Intersección entre lo poético y el montañismo: entrevista a Laura Mateo

Laura Mateo es mi amiga. Y, además, es periodista, escribe-hace poesía y escala. Ella y yo hemos hablado en muchas ocasiones largo y tendido sobre la importancia de que las personas con las que mantenemos una relación de amistad sean también nuestros referentes. Laura es mi amiga y es, al mismo tiempo, una brújula. Una de las personas a las que les cuento mis preocupaciones, de las que recibo consejo o aprendo cosas. Admirar a una amiga no es situarla en un pedestal, como sucede con las personas famosas e idealizadas. Es reconocerla como una igual relevante en la vida. La puedo mirara de tú a tú, me puede mirar de tú a tú y, al mismo tiempo, sabemos que nos somos mutuamente importantes.

Aunque habitamos en lugares distantes, hace poco, compartimos algunos días en mi territorio actual. Ella se vino desde Galicia para hacerme una visita a Asturias. Fue durante esos días cuando intercambiamos algunas ideas en relación a la noción de lo poético y su intersección con el montañismo, con la escalada. La conversación no llegó casi a ninguna conclusión certera, pero aparecieron muchas incógnitas alentadoras. De lo que sin duda sí estamos prácticamente seguras es de que lo poético no se circunscribe al lenguaje. Lo poético no es exclusivo de lo que entendemos de forma más habitual por poesía. Un poema no agota las posibilidades de lo poético. El Grupo Surrealista de Madrid ya lo repite hasta la saciedad en sus escritos para recordárnoslo: la poesía ocurre por cualquier medio, por todos los medios. El lenguaje es solo una de sus posibilidades.

Laura despliega lo poético para hablar de su experiencia en la montaña habitualmente. Aunque también lo hace a través del encuadre de sus fotografías, a través de la perspectiva que adopta para aproximarse a la roca y a los objetos —las cuerdas, los mosquetones—. Por esta razón, me parece interesante hacerle algunas preguntas:

¿Cómo se manifiesta lo poético en tu caso a la hora de escalar?

Pienso que lo poético está ligado de una manera muy directa al contacto con lo que está sucediendo, quiero decir, a ser conscientes de dónde estamos, cómo nos encontramos, qué es lo que nos rodea. Las formas que toma el liquen sobre la roca, o la sombra que proyecta un mosquetón en la pared pueden no decirnos nada o ser sumamente poéticos. Pero también el agarrotamiento de los músculos, el sudor pegajoso, lo desagradable, todo lo que en el momento no parece en absoluto poético puede ser narrado después de manera poética. En realidad creo que todo es poético en potencia, o que todo contiene ya a la poesía misma, porque la poesía es una forma de mirar, y de narrar, por lo que todo puede ser mirado o narrado de manera poética. A veces simplemente surge, pero también se pude ejercitar practicando esa mirada.

En la escalada suceden varias cosas al mismo tiempo, por un lado, la propia práctica nos lleva de una manera muy directa al aquí y al ahora, al detalle de lo que tenemos delante y, además, al practicarla fuera entramos en contacto con un entorno que es muy capaz por sí solo de despertar esa mirada poética. Por tanto, no es que la escalada y la montaña sean per se poéticas, pero creo que sí son espacios donde puede resultar fácil ejercitar esa mirada poética, o así lo estoy viviendo yo. Mientras escalo no siempre soy consciente de ello, aunque intento hacer ese ejercicio de fijarme, de ver lo poético en aquello que me rodea, y lo mismo hago después cuando repaso lo vivido y creo un relato. Definitivamente es algo que se entrena.

¿Crees que lo poético tiene que ver con la invención de nuevas sensibilidades hacia las montañas? Y, si es así, ¿qué cambios crees que puede suscitar el entrenamiento de diferentes poéticas a la hora de concebir el montañismo?

Creo que la invención de nuevas sensibilidades hacia las montañas introduce nuevas formas de narrarlas y de hacer poesía con ellas, o a través de ellas. Pero pienso que lo poético siempre ha estado ahí. Además, es posible que ahora nos encontremos en un momento muy concreto de aproximación a las montañas: las hemos vuelto cada vez más accesibles, y cada vez hay más personas que se aproximan a ellas de manera recreativa y sin necesidad de vivir cerca de ellas. Al mismo tiempo se ha asentado la idea de que las montañas son lugares «saludables», o que producen bienestar. Esas nuevas sensibilidades o concepciones, ligadas además a un aumento de la posibilidad de comunicar, seguro han tenido un impacto en la generación de más relatos poéticos —y de otro tipo— sobre las montañas. Pero pienso que lo poético, la capacidad de mirar a las montañas de manera poética, siempre ha estado ahí, incluso en ausencia de relatos.

Respecto a la segunda pregunta, creo que la montaña y la poesía se afectan mutuamente. Es decir, creo que la montaña puede potenciar la mirada poética, pero el propio entrenamiento de la mirada poética afecta también a la experiencia que se tiene de la montaña o de la escalada, y eso a su vez puede generar otros relatos y concepciones... Por lo tanto, pienso que abrirnos a explorar distintas poéticas también nos puede llevar a vivir la montaña de otras maneras, lo que a su vez tendrá un impacto en los relatos que hagamos. Es un bucle, sí. Al mismo tiempo, creo que es inevitable que en ocasiones nosotras también alimentemos concepciones sobre el montañismo que igual preferiríamos no alimentar, pero quiero pensar que también somos muchas las personas que intentamos mirar de otras maneras, crear otras nuevas concepciones, aunque sea de manera tímida, o al menos introducir matices.

¿Crees que en la literatura de montaña hay ejemplos interesantes de poéticas alternativas al discurso dominante? ¿Podrías hablarnos de alguna?

El primer libro que me viene a la mente al pensar en montaña y poesía es uno de los primeros que leí cuando comenzaba a escalar: Bájame una estrella de Miriam García Pascual. Me parece un texto sumamente poético, pero no sé si es un buen ejemplo de alternativa al discurso dominante, porque hay mucho de irse a la otra punta del mundo para escalar, y de «dejarlo todo». Creo que necesitamos narrativas o poéticas que también nos hablen de escaladas entretejidas en la vida cotidiana, que suceden al lado de casa, que trasladen el asombro que se produce también en lo ya conocido, que convivan con todo lo demás, también con lo que hacemos cuando no escalamos o junto a las personas que no escalan. O, por lo menos, que se alejen un poco de la idea de la «expedición», de la «salida de la zona de confort», y todas esas cosas. Creo que puede haber mucha aventura en lo cercano. En ese sentido, en este momento me están influyendo libros que no son exactamente literatura de montaña, pero de alguna forma me remiten a esa manera de vivir la montaña o el contacto con el medio natural. Uno de ellos ha sido Camino de vuelta de Mark Boyle. Recientemente también he regresado a un libro sumamente poético —¡y con montañas!— Creer en las fieras de Nastassja Martin. Y añadiría el poemario Fuego la sed, de María Sánchez, que tampoco es literatura de montaña como tal pero sí un ejemplo de poética de lo cercano, de la tierra, de los elementos... También ando leyendo La montaña viva de Nan Shepherd.

No solo tus textos acerca del montañismo y la escalada son poéticos, sino también tus imágenes. ¿Cómo se ejercita una mirada poética en este ámbito?

Para mí tiene mucho que ver con la pausa, y con el detalle. He participado en algunas ediciones del taller de escritura que coordina Gloria Fortún, y ella nos decía que si, por ejemplo, queremos hablar de un árbol que tenemos delante de nuestra ventana, en vez de decir «hay un árbol delante de la ventana», digamos qué árbol es, que hablemos de sus particularidades. En vez de referirnos a un árbol en genérico, refirámonos al roble, al castaño o al abedul. Y, más aún, describamos el estado de ese árbol concreto, en ese momento, el color, tamaño y apariencia de su tronco y de sus hojas, hablemos de la forma que tiene la luz de caer o pasar a través de él, y de lo que nos está transmitiendo o haciendo sentir. Igual de primeras no sabremos identificarlo, pero eso ya nos llevará a indagar un poco, aprender algo que igual después también se convierte en material poético. Creo que una buena manera de empezar es salir del piloto automático, expandir la mirada, fijarse, y ensanchar la curiosidad.

En una ocasión, durante alguna de nuestras conversaciones, me dijiste que, a causa de la deformación profesional periodística, para ti ha supuesto un reto que no interfiera tu voluntad informativa en tu actividad artística/poética. El deseo de informar y producir contenido que informe de algo no es necesariamente algo que le interese a la poesía. ¿Qué hace la poesía que es diferente de lo que hace el periodismo?

¡Sí! ¡Por momentos ha sido horroroso! Digamos que yo he sido «entrenada» para transmitir «lo que ocurre», «hechos objetivos», o al menos algo cercano a la objetividad (aquí podríamos adentrarnos en otro tema muy complejo). Uno de los asuntos que se planteaban en las clases de periodismo es, por ejemplo, el tratamiento que debemos hacer de las imágenes. Una imagen tomada con fines periodísticos a priori no debería editarse. Evidentemente sabemos que ya solo el encuadre elegido —lo que aparece dentro del marco de la imagen y lo que queda fuera— es una decisión subjetiva, pero, al menos, deberíamos intentar que la imagen resultante sea lo más fiel posible a la realidad. Ahora bien, la poesía… Es otra historia, y no tiene para nada que ver —o sí, pero no necesariamente— con la veracidad.

Además, los textos periodísticos deben ser explicativos, las periodistas debemos dar por hecho que la persona que nos lee no tiene por qué saber nada del tema del que estamos hablando, por eso hay que utilizar un lenguaje comprensible, y explicar los términos, los antecedentes, dar contexto. Lo que me ha ocurrido es que en ocasiones sentía que estaba siendo demasiado literal, demasiado periodística, en mis poemas. Y sentía que necesitaba librarme un poco de esa «programación» para poder explorar otros caminos, ¡permitirme inventar, hacer ficción!

Creo que hay determinados textos periodísticos —como los reportajes— que pueden contener elementos poéticos, pero siempre debe primar lo veraz (con todos los asteriscos que le podamos poner a esta palabra). En cambio, la poesía puede ser a la vez veraz y dar cuenta de algo que ha sucedido, pero no se debe a la veracidad, de hecho, puede prescindir de ella absolutamente, ya que en la poesía adquieren más relevancia otras cosas, como las imágenes, el ritmo, o la transmisión de una sensación.

Y, por último, ¿puedes compartir algún fragmento de algún texto tuyo?

Es un poema escrito originalmente en gallego, pertenece a un poemario en el que estoy trabajando. Dejo las dos versiones.

Preguntámonos polo sentido de habitar a montaña

como nos preguntamos polo sentido de tódalas cousas

que nos fan sentir ben.

Ás veces empeñámonos en buscar unha razón

a algo que o corpo xa sabe

dende sempre.

Interésame todo o que non serve

para nada, o espazo baleiro

que non busca encherse.

//

Nos preguntamos por el sentido de habitar la montaña

como nos preguntamos por el sentido de todas las cosas

que nos hacen sentir bien.

A veces nos empeñamos en buscar una razón

para algo que el cuerpo

ya sabe desde siempre.

Me interesa todo lo que no sirve

para nada, el espacio vacío

que no busca llenarse.