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La gestión del cambio en las empresas y la aclimatación para subir un ocho mil

Sal&Roca | 11 de septiembre de 2019

Me sitúo en la llegada a Bimtahng a 3.800 m, durante la pasada expedición a la cima del Manaslu. Desde aquí, al día siguiente ya estábamos ascendiendo hasta los 4.800 m para poder hacer una punta de aclimatación.

La aclimatación es un proceso por el que sometemos a nuestro cuerpo a la altura para que poco a poco se vaya adaptando a la falta de oxígeno debido a la menor concetración de este por la baja presión a altas alturas. Una mala aclimatación puede provocar el llamado mal de altura.

Para evitar esta desagradable situación se traza un plan donde tanto las ascensiones que realizaremos y la altura a la que vamos a dormir están cuidadosamente pensados para que nuestro cuerpo se vaya adaptando poco a poco.

El proceso es lento y también depende de cada personas, hay quienes apenas lo notan, en cambio hay personas que se ven incapaces de ascender por encima de los 3000 metros de altura.

Sea como sea, yo, pillo fijo!!!

Dolor de cabeza, sensación de mal estar, siento como el cerebro presiona mi cráneo y cómo cuando nos levantamos por la mañana el dolor es más intenso por la posición horizontal, más o menos como cuando tienes un proceso gripal o fuerte constipado.

En esta fase de nuestra expedición debemos ser muy pacientes y saber que estamos en un proceso que dura días y que no nos podemos saltar ningún paso, para no empeorar la situación, por ejemplo, si sé que he de dormir dentro de dos noches a 4.400 metros, debería dormir las dos noches antes alrededor de los 3800 metros y poder ascender algún collado de más de 4.500 metros.

Aunque como en todo proceso hay veces que te vienes arriba y parece que te sientes bien, que no sientes tu cabeza pesada y aceleras en alguna ascensión, saltándote toda norma de la aclimatación y aquí la altura no perdona, ponte sentado porque te va a llegar una buena bofetada, dolor intenso de cabeza, como si te bombearan le cerebro, mal cuerpo, no tienes ganas ni de abrir los ojos, solo saco de dormir y esperar a que pase o en el lado extremo, descender.

En este momento en el que piensas, entre otras cosas, que tu cuerpo no está hecho para esto, que debes salir de aquí y que no serás capaz de poder ascender ni un metro más, aunque la verdad es que te pasaste de la raya y quisiste acelerar más de lo que la “máquina”, tu cuerpo, era capaz de asumir y ¡¡¡esto no significa que no puedas!!!

También hay ocasiones en las que cumples a rajatabla la norma y haces todo lo que está previsto y tu saturación de oxígeno está por los suelos y las pulsaciones por las nubes, como las de un perrito chihuahua por encima de las 90 en reposo… es la hora de preguntarse, ¡¿por qué no estaré en la playa?!

Pensamos que es parte natural del proceso y debemos reconocer lo que llevamos ascendido y que tal vez mañana nos podamos encontrar mejor y ver el resultado del camino recorrido.

Para mí, salvando mucho las distancias, en este proceso me han venido a la cabeza ciertas similitudes con un proceso de cambio en la empresa, derivada de mi experiencia como gerente en Arumani, reconozco algunas grande similitudes entre ambos procesos.

En primer lugar, ambos son procesos y se rigen por las acciones que se llevan a cabo, por el objetivo que se busca y por la temporalidad necesaria para poder ver los resultados.

En segundo lugar añadiría que ambos son “dolorosos”, me explico, en mi caso la aclimatación, sin lugar a dudas, pero de momento me sale a cuenta, además soy consciente del por qué lo hago y para qué.

Y hablando de un proceso de cambio en una empresa, ya que a nadie le gusta que le saquen de su área de confort y que le cambien los mapas mentales que ya tiene para acometer su trabajo, también es difícil explicar el para qué cambiar, ¿qué beneficios obtendré de este cambio?

Son preguntas que deben estar perfectamente contestadas para las personas que deben acometer dicho plan de cambio, para que este sea realmente motivante y compense el “dolor” durante el proceso.

Al mismo tiempo, entiendo, que ambos deben de tener un buen plan trazado, o al menos si no es bueno, que haya un plan.

También en ambos casos se deben de tener en cuenta los imprevistos, los retrasos o resultados no deseados y es aquí dónde, ya sea hacia nosotros mismos o hacia los miembros de un equipo, donde lo importante es poder reconocer el camino que se lleva recorrido, los pequeños cambios que ya hemos ido sintiendo, felicitarse de lo logrado por pequeño que sea y dejar aparte pensamientos que transmiten el mensaje de “lo que queda”.

Por estas y otras muchas razones, es por lo que las experiencias en montaña me han ayudado en mi día a día como profesional en la gestión de mi empresa, y por las que creo firmemente en que la montaña tiene mucho que enseñar a las organizaciones, y en particular a las personas que las dirigen y las construyen día a día.


Jesus-Policarpio

Jesus Policarpio Queralt

En mi día a día dirijo una empresa de un equipo humano formado por más de 30 trabajadores dedicada a realizar montajes industriales. Mi pasión, la montaña. De la unión de ambos, mi experiencia en la dirección de empresas, y el aprendizaje que me ha dado la montaña, he puesto en marcha el proyecto YOU CAN SUMMIT www.youcansummit.com

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