sábado. 06.06.2026

Dolor, cuerpo, escalada: entrevista a Genoveva Seydoux

2022_calcena_02
Inicio del L2 de la vía Murciélagos invertidos, Calcena (Aragón), octubre 2022

Continuamos la serie de entrevistas acerca de la encrucijada entre dolor, cuerpo y escalada que quedó inaugurada el pasado mes de noviembre de 2025 en compañía de Víctor Sánchez. En esta ocasión, las peguntas irán destinadas a Genoveva Seydoux, practicante devota de la escalada artificial en solitario. Geno se decanta por una aproximación lenta a la escalada, una aproximación sin prisas que permita centrar la atención en el entorno, en el espacio habitado, sentido, vivido durante la ascensión.

Antes de dar paso a sus palabras, recordamos que la noción de dolor a través de la cual se está articulando esta serie de entrevistas es amplia y abarca desde el dolor de muelas a la depresión, desde una gripe a la experiencia encarnada de la discriminación en el ámbito de las comunidades vinculadas al montañismo. El dolor como malestar físico, emocional, social. El dolor como malestar material en sus múltiples expresiones encarnadas.

Si en la anterior ocasión, a través de la experiencia de Víctor Sánchez, nos adentramos en el mundo de la histaminosis crónica, en este caso, y gracias a Genoveva Seydoux, conoceremos un poco más de cerca qué implican la fatiga, la sensibilidad química y el autismo.

Las dos primeras preguntas que te voy a hacer son comunes para todas las personas a las que estoy entrevistando y son las siguientes: ¿cómo describirías tu cuerpo? —es decir, ¿en qué consiste tu cuerpo?—, y ¿cuál es la forma en la que se manifiesta el dolor en tu caso?

2022_calcena_01
Uno de los ganchos invertidos en el L2 de la vía Murciélagos invertidos, Calcena (Aragón), octubre 2022

Mi cuerpo soy yo; mi cuerpo y mi mente... Ese todo: soy yo. Ni más ni menos. El dolor, en mi caso, se llama fatiga, estrés, intolerancia a la presión psicológica, a los químicos, a los ruidos, a las prisas, a los controles, a la "competición", a la "comparación". El dolor se llama también inadaptación a lo "unánimemente" aceptado como norma. Funciono de otra manera, y el choque con la "norma establecida" provoca dolor.

Una presión psicológica engendra fatiga física. Un olor a perfume, lejía, detergente de ropa, ambientador, suavizante, etc. —porque se huele, y, por lo tanto, se sabe— provoca fatiga. Un químico que no huele a nada también me provoca fatiga, pero muchas veces no sé la causa precisamente por la falta de olor. Una crítica malvada —la mayoría de las críticas son menosprecio enmascarado— genera fatiga, porque, simplemente, es tóxica. Un ruido de música, televisión, etc., provoca dolor, fatiga.

El lema "vive y deja vivir respetando al otro" sería perfecto para evitar generar fatiga. Desgraciadamente, en nuestra sociedad altamente centrada en el ego, competitiva y "criticona", eso no existe —o existe en casos tan escasos, que resulta excepcional—.

Teniendo en cuenta la intensidad con la que se manifiesta la fatiga en tu cuerpo, ¿cómo lidias con la práctica de la escalada artificial en solitario, la cual requiere cargar con una gran cantidad de material?

Todo es una cuestión de equilibrio, de armonía, de saber qué hacer, cuándo y cómo. La fatiga puede ser tanto física como mental. Ya se sabe que el ejercicio físico en sí provoca fatiga: una fatiga directa, "clásica", diría; te la esperas; y también está la fatiga provocada por químicos y ruidos —televisiones, radios, etc.—. Es una fatiga matemática, simple, directa, lógica. Pero a generar fatiga contribuyen también otros muchos factores inmateriales, inesperados: es lo que yo llamo la fatiga mental. La presión social, por ejemplo, o el famoso "es lo que debería hacer", o bien las críticas gratuitas, que son extremadamente nocivas, podrían ser casos de este tipo de fatiga. Obviamente, con el tiempo, aprendes a intentar alejar de ti todo ese tipo de fatiga; o, por lo menos, intentas que no te afecte tanto. Pero es agotador. Sabes que hay sitios, paredes, etc., donde no podrás ir simplemente porque allí no aguantarías nada.

Así que gestionar la fatiga en mis aventuras empieza por aceptar, saber, que allí está, que yo soy una mujer que tiene mucha fatiga latente y real, que por un "nada" necesita descansar horas y días para recuperar un mínimo de energía. Preciso que la sensibilidad química múltiple (SQM) y la encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) no son enfermedades psicológicas, como tampoco lo es el autismo. Añado que el autismo tampoco es una enfermedad.

Una persona "sana" igual acabaría una de mis aventuras en menos de una cuarta parte del tiempo que empleo yo para llevarla a cabo. Y, en realidad, eso, para mí, no tiene la más mínima importancia, eso forma parte de mis aventuras, de mi visión de la aventura, de la escalada... El famoso "slowclimbing" —escalada lenta—.

Si un día solo puedo escalar un par de horas, escalo un par de horas. Monto una reunión provisional, y regreso a casa —la hamaca—. Hay veces en las que me equipo —en artifo, equiparse requiere su tiempo por la cantidad de material que se usa—, y me "aplasta" una crisis de fatiga física o mental: entonces tengo que quitarme todo el material de encima, y regresar a casa —la hamaca—. Y me digo: ¡no pasa nada! Lo más importante es saber pararse, identificar la crisis que se avecina y regresar a una situación de reposo cuanto antes, pero, al mismo tiempo y a ser posible, sin prisas ni estrés. Puesto que es con las prisas y el estrés como surgen los accidentes.

Reconozco que toda esa cantidad de material necesario para abrir un nuevo largo en roca desconocida puede generar mucho estrés, y, por lo tanto, mucha fatiga y "desesperación".

A la vez, ese peso se puede dividir en pesos más pequeños. En mi caso, al ser bajita y delgada y con algunas lesiones, puedo cargar con poco peso, así que multiplico los viajes de porteo. En vez de cuatro, hago ocho repartidos en muchos más días, y ya está; y en la pared, cuando escalo, llevo un petatito anexo con material dentro para no cargar con tanto peso encima. La solución pasa por el tiempo, por olvidar las prisas, las presiones, etc. En una aventura de quince días, seis o siete de esos días están dedicados a los porteos de ida y vuelta; simplemente es otra manera de entender la aventura.

Tal vez la clave sea simplemente hacerse aliada del tiempo, y no intentar luchar contra él como suele ser la tónica en nuestra sociedad.

¿Cómo afecta la sensibilidad química a la práctica de la escalada?

2022_mussara_01
Segunda parte del L6 de  la vía Ball a cegues, ball trencat (baile a ciegas, baile roto), La Mussara (Catalunya), marzo 2022

Por suerte, escalo en lugares donde no va nadie, lejos de fuentes de químicos obvios. Pero nunca se sabe, porque muchos químicos no tienen olor, y sin embargo, allí están. Salen de fumigaciones aéreas, o de las chimeneas de las petroquímicas de Tarragona, por ejemplo: los inhalas y luego no entiendes por qué estás tan asquerosamente agotada. Afortunadamente, las paredes donde voy están bastante protegidas de los vientos que podrían provenir de ese sector altamente tóxico de la petroquímica.

Esos días en los que me encuentro peor, me quedo en la hamaca. A veces la cosa dura unos días; otras veces, menos. No importa. Forma parte del juego —de mi juego—. Procuro tener siempre una reserva suplementaria de liofilizados, agua y libros; así elimino otra fuente posible de estrés: el quedarme sin agua ni comida… ni lectura.

El ruido es otro de los inputs más dañinos para mí. Antes de ir a la pared, consulto las fechas de las fiestas de los pueblos que hay en el valle para esquivar la tortura de las discomóviles. De hecho, siempre llevo tapones para los oídos, y así evito entrar en crisis por culpa del ruido.

Para ti, ¿la escalada es parte del problema o parte de la solución en relación a tu forma de relacionarte con la fatiga y la sensibilidad química? En otras palabras: ¿la escalada te ayuda o no te ayuda?

La escalada es mi terapia. Lo descubrí cuando, finalmente, tras más de veinte o veinticinco años alejada de las paredes por razones de salud, pude volver a escalar y me adentré en el mundo de la escalada artificial, que desconocía por completo —de eso hace unos ocho o nueve años—. Empezar a preparar el material para una aventura —preparación que puede durar unas semanas— me permite evadirme del estado de depresión, soñar, salir de la condición de constricción en la que me encuentro.

En la pared, obviamente, no todo es de color de rosa, por decirlo de alguna manera, pero allí estoy en MI mundo, con MIS reglas; por lo tanto, todo es mucho más fácil de gestionar —a pesar de las mil y unas dificultades que implica vivir en un espacio tan diminuto como es el de una hamaca de 190x60cm—: la intemperie, las enfermedades, los ruidos, las maniobras de cuerda, el peso, y, no lo niego, la desesperación pasajera...

En un contexto social tan empecinado con los resultados épicos, heroicos, grandilocuentes, ¿desde qué lugar reivindicas la escalada lenta?

2022_preparacio
Material necesario para una aventura

Es cierto que, como bien dices, nuestra sociedad está centrada en los logros: escalarlo todo más rápido, más esto y más aquello; ser la primera en… Pero, ¿es eso vida? Para mí, la respuesta es un NO categórico. La competición es algo que jamás me ha atraído. Un mundo de comparación que no me interesa. Yo no escalo para nadie más que para mí. Solo busco estar bien, o mejor dicho, estar mejor —o menos peor—. Es una cuestión entre yo y yo, y lo que opinen los demás no me interesa, o no entra en juego. En mi escalada, la opinión de los demás no tiene cabida.

A través de estas escaladas cerca de casa también intento explicar que no hace falta subirse a un avión para vivir una bonita aventura.

La escalada lenta —como la entiendo yo— es una escalada al ritmo de tu cuerpo y de tu mente, de tus capacidades en un determinado momento. Realmente disfruto de cada centímetro escalado. Soy fotógrafa y, aunque la pieza de la que estoy colgada sea precaria, si veo una foto, la tengo que sacar —y, por otra parte, es una manera de asegurarme de que el punto del que estoy colgando, al final, no es tan malo o precario como lo imaginaba...—.

            ¿Correr?: ¿para qué?

            ¿Ir deprisa?: ¿por qué?

            No lucho contra el tiempo, al contrario: el tiempo es mi aliado.

Como decía antes, esto implica que, cuando preparo una aventura, añado siempre algún liofilizado de más, más agua, más libros, más de todo, por si me tengo que quedar más tiempo. Es, simplemente, otra manera de entender las aventuras o de vivirlas.

¿Cómo crees que se recibe la diversidad —la diferencia corporal— en el mundo de la escalada? ¿Es un ambiente acogedor y reconocedor de la diferencia o es un ambiente hostil?

2025_mussara_bc
Campo base en La Mussara (Catalunya)

Desgraciadamente, una parte del mundo de la escalada —como todos los mundos actualmente— es un espacio de críticas, de menosprecios, de ninguneos, de "odio". La cantidad de críticas que he estado recibiendo porque soy mujer, porque tardo veinte días en abrir una vía, porque voy a una pared no muy alta, porque colaboro con algún que otro fabricante de material, es impresionante. Y si hablamos de un mundo ultra mayoritariamente masculino —y machista— como es el de la escalada artificial, la cosa degenera mucho. Además, vengo de fuera, soy relativamente nueva en este mundo, y puedo decir que de odio por parte de escaladores que se piensan dioses, he recibido a toneladas, hasta el punto de tener que alejarme de las redes sociales durante un tiempo. Casualmente, todas, absolutamente todas las críticas provienen de hombres —preciso que esto no significa que todos los hombres sean machistas; los hay que son personas de verdad, y por suerte estoy en contacto con algunos de ellos—.

No entiendo esa necesidad de criticar, menospreciar, aplastar, de ningunear a la otra persona —sobre todo, desde la ignorancia, pero también con una maldad intrínseca de la que ellos, al parecer, no son ni conscientes—; es un problema social y educacional bastante aterrador; un machismo colosal e indeleble. No entiendo esa no aceptación de la diferencia; con lo bonito que es poder aprender de otros, ver que algunas maniobras las hacen de otra manera, que tienen otra manera de percibir, ver, vivir la escalada... o la vida. Con lo bonito que es poder compartir conocimientos, experiencias...

En nuestra sociedad, la diferencia o diversidad es criticable, menospreciable, y eso es una grandísima pena.

Por eso busco paredes donde no vaya nadie, donde no haya gritos, miradas, críticas... Busco silencio; huyo de la fuente de comportamientos que me podrían dañar. Si alguien me puede indicar alguna pared con estas características, y donde se puedan abrir vías, ¡bienvenida sea toda información!

Y, para terminar: en tus proyecciones y charlas asocias de una manera muy íntima la escalada artificial con la libertad, ¿en qué consiste esa relación tan íntima?

Libertad significa, para mí, ser yo misma: un yo autista, con fatiga crónica, sensibilidad química, con depresiones...

Libertad es sinónimo de ninguna obligación, ninguna presión, ningún control externo, nadie que te diga qué tienes que hacer, cómo lo tienes que hacer, por dónde tienes que tirar, nadie que te estrese porque estás tardando en abrir un largo, nadie que te critique porque al cabo de cinco minutos tienes que regresar a casa —la hamaca—, porque tienes una crisis de fatiga, nadie que te critique porque tienes montado tu campo base en la pared y desde allí abres tus vías, o bien porque en veinte días solo has abierto un par de largos o uno solo, nadie que te critique porque mayoritariamente escalas cerca de tu casa, nadie que te critique porque solo quieres ser tú misma y vivir en paz, precisamente lejos de esas críticas, nadie que te critique porque usas tal pieza en vez de aquella que ellos usarían, nadie que te trate de “fake” porque no se creen que se pueda usar tal pieza de escalada como la usas tú… Todas ellas son actitudes “dictatoriales” que nacen de unos egos descomunales, y que, lo repito, son extremamente tóxicas y nocivas.

Libertad significa estar rodeada de naturaleza, hacer amistad con árboles, aves, zorros, jabalíes, corzos y plantas... Charlar con las lagartijas y dejar que ellas te indiquen por dónde tiene que seguir la vía...

Libertad es ser aliada del tiempo, y no competir contra él.

Libertad es ausencia de presión y de control, no depender de nadie, ni que nadie dependa de ti.

Libertad de movimiento, de decisión, de vida, de tiempo, de espacio.

Y yo, en mi hamaca de 190x60cm, soy inmensamente libre.


Si quieres contactar con Geno, puedes hacerlo a través de su perfil de instagram: @genofoto