Entrevista a Hilo Moreno

Antártida: un retrato

Hace poco, escribía yo acerca del círculo polar ártico y entrevistaba al guía de alta montaña, Pablo Santiago, para hablar sobre el asunto. Entre otras cosas, en aquella ocasión, salíó a relucir la dimensión imaginaria asociada al espacio más boreal. Existe todo un entramado de imágenes, ideas y anhelos vinculado al círculo polar ártico. Y, de igual manera, existe todo un universo simbólico relacionado con las antípodas: la Antártida. ¿En qué consiste este nuevo ensamblaje visual y conceptual? ¿En qué consiste la imaginería que tiene que ver con lo antártico?

Por un lado, la Antártida fue durante muchos años el último rincón del planeta por explorar. La carrera para la conquista del polo sur, como sabemos, está íntimamente ligada a una serie de apellidos: Amunsden, Scott, Shackleton, Mawson... Por aquel entonces, el frío y el hielo eran los enemigos a combatir. Pero, una vez «descubierto», el continente antártico ha evolucionado hacia otro tipo de manifestaciones afectivas y subjetivas: ahora, el hielo es aquello que se protege; ahora, la Antártida es uno de los símbolos que representan la fragilidad de lo salvaje ante el cambio climático. El espacio ha quedado consagrado a la ciencia. No hay otro tipo de presencia humana sobre el terreno. No voy a dar mucho más la turra con este tema, porque ya realicé en su día un análisis en profundidad en relación al rol cultural que juega la Antártida en los tiempos que corren y que se puede leer en el blog Antecima Anticima. Y no voy a dar mucho más la turra, además, porque me gustaría cederle la palabra a Hilo Moreno, que trabaja, entre otras cosas, como guía polar en la base antártica española Juan Carlos I:

Recientemente, en una entrevista que te hizo Àngels Barceló, explicabas que tu deseo de trabajar en tierras polares nació de la literatura: de la literatura polar y de la literatura de expediciones. ¿Qué brota de la literatura procedente de la llamada Edad Heroica de la Exploración Antártica y de la literatura que retrata dicha época? ¿Qué brota de la literatura que narra los viajes a los polos? ¿Qué es concretamente lo que te enganchó? ¿Es todo virtud lo que brota de dicha literatura? ¿Cuál es su parte oscura?

La literatura polar es amplia y toca muchos y muy variados elementos. Es un paraguas bajo el que se encuentran aventuras, ciencia, historia o deporte. Dentro de la historia de la exploración polar, hay varios contextos y cada uno de ellos generó un tipo de literatura diferente. En la llamada Edad Heroica de la exploración polar, se produce la literatura que, imagino, más ha calado o es más famosa. Es aquella basada en la épica de la supervivencia y en un puñado de historias increíbles donde un grupo de gente se expone a unas condiciones brutales. Por lo general, lo hace en pos de una conquista geográfica con un marcado carácter nacionalista, hay mucha competición entre naciones y una obsesión por generar héroes. Muchos de estos elementos han calado muy hondo y creo que el arquetipo que tenemos de explorador está basado en esa idea, aunque, en mi opinión, está desfasado y necesita una resignificación ya. En esta literatura, abundan las buenas historias, historias increíbles, que es lo que nos engancha. También fascinación por el medio y por el espíritu de exploración, algo que, opino, está dentro de todos nosotros y de alguna manera siempre nos engancha. Pero también genera esa imagen del explorador tan masculina, con esos valores tan asociados que bien merecen otra mirada. Todo ello revestido con mucha épica y mucha heroicidad. En realidad, la exploración la realiza gente de a pie que se sitúa en un medio extraordinario y las condiciones les obligan a realizar hazañas difíciles.

Como consecuencia de tu trabajo en la base antártica española Juan Carlos I y de tu colaboración con Ramón Hernando de Larramendi en el desarrollo de campañas de apoyo a proyectos científicos a bordo del Trineo de Viento, has desplegado también una faceta profesional como divulgador polar. Teniendo en cuenta la orientación simbólica y narrativa asociada a la Ántártida, teniendo en cuenta la existencia de una serie de clichés o de discursos prefabricados, ¿cómo te posicionas tú al hablar sobre la Antártida? ¿Cuál es el punto de vista y el vocabulario que eliges para tus charlas?

A mi me gusta señalar que la Antártida es un ejemplo de muchas cosas positivas para la humanidad, que no es territorio de héroes, sino de personas de a pie que han conseguido, tras mucho esfuerzo, crear un santuario dedicado a la paz y a la ciencia. Y ello se cumple. Mucha gente no sabe que cientos de personas de nuestro país van cada año a este rincón del mundo a realizar investigaciones o a intentar hacer que ello sea posible (los técnicos, como es mi caso). Me gusta señalar que las regiones polares son un centinela del estado de salud de nuestro planeta y por ello es importante su estudio. También me gusta hablar de la importancia de la creatividad y de otras miradas más allá de las deportivas cuando abordamos un espacio de sus características. El Trineo de Viento y su condición de laboratorio polar móvil es un buen ejemplo de ello, o las colaboraciones que realizo con artistas en ambos polos para crear una perspectiva diferente que se aleje del típico explorador que avanza esquiando y tirando de su trineo durante semanas a la conquista del polo sur, que está muy bien también, pero resulta muy limitada y repetitiva.

En El Señor de los Anillos, Tolkien pone en boca de uno de sus personajes —Gandalf— la siguiente frase: «aquel que quiebra algo para averiguar qué es ha abandonado el camino de la sabiduría». ¿Rompen algo los científicos y las científicas en la Antártida al hacer sus investigaciones? ¿Está justificada la presencia humana en ese paraje hasta hace poco inhabitado por los seres humanos? ¿Queda justificada dicha presencia porque se produce en nombre de la ciencia?

Gandalf es muy sabio, pero hay que hacer excepciones. La investigación en estas zonas tan protegidas y prístinas tiene un impacto inevitable. Más que justificar o no dicho impacto, yo creo que hay que trabajar para reducirlo. Antes, ni siquiera nos planteábamos esta situación, pero ahora somos mucho más conscientes y en nuestra mano está impactar en menor medida. Otra vez el Trineo de Viento es buen ejemplo. Se trata del único vehículo polar con cero emisiones que baja por los casquetes polares haciendo ciencia, empleando solo la energía del viento. Incluso el Trineo tiene su impacto, muchísimo menor que otros vehículos de combustión, pero lo tiene. Hay que emplear la creatividad para que nuestro paso por estas zonas sea más desapercibido. No por ello hay que dejar de investigar, todo lo contrario. En este contexto de calentamiento global, necesitamos muchas más respuestas para saber cómo actuar. Para ello, es imprescindible nuestra condición de observadores/investigadores in situ.

Además de trabajar como guía en la base Juan Carlos I, en la Antártida, acompañando al personal científico, también has trabajado como guía para artistas —acompañaste hasta Groenlandia a Rubén Martín de Lucas para su proyecto Iceberg Nations, por ejemplo— o como guía de montaña. Te voy a hacer la misma pregunta que le planteé a Pablo Santiago: teniendo en cuenta la sensibilidad ecológica de muchos de los espacios que habitas para tu desempeño profesional, ¿crees que existe una forma respetuosa y ecosocialmente comprometida de viajar hoy en día?

Sin duda creo que existe esa manera. Apoyar a proyectos científicos o a determinadas iniciativas artísticas en estos lugares amenazados es una manera de hacerlo. Lo que creo es que hay que intentar desarrollar una mirada nueva hacia dichos espacios, donde se enfaticen los desafíos que estas zonas atraviesan: generar interés hacia el lugar en sí y promover su conocimiento y protección.

Háblanos del packraft. ¿Permite el packraft construir una aventura cercana, sin tener que consumir kilómetros de combustible?

¡Si! El packraft es una herramienta de exploración que, además de permitir una aproximación más pura y bonita en su estilo, evita consumir combustible minimizando su impacto. Se trata de un kayak hinchable de pequeñas dimensiones con un peso muy ligero (menos de 4 kilos). Ello hace que te lo puedas echar a la mochila y llevarlo allá donde quieras. Al ser hinchable y de poco peso, permite navegar en aguas muy someras; además, no erosiona el fondo, como pueden hacer las canoas u otras embarcaciones más pesadas. Es por ello por lo que se usa en muchos muestreos científicos de cursos de agua sensibles. En el mundo de la aventura, permite aproximaciones lejanas a golpe de remo o descensos de ríos remotos para los que transportar una embarcación habitual (25 kilos, aproximadamente) puede ser una tortura.

Y por último, ¿en qué consiste lo salvaje en la Antártida? Existe una imagen generalizada que dibuja la Antártida como una región blindada al impacto humano. Sin embargo, allí están las bases científicas —muchas de ellas cuentan incluso con capilla—; en su territorio, se ha adentrado el Trineo de Viento; y en la zona costera, como describías también en la entrevista que te hizo Àngels Barceló, cada vez se ven más cruceros. ¿Qué es lo salvaje, entonces? ¿Es solo un concepto? ¿A qué realidad material se refiere «lo salvaje»?

La Antártida es un continente tremendamente salvaje. La presencia del ser humano es mínima y se reduce a zonas muy concretas. Pero está creciendo, cada vez hay más actividad científica y cada vez, más turismo. El interior de la Antártida es una extensión enorme de hielo donde no hay nada, solo nieve y viento, las personas que lo habitan lo hacen en pequeñas bases separadas: algunas veces, a miles de kilómetros unas de otras.  Puede ser la definición más brutal de salvaje. Es el terreno donde hemos viajado con el Trineo de Viento; pero no por recorrerlo, deja de ser salvaje y remoto.

En las costas, se encuentra la mayor parte de las bases científicas, pues su logística junto al mar es más sencilla y están más cerca de la civilización. Es en alguna parte de estas costas, en la península antártica, donde el turismo se ha disparado. Desde hace unos siete años, las cifras han explotado y realmente cada vez se ven más cruceros por sus aguas. Se trata sin duda de una amenaza, pues el ecosistema es muy frágil y sufre mucho cualquier impacto. Aún así, hablamos de una parte mínima del continente blanco; pero es un reflejo, al mismo tiempo, de nuestra sociedad y su ansia por llegar a todos los rincones.