Un bloguero de viajes se enfrenta a 8 años de cárcel en Azerbaiyán por visitar un país que no existe

Aleksandr Lapshin, un conocido bloguero de viajes ruso-israelí ha sido extraditado desde Bielorrusia a Azerbaiyán por visitar Nagorno Karabaj en Armenia, enfrentándose a 8 años de cárcel.

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Un conocido bloguero de viajes ruso-israelí, que también es titular del pasaporte ucraniano, ha sido extraditado de Bielorrusia a Azerbaiyán por visitar el territorio del país vecino de este último, Armenia, tras la guerra entre estos dos países que comenzó cuando aún formaban parte de la Unión Soviética.  Por ello, el bloguero se enfrenta una pena de ocho años de cárcel.

El portal Global Voices, del que hemos extraído la noticia, debe la redacción de esta historia a Ilya Varlamov, bloguero ruso tambíen muy conocido, que elaboró el magnífico artículo “¿Qué es lo que sabemos?”, cuando el bloguero Aleksandr Lapshin, que dice haber visitado 122 países diferentes, se encontraba detenido en Bielorrusia en enero.

Dada la complejidad de este caso, tiene sentido proceder del mismo modo que Varlamov, es decir, respondiendo a las preguntas más inmediatas que la situación nos plantea.

 

¿Qué es lo que Azerbaiyán dice que Alexander Lapshin ha hecho?

 

Según el fiscal estatal azerí, Lapshin se enfrenta a una condena de hasta ocho años de cárcel por los cargos de “hacer llamamientos en contra del estado” y “cruzar ilegalmente las fronteras estatales de Azerbaiyán”. Además, la agencia rusa Sputnik cita al fiscal:

En su perfil de Facebook, [Lapshin] propagó el régimen ilegal existente en el territorio azerbaiyano ocupado, donde trató al territorio de Nagorno Karabaj como estado independiente. El 6 de abril y el 29 de junio de 2016, Lapshin hizo en su página una petición de apoyo a la “independencia” del régimen ilegal existente en el territorio tomado por Armenia, cuya [pertenencia a Azerbaiyán] está reconocida internacionalmente.

 

¿Realmente hizo esto?

 

Con respecto al primer cargo de “hacer un llamamiento público” contra el estado azerbaiyano, cargo al que se enfrentan opositores de gobiernos autoritarios en países de todo el mundo, Varlamov argumenta que es difícil de verificar. Un amigo cercano a Lapshin ha estado actualizando su blog desde que fuera detenido en Bielorrusia. Sin embargo, las entradas ni confirman ni niegan que Lapshin realmente haya escrito esas publicaciones.

Es posible que posteriormente Lapshin eliminara esas publicaciones de Facebook a las que el fiscal azerbaiyano hace referencia. Pero hay que mencionar que Lapshin en ningún momento incluye Nagorno Karabaj en la lista de “países” que ha visitado de su blog, como se podría pensar que haría un verdadero defensor de la independencia del territorio.

En cualquier caso, resulta muy raro que Lapshin haya sido extraditado por los cargos de “hacer un llamamiento” contra un estado donde ni ha nacido ni ha sido ciudadano, y donde probablemente tampoco se encontrara cuando “hizo ese llamamiento”:

Así, parece que la justificación legal para su extradición fuera el segundo cargo, “cruzar ilegalmente la frontera estatal de Azerbaiyán”, del cual es técnicamente culpable.

Como Azerbaiyán todavía reclama la jurisdicción sobre Nagorno Karabaj (es más, la ONU está de su parte en este punto) el gobierno azerbaiyano exige que cualquier persona que quiera visitar el país primero haga una solicitud para entrar.

Parece que Lapshin no cumplió con este requerimiento para ninguno de sus viajes entre 2011 y 2012, por lo que fue incluido en la lista negra y se le prohibió la entrada en Azerbaiyán. Sin embargo, haciendo caso omiso de esta prohibición, consiguió entrar en Azerbaiyán gracias a su pasaporte ucraniano, donde aparece con el nombre de Oleksandr en vez Aleksandr, con lo que burló el control de aduanas. Posteriormente, se jactó de esta proeza en una publicación que ha sido eliminada, lo que llevó al bloguero ruso Illya Varlamov a concluir que la moraleja extraída de la detención de Lapshin es “no seas idiota”. Varlamov se retractó de esta opinión más tarde, cuando los lectores del blog la calificaron de excesivamente dura.

Para aquellos que no estén familiarizados con las dificultades que uno se encuentra cuando viaja por el Cáucaso, el propio Lapshin escribió en un artículo que sigue en línea, justo antes de su viaje a Karabaj en 2011:

Vuelo a Ereván, y de allí iré directamente a Azerbaiyán a través de Georgia. […] Como saben, el asunto de Nagorno Karabaj y Armenia es de extrema sensibilidad para la guardia fronteriza azerbaiyana. Los servicios de seguridad de Azerbaiyán retienen a muchas personas que intentan entrar al país, sometiéndolas a un exhaustivo registro e interrogatorio por el mero hecho de tener un sello armenio en sus pasaportes. Además, puede que te nieguen la entrada al país (e incluso que te tengan retenido durante un par de días) si tienen alguna razón para sospechar que hayas estado en Nagorno Karabaj previamente, ya que lo consideran como territorio [azerbaiyano] ocupado ilegalmente. Así que, ¿para qué arriesgarse a [cruzar] y esconder la tarjeta de memoria de la cámara, que supondría una prueba evidente de haber estado en Nagorno Karabaj? Me es mucho más fácil empezar en Azerbaiyán, ir luego a Georgia y terminar en Armenia [para así visitar Nagorno Karabaj].

 

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Mapa de Nagorno Karabaj. [Conflicto de Nagorno-Karabaj. Fronteras actuales. Amarillo: Territorio de Azerbaiyán bajo el control de las fuerzas militares armenias. Marrón: Nagorno Karabaj.]

 

¿Por qué decidió Bielorrusia extraditar a Lapshin?

 

Lapshin fue detenido el 13 de diciembre por las autoridades de Bielorrusia en base a una orden de captura emitida por la Interpol a petición de Azerbaiyán y fue retenido durante casi dos meses antes de ser extraditado a Azerbaiyán el 7 de febrero.

Interpol suele satisfacer las peticiones de gobiernos autoritarios de poner a sus enemigos políticos en su lista, donde normalmente permanecen hasta que un tercer país los detiene antes de soltarlos. Así que no es de extrañar que Lapshin fuera incluido en la lista y, posteriormente, detenido por Bielorrusia.

La decisión de Bielorrusia de retenerlo durante tanto tiempo (el amigo de Lapshin afirma que ha habido maltrato, sin llegar a tortura) antes de extraditarlo es de lo más extraño, los asuntos internacionales pueden haber intervenido.

Oficialmente, el presidente de Bielorrusia Aleksandr Lukashenko, declaró que la decisión de extradición se llevó a cabo “en concordancia con la ley”. Sin embargo, parece poco probable que haya sido así. Ya antes Bielorrusia ha detenido personas incluidas en la lista de Interpol de países amigos (en ocasiones durante largo tiempo), para después ponerlos en libertad.

La clave en este caso puede ser la objeción que puso Rusia ante la detención y extradición de su ciudadano. La relación de Bielorrusia y Rusia, plagada de altibajos, se encontraba en un punto bajo cuando Lapshin fue detenido, y, desde entonces, sólo ha ido a peor.

El 8 de febrero, el Ministro de Exteriores ruso expresó su “profunda decepción” ante la decisión de extradicón por ir en contra de “los lazos de amistad entre aliados – Rusia y Bielorrusia”. Pero cualquiera que haya visto fragmentos de la reciente conferencia de prensa de Lukashenko, de unas siete horas de duración y repleta de críticas acérrimas al Kremlin, difícilmente hubiera descrito esos lazos como amistosos.

Israel también se opuso a la extradición, mientras que Ucrania, que necesita todo el apoyo internacional posible con respecto a la agresión de Moscú (especialmente de antiguos estados soviéticos como Bielorrusia y Azerbaiyán) ha decidido no pronunciarse al respecto.

 

¿Ocho años? ¿En serio?

 

Seguramente no. Merece la pena mencionar la entrevista realizada a Kyamil Salimov, experto azerbaiyano en seguridad nacional y partidario del gobierno, en Sputnik, medio de comunicación local del gobierno ruso, el 8 de febrero, donde dijo:

Tan sólo veo que los líderes de Azerbaiyán y Bielorrusia mostraron seguridad política en el manejo de este asunto. No creo que en el caso de Lapshin haya un castigo severo. Probablemente, el presidente de Azerbaiyán será indulgente con él.

 

A juzgar por la naturaleza de sus otras entrevistas, en las que fielmente sigue la línea oficial del gobierno, es probable que el pensamiento de Salimov y el del propio gobierno azerbaiyano estén en concordancia. Una condena dura pondría al caso en el punto de mira de la comunidad internacional, donde, hasta ahora, apenas ha sido mencionado en los medios de comunicación. Además, sería objeto de duras críticas de Occidente. Mayor es el interés de Azerbaiyán de mantener a su antiguo aliado, Israel, de su lado, así como a Rusia, responsable del armamento de ambas partes en el conflicto de Nagorno Karabaj.

Incuestionablemente angustiosa será la espera para el bloguero de Lapshin, cuya ingenua incursión en asuntos políticos le ha costado ya su confinamiento en manos de dos de los peores abusadores de derechos del mundo.

 

Nagorno Karabaj, de nuevo

 

El arresto de Lapshin constituye una prueba de que Azerbaiyán no tiene prisa en aflojar su postura con respecto a Nagorno Karabaj, que formó parte de su territorio en tiempos de la Unión Soviética, a pesar de que la etnia armenia superaba en número a la azerí, en una proporción de 4 a 1 antes de la ruptura.

El año pasado presenció una de las peores luchas sobre el territorio desde que el conflicto cesara formalmente en 1994 y el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev (o uno de sus empleados) ya antes ha usado Twitter para amenazar con una invasión a gran escala.

Armenia, por su parte, tiene pocos incentivos para entregar el bello territorio mediterráneo a Azerbaiyán, dada la falta de presión para que lo haga, especialmente por parte de Rusia, considerada como árbitro en el conflicto.

El riesgo de guerra entre los dos países sigue estando vigente, y este fragmento del blog Accidental Geographer sobre la situación en punto muerto es tristemente más relevante que nunca:

La guerra se ha convertido en la fuente más valiosa y abundante de combustible para la maquinaria de propaganda de los regímenes. Cada noche, los medios locales anotan cuentas diarias desde el frente, o informes de una nueva adquisición de armas que inclinará el campo de batalla a su favor. El constante estrépito de medios tiene la intención de crear un sentido de deber nacional y patriotismo, y de distraer la atención de problemas que interesan más a la vida diaria –falta de acceso a buenos trabajos y servicio básicos; y una situación económica que se deteriora y que va a empeorar antes de mejorar.

 

Artículo de Akhal-Tech Collective y traducido por Maribel Pedersen publicado originalmente en Global Voices 


 

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