DESDE LA CROA

Ciencia | Las mareas (parte 1)

Desde la perspectiva del surf, modifican absolutamente el modo en cómo rompen las olas, hasta un punto que en algunas playas sus olas solo son surfeables en un punto de marea en concreto. Pero además de su nivel, existen otros datos asociados a las mareas que es también interesante conocer para seguir su evolución. 

 

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Somos muchos los que vivimos continuamente pendientes del mar y sus mareas. Si bien el mar sigue una dinámica impredecible, sobre todo para previsiones de más allá de 3 días, las mareas se rigen por una "lógica" casi matemática, guiada principalmente por la acción de la fuerza de la gravedad entre la Tierra, el Sol y la Luna, que las convierte en absolutamente predecibles. Tanto, que hoy sería posible calcular, con casi total precisión, el nivel de la marea, y la hora de la pleamar, o de la bajamar, de cualquier día que deseemos del futuro en cualquier lugar de nuestra costa. Esa es la teoría, pero en la práctica las cosas son un poco más complejas.

El hombre siempre ha tenido interés en conocer los secretos que se escondían tras el ciclo de las mareas, y de ese conocimiento ha sabido sacar aprovecho. Las mareas, por ejemplo, convierten en navegables zonas que en bajamar no tienen profundidad. También permiten acceder a lugares de la costa que en pleamar están cubiertos por el agua. Y desde la perspectiva del surf, modifican absolutamente el modo en cómo rompen las olas, hasta un punto que en algunas playas sus olas solo son surfeables en un punto de marea en concreto. Pero además de su nivel, existen otros datos asociados a las mareas que es también interesante conocer para seguir su evolución. 

El nivel del mar está influenciado principalmente por el Sol y la Luna. El primero en describir esta relación fue el marino griego Piteas, en el siglo IV antes de Cristo. Piteas, además de un excelente navegante, fue un destacado geógrafo y astrónomo, y de él es, por ejemplo, el primer testimonio escrito en el que a la península ibérica se le llama Hispania. En sus viajes cruzó la Galia, Britania y descubrió una isla a la que llamó en sus escritos Thule, y que se cree se corresponde con Islandia. En su periplo hacia el Norte cruzó el círculo polar ártico, dirigiéndose en dirección al Polo hasta que el hielo no le dejó avanzar. Posiblemente la observación del fenómeno de las mareas en el Mont Saint Michel, hasta donde había llegado para comerciar con estaño, fue lo que le llevó a encontrar la vinculación entre las mareas y el Sol y las fases de la Luna. Pero fue Isaac Newton, en su libro "Principios matemáticos de la Filosofía Natural", publicado en 1687, el que dio una explicación científica detallada al fenómeno de las mareas. Su teoría sigue siendo hoy la aceptada.

Podemos definir a "la marea" como el cambio periódico del nivel del mar producido por las fuerzas de atracción gravitatoria que ejercen el Sol y la Luna sobre la Tierra. Dicha atracción es sobre el conjunto del planeta, tanto sobre su parte sólida, como sobre su parte líquida y gaseosa, aunque la que más nos interesa a nosotros es la que tiene lugar sobre el agua de los mares y los océanos. Es interesante, de todos modos, saber que también hay "mareas", es decir variaciones de nivel, en la litosfera (¡¡sí en la tierra!!) y en la atmósfera por efecto de esta atracción. En esta atracción conjunta, se sabe que la Luna es quien más aporta, siendo la amplitud de las mareas lunares aproximadamente dos veces mayor que las de las mareas solares.

De modo general, y como simplificación, hemos asumido que la marea es una onda con un periodo 12 horas, con dos pleamares y dos bajamares cada día. Esta definición se ajusta a la de las denominadas mareas semidiurnas, características del Océano Atlántico. En otras latitudes, y costas más complejas, las mareas pueden ser diurnas (características en las latitudes bajas, con una única pleamar y bajamar en el transcurso de un día lunar), diurnas irregulares (con dos ciclos por día lunar, pero con diferencias considerables en las alturas y en los períodos de tiempo) y mixtas (cuando durante un día lunar se presentan dos pleamares y una bajamar, o dos bajamares y una pleamar). 

Volviendo a las mareas semidiurnas, que son las que tenemos en la costa atlántica, es importante saber que el periodo real de la marea no es de 12 horas, sino de 12 horas, 25 minutos y 10 segundos. Este periodo teórico es el que nos ha llevado a que, cuando por ejemplo deseamos saber a qué hora será la bajamar de mañana, sumemos 50 minutos a la hora en la que hoy fue la bajamar. Sin embargo no siempre es así, y en función de la fase en la que esté la Luna, este tiempo cambia. 50 minutos sería un valor medio a aplicar, pero si queremos ser más precisos, deberíamos tener en cuenta que esta diferencia es de más de 1 hora, incluso llega a ser de 1 hora y media, cuando la Luna está en cuarto creciente o menguante, y que se reduce a poco más de 30 minutos cuando la Luna es llena o media. El simplificar las cosas (incluso el emplear en nuestros cálculos mentales 60 minutos de variación diaria entre mareas) me ha llevado en ocasiones, sobre todo cuando he intentado calcular la hora de la marea en base a la observación de hace varios días, a llegar a la playa con un nivel de marea totalmente diferente al esperado, y por tanto a no encontrarme con las olas deseadas.

Continuará...

 


 

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