Nuevas recomendaciones con grandes clásicos de la literatura de aventuras

Nueva entrega de la sección en la que apuntamos de la mano de nuestro colaborador Ricardo Martínez Llorca aquellos libros que, a nuestro juicio, nadie debería perderse.

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Richard Halliburton, un auténtico aventurero y pionero

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Rumbo-a-la-aventura

 

 

Rumbo a la aventura

Richard Halliburton

Abada

Madrid, 2017

540 páginas

 

 

 

Este libro es un clásico de los libros de viajes de principios del siglo XX, inédito hasta ahora en español. Fue el primer libro de Richard Halliburton, publicado por un exultante joven de veintitrés años después de una aventura de seiscientos días, sin apenas equipaje ni dinero, que lo había llevado desde Gibraltar hasta el Fujiyama. Reproducimos las 57 fotografías de la edición original de 1923. La edición, en pequeño formato, exquisita, con una tipografía deliciosa y un papel que nos remite a los viejos buenos tiempos, nos hará reconciliarnos tanto con la actividad de las expediciones como con la de la lectura. Una delicia.

Richard Halliburton (1900-1939) durante más de 20 años vivió grandes aventuras como cruzar los Alpes montado en un elefante, volar bocabajo en un biplano sobre el Taj Mahal, escalar montañas, explorar selvas e intentar cruzar el océano Pacifico desde Hong Kong hasta San Francisco en un junco chino, donde desapareció y se le dio por muerto.

Dejó un buen legado en forma de libros escritos sobre sus vivencias y aventuras, que hoy en día siguen siendo el libro de cabecera de muchos expedicionarios. Pero el hecho por el que, quizás, más se le recuerde a Richard Halliburton fue por haber cruzado a nado y longitudinalmente el Canal de Panamá entre el 14 y el 23 de agosto de 1928. La tarea más complicada fue el hecho de intentar convencer a las autoridades para que cediesen los permisos oportunos para llevar a cabo tal empresa. Tras la preparación de esa emocionante y arriesgada aventura se encontraban centenares de horas de negociación, burocracia y discusiones.

Todo estaba preparado, solo faltaban los permisos y éstos llegaron en forma de carta enviada por el gobernador M. L. Walker, en el que a través de un documento concedía la autorización. El 14 de agosto de 1928 se puso todo en marcha y Richard Halliburton comenzó el reto que se había propuesto. Tal y como le indicaba en la autorización del gobernador Walker, Halliburton fue acompañado por un bote con un tirador preparado para disparar en caso de cruzarse con algún caimán.

Para realizar dicha hazaña y evitar cualquier tipo de contratiempo a la hora de cruzar las esclusas, Richard Halliburton se registró como SS Halliburton, de esta manera tuvo que pagar el peaje establecido que iba en función al tonelaje del buque, que en este caso era un peso de 63 kilos (140 libras). Ese se convirtió en el peaje más barato de la historia del Canal de Panamá, ya que el SS Halliburton tuvo que pagar la cantidad de 36 centavos de dólar.

Fuente: Naukas


Viaje-a-pie

 

 

Viaje a pie. Mar de nubes

Julio Villar

Súa Edizioak

 

 

 

 

Nueva edición aumentada de un clásico de los viajes por los Pirineos. La poesía de Julio Villar atrapa nuestro corazón con este relato intimista y personal de su viaje a lo largo de la cordillera pirenaica. A los textos de juventud, el autor ha añadido en esta nueva edición ‘Mar de Nubes’, un relato escrito desde la perspectiva del paso de los años.

Julio Villar es uno de los grandes personajes, uno de los imprescindibles, dentro de la historia del alpinismo español. Donostiarra, nacido en 1943, fue un alpinista puntero durante muchos años. Sus escaladas en los años 60 de la oeste de Dru, de la norte del Badile, pero sobre todo la segunda repetición de la mítica oeste del Naranjo en 1963 con A. Rosén y J. M. Régil, le encumbraron a un puesto privilegiado en nuestro alpinismo de dificultad.

Poco más tarde, en 1966, en un intento de escalada de la arista de Peuterey al Mont Blanc, entonces apenas ascendida, sufre un grave accidente que tras varias y complicadas operaciones le obligan a abandonar la práctica del alpinismo.

Muy poco después, en 1968, con 25 años, su ansia de libertad y su curiosidad innata por conocer el mundo y sentir la vida le sitúan sobre un pequeño velero de siete metros, el Mistral, en el que durante algo más de cuatro años realiza la primera vuelta al mundo de un español en solitario y en una de las embarcaciones más pequeñas de las que han realizado la circunnavegación del planeta.

Producto de aquel viaje fue ¡Eh Petrel! Cuaderno de un navegante solitario (1974), una obra mítica para una generación... o varias, pues se ha reeditado en una docena de ocasiones, gracias a la cual muchos hemos soñado con lugares lejanos vividos con emoción, introspección, valentía y sensibilidad. Una joya que no debe faltar en cualquier biblioteca de quienes gustan del viaje, la naturaleza y la aventura.

Más tarde Julio vuelve a las montañas y forma parte de la expedición vasca al Everest de 1974; posteriormente se ha dedicado, entre otras cosas, a guiar pequeños grupos en travesías por las montañas españolas. Sin embargo, lo que le identifica y caracteriza es su alma libre, llena de sentido poético, con la que observa el mundo de su alrededor. Fruto de esa actitud es Viaje a pie, editado en 1986, reeditado en 1993, que ahora estaba agotado... en el que narra un viaje hermoso y tranquilo, que le lleva caminando desde su País Vasco a Cataluña, pasando por Navarra y Aragón.

Julio es un extraordinario conocedor de los rincones más delicados y ocultos del Pirineo, pero también puede hablar con absoluto conocimiento, pasión y finura de las Alpujarras o del Maestrazgo y de tantos y tantos otros lugares donde haya paisajes con esencias.

Fuente: Desnivel


Las-ambiciones-de-Janet--Franklin

 

 

Las ambiciones de Jane Franklin. Una aventurera victoriana

Alison Alexander

Casiopea

401 páginas

 

 

 

 

Conocida por la búsqueda intrépida, enviando expediciones a la búsqueda de los restos de la expedición de su marido, John Franklin, quien falleciera navegando para hallar la ruta del Paso Noroeste en 1845. Hasta 2016 no se encontraron los restos, en una bahía del Ártico. En su interior había indicios de canibalismo. Una forma de revivir las grandes expediciones sin mapas, en los territorios más inhóspitos del mundo, y los vínculos entre la burguesía y los mercaderes con los aventureros: el Paso del Noroeste resultaba imprescindible para abaratar el comercio que tenía que atravesar América por el norte helado.

Una viajera incansable, Jane Franklin (1791-1875)

En la capilla de San Juan Evangelista de la Abadía de Westminster, se erige un busto en memoria de John Franklin, un explorador británico que desapareció en una expedición por el Ártico. En el memorial al que fue también gobernador de la isla de Tasmania se puede leer: Este monumento fue erigido por Jane, su viuda, quien, después de una larga espera y de enviar a muchos en su busca, partió ella misma para encontrarlo y reunirse con él en el reino de la luz. La viuda era Jane Franklin, una mujer durante décadas olvidada pero que en su tiempo se convirtió en la dama británica más famosa, con permiso de la reina Victoria.  

Jane Griffin nació el 4 de diciembre de 1791 en Londres. Jane fue la tercera hija de los cuatro vástagos de John Griffin y su esposa Jane Guillemard, una familia de tejedores de seda. En 1795 fallecía su madre. Su padre no se volvió a casar dejando a sus hijos, Fanny, John, Jane y Mary al cargo de una ama de llaves. En su infancia, Jane vio morir a su único hermano, John, quien falleció con tan sólo catorce años. Cuando tenía diez años, ella y su hermana pequeña Mary, fueron enviadas a estudiar a un internado. Allí permaneció hasta los diecisiete años cuando una infección de garganta la obligó a volver a casa. Poco tiempo después, un tío materno, casado y sin hijos, se la llevó a vivir a Oxford donde se encargó personalmente de su educación.

De vuelta a Londres, Jane Griffin pasó los siguientes años estudiando de manera autodidacta, acumulando lecturas y disfrutando de los viajes que realizaba junto a su padre. En el invierno de 1828, cuando aún no había cumplido los treinta y siete años, Jane se casó con un reputado explorador. John Franklin, de cuarenta y dos años, era viudo y tenía una hija, Eleanor. Poco después era nombrado caballero, convirtiéndose en sir John y su esposa en lady Franklin.

Jane nunca tuvo un sentimiento maternal y, a pesar de que se preocupó del bienestar de la hija de su esposo, no sintió por ella un afecto profundo. Los primeros años de matrimonio, la pareja viajó por el Mediterráneo. John había sido destinado a un barco, el Rainbow, en 1830, y su esposa no estaba dispuesta a quedarse en Londres, a pesar de que no estaba muy bien visto la presencia de mujeres en ninguna expedición. Además, Jane pasó mucho tiempo separada de su marido, emprendiendo su propio viaje, acompañada de su padre y de una pareja de norteamericanos. A lo largo de tres años, desde 1831 hasta 1834, Jane pisó distintos países de Oriente Próximo, viajó por Turquía, Egipto y llegó hasta España y Marruecos. En algunas de las escalas se encontraba con John pero no parecía que tuviera necesidad de vivir a la sombra de su marido. 

La pareja se reencontró en Londres y después de rechazar una oferta como vicegobernador de Antigua, John Franklin aceptó el mismo título pero en la Tierra de Van Diemen, la actual isla de Tasmania, en Australia. Por aquel entonces, era una de las colonias británicas más importantes y John decidió empezar una nueva vida en las Antípodas, acompañado de Jane y de su hija Eleanor. 

En el verano de 1836, los Franklin embarcaron en el Fairlie iniciando una travesía de cuatro meses que les llevaría hasta Hobart, la capital de la colonia. Durante los años en los que John Franklin fue gobernador de la Tierra de Van Diemen, Jane no se conformó con el papel de "esposa de" organizando fiestas para las damas respetables y dedicándose a las tareas domésticas y femeninas que ella detestaba. Jane creó una sociedad científica, la Sociedad de Tasmania, con museo y revista científica incluidos, creó una gliptoteca, trabajó para mejorar las estructuras organizativas de los terratenientes de la colonia y, por supuesto, asesoró a su marido en las decisiones del gobierno colonial.

A Jane Franklin le quedó tiempo para realizar varios viajes por Australia y subir distintas montañas, como el monte Wellington, de 1274 metros, y que coronarían personajes de la talla de Charles Darwin.

Once años después de su llegada a la Tierra de Van Diemen, en enero de 1844, John Franklin era destituido de su puesto de gobernador tras un largo proceso de desprestigio por parte de sus enemigos en el que las críticas a su esposa "metomentodo" fueron constantes. A pesar de que Jane Franklin viajaría en los años venideros por medio mundo, nunca más volvería a pisar aquellas tierras. 

De vuelta en Inglaterra empezaría un periodo difícil para los Franklin. John decidió unirse a una expedición para resolver la cuestión del paso del Noroeste, el camino que debía unir los océanos Atlántico y Pacífico por el norte, atravesando el océano Ártico. La aventura era peligrosa y Jane no estaba muy convencida de darle el beneplácito a su marido quien, finalmente, decidió zarpar. Era el 19 de mayo de 1845. Doce años después, tras una búsqueda incansable, la expedición fue dada por desaparecida.

En los primeros años de ausencia, Jane Franklin disfrutó de su libertad viajando. Pero cuando la falta de noticias de su esposo empezaron a alargarse en el tiempo, la angustia se apoderó de ella. Jane no se dio por vencida, incluso cuando el Almirantazgo británico les dio por muertos. Empeñada en reencontrarse con su marido, intentó organizar expediciones de rescate por su cuenta, buscando ayuda privada y dirigiéndose incluso a los altos dignatarios del mundo. Fue tal su empeño que su nombre y su incansable lucha por recuperar a su esposo se conocía en todo el mundo.

Una vez aceptó que John no iba a regresar, decidió hacer algo por él. Restablecería su memora y haría de él un hombre célebre. Jane Franklin reclamó para su marido el mérito de haber descubierto el Paso del Noroeste, algo que muchos otros en aquellos momentos de auge descubridor se abogaban como propio. Pero nadie iba a ponerse en el camino de aquella dama excéntrica, cabezota y luchadora hasta las últimas consecuencias.

Cuando la Real Sociedad Geográfica decidió conmemorar el descubrimiento de John Franklin otorgó a su viuda la medalla de oro de sus fundadores, convirtiéndose en la primera mujer en recibir dicho reconocimiento. 
Jane Franklin era entonces una mujer que rallaba los setenta años. Pero lejos que quedarse en casa bordando, emprendió un largo viaje que la llevó por el continente americano y Japón. De vuelta a Inglaterra aún tuvo energía para encargar un busto de su marido y velar porque fuera colocado en la Abadía de Westminster de Londres. Jane Franklin había superado los ochenta y su cuerpo empezó a apagarse hasta que falleció el 18 de julio de 1875. 

Fuente: Mujeres en la historia


Hay-dioses-en-el-olimpo

 

 

¿Hay dioses en el Olimpo?

Héctor Oliva

Librooks

2017

344 páginas

 

 

 

 

 

¿Se posó el arca realmente en el Ararat? ¿Quién fue el emperador alpinista? ¿Por dónde cruzó Aníbal los Alpes con su ejército de elefantes? Este apasionante libro da respuesta a estas preguntas mezclando en un bote montañismo e historia de la antigüedad. El resultado es un mejunje combinado a do¬sis desiguales de viajes, geografía, historia, naturaleza, y, por supuesto, montañas. Arqueología y mitología contadas con un espíritu divulgativo, didáctico, ameno y la mar de divertido. Una obra que no pierde detalle. Minuciosa, amena, centrada tanto en los paseos como en la magia de la mitología, porque sin leyendas no somos nada y las leyendas las heredamos, pero también las construimos.

En este periplo damos la vuelta completa al Mediterráneo a través de las montañas de la Antigüedad. El autor toma de la mano al lector y lo acompaña por el monte Sinaí, el Vesubio, el Olimpo, el Teide y todos los montes que guardan una estrecha relación con nuestros orígenes. Y así, enlazamos una montaña con otra hasta rodear el Mediterráneo mientras los clásicos nos van susurrando los secretos de la felicidad y de la comprensión del mundo. 
Aquí no hay ochomiles ni grandes dificultades técnicas, sino montañas históricas y universales que aún hoy encierran muchos secretos. Montañas que, en estos tiempos de incertidumbre, tienen también muchas cosas por contarnos y por enseñarnos. 
Bienvenido a esta singular ascensión por la historia.

Héctor Oliva

(Terrassa, 1970) es periodista y guía de viajes. Apasionado autodidacta de geografía e historia, es autor de Pasajes a América (Premio Eurostars), Veinte historias de la Barcelona americana y una pregunta descarada y el libro de montaña 17 Cimas, publicado también por Librooks. Asimismo, es autor de la novela Noroeste, sobre la participación española en la búsqueda del Paso del Noroeste.

Ha dedicado tres años a este proyecto, porque «no solo se trataba de subir estas montañas, que es la parte más vivencial, sino también de bucear en su pasado e investigar sobre hipótesis, leyendas y realidades, y eso lleva su tiempo si se quiere hacer con rigor», aunque sea rigor en cucharadas divertidas.

Otros libros de Héctor Oliva

17 CIMAS

Se recogen en este libro 17 excursiones, 17 montañas. Son las más altas de cada comunidad autónoma. Por eso se hallan aquí reunidas, porque gobiernan desde su atalaya cada uno de los 17 territorios que componen la España actual. Héctor Oliva toma esta idea y juega con ella para ofrecernos 17 historias magistrales muy entretenidas. Porque, aun siendo un libro sobre montañas, este libro va más allá del montañismo. El autor nos toma de la mano y nos lleva de excursión por los rincones de nuestra geografía, y mientras se encarama a cada una de las cumbres, nos transporta a otras épocas y otras dimensiones. Y así, a la vez que subimos montes, nos trasla­damos a los años en que el wolframio convirtió las montañas gallegas en la clave de la Segunda Guerra Mundial; nos retro­traemos a los días en que las Alpujarras fueron el último re­ducto de Al-Andalus; y recuperamos las historias de los pasos de montaña y de las viejas hospederías del Pirineo. Y así, uno tras otro, siempre con la sensación, mientras leemos, que, más que avanzar, estamos llegando a la cima.

El libro contiene la información técnica necesaria para com­placer al montañero con todos los detalles y perfiles de las ascensiones, tracks y útiles consejos. Pero también atrapará al lector aventurero y amante de la naturaleza, ansioso por co­nocer las historias que se esconden tras las cimas de nuestro territorio y trasladarse a través de las fotos al entorno de su próximo destino.

Pasajes de América. RBA

El periodista y viajero Héctor Oliva ha seguido tras los pasos de estos cinco catalanes en Lationamérica: Facundo Bacardí, fundador de la marca de ron; Félix Cardona, el explorador que quería poner al nacimiento del Orinoco el nombre del presidenteMacià; Manuel Amat, el virrey que hizo construir un lujoso palacio gracias a las riquezas que había acumulado en Perú; Pepe Figueres, tres veces presidente de Costa Rica; y Ramón Mercader, que asesinó a Troski por orden de Stalin.


 

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