Una semana sin filtros: naturaleza, mujeres y desconexión en la Selva de Oza
Nos llamamos Hacia lo Salvaje. Y no porque nos guste la épica, sino porque creemos que vivir conectadas con la naturaleza ya es, en sí, un acto revolucionario.
Desde hace años, organizamos viajes que huyen del turismo convencional para proponer algo más honesto, más lento, más vivo. Diseñamos experiencias que nos reconectan con la Tierra, con otras mujeres y con esa parte de nosotras que suele quedar en pausa en la vida cotidiana.
Pero había algo que nos rondaba desde hacía tiempo: ¿y si volviéramos a los veranos de la infancia? ¿Y si creáramos un campamento de verano para mujeres adultas, como los que vivíamos de pequeñas… pero desde la mujer que somos hoy?
Así nació, junto a nuestra compañera Eva y su proyecto Embosqadas, el Campamento de Mujeres en la Selva de Oza. Y lo que allí ocurrió fue mucho más que una escapada. Fue un regreso.
Un campamento outdoor… pero distinto
Nos encantan la montaña, el mar, el sendero que no está en Google Maps, las caminatas con nieve hasta las rodillas. Pero también nos hemos dado cuenta de que, incluso en los entornos naturales, solemos arrastrar las mismas dinámicas de exigencia que en la ciudad: hacerlo “bien”, rendir, tenerlo todo previsto.
Este campamento propone lo contrario: no hacer más, sino hacer diferente.
Una semana sin cobertura, sin hablar de trabajo, sin relojes. Un nombre si te da la gana.
Donde no importa a qué te dedicas, ni qué grado tienes. Donde el único reto es despedirte del personaje y darte permiso para estar. De verdad.
Y sí, hacemos muchas cosas. Caminamos por el bosque, nos bañamos en el río, pintamos con acuarela, cantamos sin partitura, jugamos como si el mundo no nos estuviera mirando. Y todo lo hacemos desde el disfrute, no desde la exigencia. Aquí no hay líderes ni expertas. Aquí todas somos compañeras. Mujeres que necesitan parar, respirar y, quizás, llorar un poco también.
La Selva de Oza: una catedral natural para volver a casa
Elegimos este lugar porque es imposible no sentir algo allí. La Selva de Oza, en pleno Valle de Hecho (Huesca), tiene algo ancestral. Caminas entre abetos altísimos, escuchas el río, ves estrellas como nunca antes. El silencio aquí no da miedo, abraza. La noche no incomoda, invita.
Dormimos en tiendas de campaña ya montadas. Colchones, mantas, linterna. Un tipi gigante nos sirve de espacio común para actividades, charlas y veladas. Un comedor sencillo nos reúne para compartir comidas y risas. Duchas, aseos, naturaleza en estado puro.
Y cada día amanece diferente. A veces nos levantamos con el canto de los pájaros. A veces con el murmullo del viento. Pero siempre con la certeza de estar exactamente donde debemos estar.
Sostenibilidad: sin discurso, con práctica
Muchas veces la sostenibilidad se convierte en eslogan. Aquí no. Aquí es costumbre, práctica, coherencia. No usamos plásticos. Comemos sano, local, vegetal. Respetamos el entorno como si fuera un templo. Y lo es. No necesitamos decirlo, se vive en cada gesto.
Pero también hemos aprendido que la sostenibilidad no es solo con la Tierra. También debe ser con una misma. Por eso aquí no hay obligación de “superarse”, ni de seguir el ritmo de nadie. Puedes participar en todo… o no. Puedes madrugar… o quedarte a descansar. Tu cuerpo manda. Tu energía marca el paso.
Nosotras y ellas: una tribu inesperada
Llegaron de todas partes. Algunas en coche, otras cruzando media península en tren. La mayoría solas. Con miedo, con dudas. “¿Encajaré?” “¿Será demasiado hippie?” “¿Qué hago yo aquí?”
Y, sin embargo, en menos de 24 horas, ya éramos tribu.
No hay otra palabra. Una tribu imperfecta, diversa, potente. De edades distintas, trayectorias distintas, pero con algo en común: las ganas de parar y volver a sentirse vivas. Algunas venían de cuidar mucho a los demás. Otras, de no haberse cuidado a sí mismas en años. Y en ese pequeño microcosmos de mujeres, tienda y estrellas, empezó la transformación.
Baños de bosque, acuarelas y otras formas de volver al cuerpo
Uno de los momentos más potentes fue el baño de bosque con los ojos cerrados. Sin ver nada. Solo tocando, oliendo, escuchando. Nunca habíamos sentido el bosque así. Nunca habíamos confiado así.
Y luego estaban las acuarelas, el teatro, los juegos de noche, los masajes en círculo. Pequeñas cosas que se nos han olvidado porque no dan likes, pero que nos devuelven a casa.
Desconexión real: sin cobertura, sin personaje, sin reloj
Quizás una de las decisiones más importantes fue dejar los móviles fuera. No es fácil. Lo sabemos. Pero lo que ocurre cuando el teléfono desaparece es tan poderoso, que merece la pena. De repente estás. Estás ahí. No en otro lugar. No en otro tiempo.
No sabes la hora. Y eso, lejos de agobiar, libera. Comes cuando toca. Te despiertas con la luz. Te guías por el sonido. Como debería ser. Como alguna vez fue.
Campamento solo para mujeres: ¿por qué?
Porque funciona. Porque, aunque todas somos diferentes, hay algo que solo se desbloquea entre nosotras. Un cuidado sin juicio. Una confianza que nace rápido. Una horizontalidad natural. Aquí no hay egos. No hay expertos. Solo mujeres cuidando mujeres. Eso tan simple y tan olvidado.
Y sí, hay risas. Risas que duelen la tripa. Y canciones. Y confidencias. Y abrazos espontáneos. Y también hay silencios cómodos. Porque aquí nadie espera que hables si no quieres. Aquí todas estamos aprendiendo a escucharnos.
Cuándo, cuánto y cómo
🗓️ Del 19 al 25 de agosto
📍 Selva de Oza, Valle de Hecho (Huesca)
💶 395 €
🎁 Las 10 primeras inscritas se llevan un akelarre online con Yolanda Palomo, provocadora social y defensora de las brujas olvidadas.
👉 Para más información: https://hacialosalvaje.net/campamentos-de-verano-para-mujeres/
Esto no es una escapada. Es una pequeña revolución.
A veces creemos que parar es rendirse. Pero no. Parar es cuidarse. Es volver con más claridad.
Este campamento no te da respuestas. Pero sí te permite hacer las preguntas correctas.
Y sobre todo, te recuerda algo que la vida moderna suele olvidarnos:
Estás viva. Estás aquí. Y no necesitas más.
Nos vemos en la montaña compañera.