lunes 06.04.2020
El deshielo se inició antes de lo pensado

Fotos de satélites durante la Guerra Fría revelan la longevidad del calentamiento de la Antártida

Fotos de satélites durante la Guerra Fría revelan la longevidad del calentamiento de la Antártida

El deshielo se inició antes de lo pensado, por el incremento de la velocidad de los glaciares que fluyen desde el interior

Las barreras de hielo tienen una importante función conteniendo el flujo de glaciares que proviene del interior

El nivel del mar ha subido unos seis centímetros durante las pasadas cinco décadas

Expedición científiica en la AntártidaExpedición científica en la Antártida

Dos estudios basados en imágenes tomadas durante la Guerra fría muestran que la Antártida ha estado perdiendo hielo desde antes de lo que se suponía. De hecho, los colapsos recientes de varias barreras de hielo podrían estar facilitando el flujo de hielo desde el interior del continente antártico, lo que implicaría una subida del nivel del mar.

Una mirada a un atlas de hace unos cuantos años y la comparación con una imagen de satélite tomada en la actualidad proporcionará una sorpresa: el perfil del último continente, la Antártida, no parece el mismo. Y es que el continente blanco está rodeado por una banquisa estacional, que cambia de tamaño, pero también por una barrera de hielo que lo ciñe de manera estable. O así ha sido durante los últimos miles de años, hasta el colapso de la barrera de hielo de Larsen.

La península antártica, una prolongación de tierra que se extiende hacia América, está rodeada por una barrera de hielo que bloque el acceso directo en algunos puntos. En el este, ciñendo el mar de Weddell, se encuentra la barrera Larsen. O se encontraba hasta hace unos diez años, ya que dos grandes porciones de la misma han colapsado. La denominada Larsen A se desintegró en enero de 1995. La barrera Larsen B, una porción de 3.250 kilómetros cuadrados y un espesor de 220 metros, que se había mantenido estable desde la última glaciación hace unos 12.000 años, se rompió entre enero y marzo de 2002 y se encuentra en proceso de desintegración.

Un estudio liderado por Shujie Wang publicado en la revista Geographycal Research Letters indica que el deshielo se inició antes de lo pensado, debido al incremento de la velocidad de los glaciares que lentamente fluyen desde el interior. El análisis está basado en fotografías tomadas por satélites espías lanzados en los años sesenta por EE.UU. durante la Guerra Fría. Las imágenes fueron desclasificadas en 1995 por el Gobierno americano y ahora sirven para medir este proceso y su efecto en el cambio climático del planeta.

Este no es un fenómeno local. En el oeste de la península un estudio análogo realizado por el equipo Frazer Christie, centrado en el mar de Bellingshausen, muestra que la zona expuesta al deshielo directo por la acción del océano ha retrocedido de manera significativa en los últimos años.

La importancia de las barreras de hielo

Las barreras de hielo, que se encuentran en Canadá, Groenlandia y la Antártida, flotan en el océano y por tanto su deshielo no contribuye al cambio del nivel del mar. Sin embargo, tienen una importante función como elementos que contienen el flujo de glaciares que proviene del interior, que sí pueden provocar subidas del nivel del mar. Así, el colapso de Larsen B, que se desintegró en miles de icebergs en unas pocas semanas, provocó la aceleración del desplazamiento y el adelgazamiento de los glaciares que desembocaban en aquella barrera de hielo.

El colapso de las barreras de hielo de la Antártida empieza a ser generalizado. En la misma península la barrera Wilkins colapsó en el 2008 y lo mismo pudiera ocurrir en el mar de Amundsen, localizado en la misma región del continente, ya que se observa una gran aceleración de los glaciares que desaguan en aquel lugar. 

El motor del proceso de colapso de las barreras de hielo

Desde el inicio de la Revolución Industrial en el siglo XVIII se ha producido un incremento de la concentración del gas dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera terrestre. La cantidad de este gas está relacionada con los cambios de temperatura media del planeta. Sin embargo, en las últimas décadas la cantidad de CO2 se ha disparado hasta superar las 400 partes por millón, muy por encima de los máximos medidos en los registros geológicos durante el último medio millón de años. Esto implica una subida de 0.78 grados, una cantidad aparentemente inofensiva que sin embargo ya está teniendo consecuencias significativas en el clima global.

El Acuerdo de París alcanzado en la capital francesa el año pasado tiene como objetivo no superar una subida de la temperatura de 1,5 grados. Este límite supone la implementación de políticas conservacionistas e incluso podría ser necesario la captura del carbono atmosférico con técnicas innovadoras y cuya efectividad no ha sido completamente demostrada a largo plazo.

Mientras tanto, el nivel del mar ha subido unos seis centímetros durante las pasadas cinco décadas, aunque las previsiones para finales del siglo XXI podrían alcanzar los 30 cm según expertos del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC). Detener el deshielo de las grandes masas de Groenlandia y la Antártida todavía está en nuestras manos. La clave está en implementación de unas políticas adecuadas y la completa decarbonización de nuestras economías, con la eliminación del consumo de los combustibles fósiles. Mientras nuestros políticos deciden, el proceso continúa. Pero la responsabilidad no es solo de quienes nos gobiernan, Pensemos en ello la próxima vez que cojamos el coche o encendamos el aire acondicionado.

Aceleración de los glaciares que desembocan en el mar de Amundsen

Artículo escrito por David Navarro Navascués, publicado originalmente en Bez y reproducido bajo licencia CC BY-NC-ND 4.0