (rescatadores, médico y piloto) y el propio helicóptero. Digo esto porque solamente se consiguen operaciones seguras de rescate con helicóptero cuando hay una sincronía total entre máquina y tripulación, conseguida a base de horas y horas de entrenamiento y convivencia entre todos. Un rescatador que sube a un helicóptero diez veces al año, por poner un ejemplo, bajo mi punto de vista, estaría poniendo en riesgo toda la operación; él mismo se daría cuenta de que su nivel de fluidez y confianza estará muy por debajo del deseado.
El Grupo de Rescate del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias surgió hace 37 años con una vocación muy clara de auxiliar a todos aquellos montañeros que estuvieran en dificultades o sufrieran algún accidente en nuestras montañas. No en vano, a finales de la década de los 70, ocurrieron en la cara oeste del Picu Urriellu una serie de trágicos accidentes que pusieron de manifiesto la necesidad de que el Principado contara con un grupo de rescate especializado en montaña. Sin embargo, ya desde el inicio, e inspirándose en los modelos de rescate europeos (por ejemplo, en Francia), se quiso que, dentro de la tripulación del helicóptero, se contase siempre con la figura de un médico; la idea era poder acercar la asistencia sanitaria a aquellos lugares donde, a causa de la complejidad para el acceso, esta no pudiera ser posible de otra forma —algo que en nuestra comunidad autónoma cobraba un sentido muy relevante—. Con esta vocación, se creó un modelo de rescate único donde toda la tripulación, junto al helicóptero, respondía de forma inmediata a cualquier llamada de auxilio.
El abanico de misiones que tenemos es muy amplio: desde rescates en montaña, hasta rescates en playas y acantilados, pasando por ríos, barrancos, accidentes de tráfico, accidentes laborales, etc. En definitiva, afrontamos cualquier rescate o asistencia sanitaria que, por la inaccesibilidad del lugar en el que ocurre, requiera de la intervención de un grupo especializado de rescate, siempre con el apoyo de la red de parques de bomberos del SEPA que existe en nuestra región.
Es importante recalcar que el Grupo de Rescate de Bomberos de Asturias no solo trabaja con helicóptero. No cabe duda de que es nuestra principal herramienta, como resulta obvio, pero a veces la meteorología o el hecho de que la emergencia surja de noche hacen que tengamos que desplazarnos por tierra.
Blaise Agresti, en su libro Une histoire du secours en montagne, plantea que hay un espíritu de gratuidad que ha estado presente desde siempre en el origen de los grupos de rescate. Él se refiere, en concreto, a los grupos de rescate en montaña asociados al contexto alpino y pirenaico francés, pero creo que dicha noción es extrapolable al contexto español. ¿Está en crisis ese espíritu de gratuidad? ¿Cómo os relacionáis con esa línea narrativa que exige pasionalmente multas, sanciones y penalizaciones económicas ejemplarizantes para quienes sufren un accidente en la montaña?
Como amantes de la montaña que somos, entendemos que salir al medio natural comporta un riesgo en si mismo, independientemente de que se haya hecho una planificación perfecta de la salida. Existen riesgos que, aunque podemos minimizar, no podemos eliminar: el riesgo cero no existe. Entendemos que cualquier persona tiene derecho a recibir ayuda, sea en una ciudad, en una zona rural o en la montaña. Defendemos el derecho de poder salir a la montaña sintiéndonos seguros y amparados dentro del derecho básico que en nuestro país existe, que no es otro que el de recibir ayuda de forma gratuita y universal (Seguridad Social).
Por otro lado, como servicio de rescate que somos, debemos concienciar a la gente que sale a la montaña de la necesidad de planificar adecuadamente la ruta que se va a llevar a cabo en relación a las capacidades que se tienen. Todo esto incluye no solo conocer perfectamente la ruta que se va a realizar, sino también tener alternativas en caso de mal tiempo o imprevistos, tener previsto un vivac de emergencia (ropa de abrigo, luz, batería de teléfono...), o tener bien claro si nuestras capacidades se adecúan a la ruta elegida. Esto no quiere decir que no se deban penalizar aquellas conductas claramente negligentes —que, dicho sea de paso, son muy puntuales—.

Un grupo de rescate es un grupo interdisciplinar, y más en vuestro caso, ya que el rescate que realizáis es medicalizado. ¿Cómo se produce la coordinación entre las diferentes tareas —médicas, de pilotaje, mecánicas, de manejo de grúa, de intervención...— que exige vuestra labor como equipo heterogéneo?
Cada uno de los miembros de la tripulación tiene asignadas una serie de tareas muy específicas de las que se hace responsable: pilotaje, parte médica, parte técnica y de seguridad en el rescate y la operación con la grúa. Además, uno de los Bomberos-Rescatadores es el Jefe de Turno, es decir, el responsable de la misión. A pesar de que cada miembro del equipo asume su responsabilidad, todos participamos en todas las tareas, generando una dinámica de trabajo en grupo muy potente. Por poner un ejemplo, en la fase de vuelo, el piloto obviamente es el encargado de pilotar y de tomar ciertas decisiones, sin embargo, toda la tripulación participa activamente en ella: mirando fuera para detectar posibles obstáculos (líneas eléctricas, aves), informando de alternativas a la ruta, evaluando los sitios de paso, etc. Como digo, es un equipo muy compenetrado y entrenado: sus miembros, con solo mirarse, saben lo que cada uno tiene que hacer. Son muchas horas de vuelo y cientos y cientos de rescates que han configurado una forma de trabajar muy rigurosa, basada en los procedimientos operacionales, es decir, protocolos rigurosos que seguimos para tratar de mantenernos siempre dentro de unos rangos de seguridad razonables, sin olvidar que trabajamos en escenarios naturales a veces impredecibles.
Por otro lado, el equipo es como una pequeña familia con una vocación de servicio muy por encima de la media, diría yo; sus miembros son capaces de darlo absolutamente todo por ayudar a otros, sintiendo la necesidad del otro como la suya. No en vano, todos nosotros antes de ser rescatadores ya éramos montañeros y sabemos de sobra lo que es una situación de emergencia en la montaña y lo que significa recibir ayuda en esos momentos.
¿Cuál es vuestra relación con otros grupos de rescate? ¿Existe un intercambio de conocimientos? ¿Qué supone formar parte de la Asociación Española de Grupos de Rescate en Montaña (AEGRM)?
Desde enero de 2022, el SEPA pertenece a la AEGRM como miembro fundador. En aquellos días, algunos de los principales grupos de rescate de nuestro país se reunieron en Vielha y asentaron las bases de lo que es hoy esta asociación.
Uno de los principales problemas que siempre hemos tenido los diferentes grupos de rescate de las autonomías en relación a la coordinación o a la puesta en común de datos, procedimientos o cualquier otra temática relacionada con el rescate, ha sido precisamente el hecho de la fragmentación que la cesión de competencias desde el Estado a las comunidades generó. Para tratar de minimizar esto, se pensó que la unión de todos estos grupos de rescate a través de una asociación podría ser un paso de gigante en el desarrollo y mejora del rescate en España.
Pertenecer a la AEGRM es comprometerse con el rescate de calidad, entendido este como aquel que busca lo mejor para el accidentado, llevando al lugar del accidente todo lo necesario para tratar de minimizar el daño que ese montañero haya podido sufrir. Estamos hablando de la medicalización o sanitarización del mismo, es decir, tratar de que, sea cual sea el lugar del accidente, esa persona pueda llegar al hospital de la forma más rápida posible, en un estado digno —consideramos la analgesia como un derecho básico de toda persona— y estable que permita minimizar las secuelas y el tiempo de hospitalización futuro.
En los congresos que cada año organiza la AEGRM, participan más de cien rescatadores que ponen en común sus vivencias, las técnicas y protocolos que usan o los errores que a veces se cometen con el objeto de mejorar y crecer como equipos. Más allá de lo estrictamente profesional, todos los rescatadores de montaña formamos una gran familia con intereses y formas de entender la vida muy similares. Compartimos, fuera de nuestro trabajo, salidas de escalada, montaña, esquí...
El SEPA organiza periódicamente un Encuentro de Profesionales de la Montaña en Asturias. A estos encuentros, acudís, como miembros del Grupo de Rescate, pero también acuden guías de montaña y guardas de refugios. ¿Cuál es el objetivo de dichos encuentros y qué frutos se recolectan a partir de ellos?
Desde la primera edición de este encuentro, en 2015, como bien dices, guías, guardas de refugios y miembros del Grupo de Rescate celebramos cada dos años en las instalaciones del SEPA (La Morgal) una jornada cargada de contenido.El origen del encuentro fue bastante natural. El 6 de agosto de 2014, la sala del 112 Asturias recibió el aviso de que una cordada de dos escaladores había sufrido un accidente mientras realizaba la cresta Cabrones-Torrecerredo. Tras recabar la información necesaria, el 112 nos activó y nos puso en comunicación con un guía de montaña que estaba en la zona, quien nos facilitó información más precisa sobre la meteorología y el lugar exacto de la caída.A partir de este hecho, surgió la inquietud de que guías y demás profesionales de la montaña debíamos conocernos, coordinarnos y, en definitiva, saber exactamente lo que cada uno de nosotros podemos aportar en caso de que acudamos a un rescate y tengamos que trabajar de forma conjunta. Los profesionales de la montaña muchas veces son los primeros intervinientes en una emergencia en montaña, por lo que es fundamental hablar el mismo idioma para conseguir incrementar los niveles de calidad del rescate.
Estos encuentros están cargados de charlas y talleres que nos ayudan a detectar errores, mejorar procedimientos, aprender nuevas técnicas o simplemente conocer cómo es el trabajo de otros colectivos que ejercen su profesión en la montaña. Como dije anteriormente, si sabemos qué puede hacer cada interviniente dentro de la emergencia, tenemos mucho avanzado.
De forma concreta, podemos decir que la renovación y actualización de los botiquines presentes en los refugios, la formación en primeros auxilios específicos para guardas y guías, la creación de zonas para el aterrizaje en el entorno de los refugios o la mejora de las instalaciones de descenso de algunas montañas del Parque Nacional de los Picos de Europa, son algunos de los frutos que se recogieron tras estas jornadas. Quizás sea algo menos tangible, pero nos parece igualmente importante haber conseguido que todos los que trabajamos en la montaña a diario tengamos la sensación de que contamos con más gente, aparte de nuestro propio colectivo, hablando el mismo idioma, y que, en caso de accidente, todos van a aportar lo mejor de una forma organizada y coordinada.
Recientemente, el Memorial María Luisa reconoció vuestro trabajo a través de un galardón. ¿Qué sentido o significado le otorgáis a este premio y cómo repercute en vuestro trabajo?
Como dijimos en la propia gala de recogida del galardón, para nuestro grupo, este reconocimiento ha sido muy especial. En el año 1990, María Luisa sufrió un accidente de montaña en el entorno del Pico Vizcares (Piloña). A esa llamada, acudió el Grupo de Rescate que por aquel entonces estaba de guardia: una tripulación que hizo todo lo que pudo para intentar salvar la vida de esta joven. Consiguieron traerla con vida ya de noche en helicóptero al HUCA (Hospital Universitario Central de Asturias), aunque, lamentablemente, falleció horas después. Fue a raíz de aquel accidente, cuando este certamen cobró vida.
Para nosotros, los reconocimientos son siempre especiales, ya que nos hacen sentir el calor de la gente, el agradecimiento sincero de aquellos que aman, como nosotros, la naturaleza y que, muchas veces, tienen la desgracia de sufrir un accidente. Estos momentos nos ayudan también a superar otros muchas vivencias muy duras, cargadas de tragedia y desgracia.

