El arte de educar a través del deporte

Por Lucas Pascual del Pobil Vidal | El triunfo debe residir en la sonrisa de un deportista por haber conseguido algo que antes no le salía, en la capacidad de un equipo para sobreponerse ante situaciones adversas.

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La práctica deportiva bien orientada puede permitir a los jóvenes que la practican crear experiencias para su desarrollo positivo tanto emocional, como mental y físico (Larson, 2000), además si tenemos en cuenta que el deporte es la actividad organizada en la que más participan los jóvenes (Larson and Verma, 1999), invita cuanto menos a la reflexión. ¿Hacia dónde está evolucionando la educación deportiva? ¿Estamos aprovechando todo el potencial que existe en el deporte para el desarrollo de conductas positivas en beneficio de nuestros jóvenes? ¿O sólo nos importa un puesto en la clasificación o un resultado determinado?

Lo que sí que tiene que quedar claro es que la práctica deportiva por sí sola, no es capaz de transmitir todo lo bueno que nosotros deseamos que transmita. Hay que cambiar el enfoque, hay que redefinir el éxito. El triunfo debe residir en la sonrisa de un deportista por haber conseguido algo que antes no le salía, en la capacidad de un equipo para sobreponerse ante situaciones adversas con cada uno de los componentes como actor principal, en el aprendizaje de esos momentos, en el disfrute, en el esfuerzo, en el compañerismo, en conseguir anteponer el beneficio del conjunto al tuyo propio, en la felicidad. Sólo así podremos desarrollar el talento que cada uno de los jóvenes que practican deporte poseen en su interior, y hablamos de talento a cualquier nivel, no tiene porqué ser deportivo, aquí está la importancia de cambiar el modelo resultadista que predomina hoy en día, hacia un modelo mucho más integral y de formación personal.

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Cuando hablamos de formación del carácter, debemos entender que se trata de un proceso, en el que las experiencias y enfoque que vamos creando nosotros como profesionales a través de la práctica permitirán al/a la deportista crecer o disminuir a todos los niveles, por ello es importante entender que somos grandes partícipes, tanto de lo bueno, como de lo malo.

El arte de educar, como todo proceso, requiere tiempo, y es importante que nosotros seamos capaces de no ser impacientes ante esos progresos, ya que volveremos a caer en el resultadismo más puro. Hay un refrán que dice que “La paciencia es la madre de toda ciencia”, y para nuestra ciencia que es la de crear mejores personas a través del deporte, esta habilidad es indispensable, además de la perseverancia y la constancia. Con paciencia se consigue disfrutar de todo el camino que se crea para conseguir el resultado final, y además se es consciente de la evolución de cada uno de los/las deportistas, pudiendo así individualizar mucho más la enseñanza. Tu actitud frente a los errores y hacia el trabajo de los jóvenes marcará también la influencia que puedas ejercer sobre ellos.

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Referencias:

- Holt, N. L. (2008). Positive youth development through sport. New York, NY: Routledge.
– Larson, R. (2000). Toward a Psychology of positive youth development. American Psychologist, 55(1), 170-183.
– Larson, R., & Verma, S. (1999). How children and adolescents spend time across cultural settings of the world: Work, play and development opportunities. Psychol Bull, 125(6), 701-736.

Artículo de Lucas Pascual del Pobil Vidal para el portal de recursos MVP SPORT

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