Ascensión al Dent Blanche (4.357m) desde Ferpècle (1.780m)

Dent Blanche, un monte que a todas luces parecía sencillo y que nos serviría como fácil aclimatación para nuestro objetivo principal, pero que nos dio una pequeña bofetada en la cara.

A veces sobrevaloras una montaña y la recorres cargado de material que nunca utilizas. Otras veces ocurre lo contrario, infravaloras una montaña y por esa razón te ves escaso de material. Esto es exactamente lo que nos ocurrió con el Dent Blanche, un monte que a todas luces parecía sencillo y que nos serviría como fácil aclimatación para nuestro objetivo principal, pero que nos dio una pequeña bofetada en la cara.

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Avanzando tranquilamente por el valle, al principio prácticamente llaneando

Desde Ferpècle hay que superar más de 1.600 metros de desnivel para llegar al Refugio del Dent Blanche por un itinerario que primeramente discurre entre verdes praderas y bosques de pinos pero que poco a poco se introduce en el Glaciar des Manzettes y se vuelve más rudo. Todo el recorrido está bien marcado, pero en la parte superior hay que andar mucho más atento para no perder las señales, ya que a veces se trata de caminar entre rocas sin un sendero aparente. Sólo pisamos nieve en el último tramo, donde es inevitable entrar en el glaciar para llegar al refugio.

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Glaciar de Mont Miné mientras ganábamos altura

Aunque echamos a andar con un día fantástico, en los últimos momentos una niebla lo envolvió todo. En los últimos metros, siguiendo una huella bien marcada que se dirigía en línea recta hacia arriba por la nieve, sabíamos que el refugio estaba cerca pero no podíamos verlo. No fue hasta casi tenerlo delante cuando pudimos divisar sus paredes, construidas al inicio de una arista de roca.

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Directos hacia el Dent Blanche

Se trata de un refugio pequeñito, llevado por una sola persona. No había mucha gente en él pero estaba claro que todos habíamos ido a lo mismo. Tras el correspondiente registro, el té de bienvenida, la obligada cerveza, una pequeña siesta para entrar en calor y arreglar un poco la mochila, prácticamente nos dio la hora de cenar, e inmediatamente después nos fuimos a dormir. Una jornada poco estresante.

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Avanzando por la arista que conduce al refugio

En una de las puertas había un cartel que indicaba que el desayuno se servía a las 4:00. Aunque la señora nos dijo que el horario dependía de un guía que estaba por llegar, no nos molestamos mucho en preguntar. Sin embargo, una media hora antes, sobre las 3:30, ya oímos mucho movimiento. Todo el mundo había bajado algo antes a desayunar, y para cuando lo hicimos nosotros ellos ya estaban prácticamente preparados para salir. Pero es algo que no nos importó mucho porque habíamos calculado que tendríamos tiempo de sobra.

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Formas en el Glaciar de Ferpècle

Al salir del refugio la temperatura era bastante agradable. Echamos a andar con la luz de los frontales arista arriba, por un pequeño sendero que rápidamente casi desaparece para convertirse en sencilla trepada por grandes bloques de roca. Al rato llegamos al final de la arista, donde una gran laja inclinada complica un poco el trayecto. Después nos pusimos los crampones para no volver a quitárnoslos en toda la jornada, y apagamos los frontales.

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Tras la noche en el refugio, paso algo complicado al final de su arista

Superamos una primera pala de nieve para luego volver a terreno rocoso, algo más sencillo que el anterior, e ir girando hacia la izquierda (Norte) para enfilar la larga arista que conduce a la cima del Dent Blanche. Primeramente esta enorme arista es muy ancha y se progresa con facilidad. De hecho, esta primera parte no se considera la arista propiamente dicha, que se afila sobremanera sobre los 3.950 metros de altitud. Este tramo es más bien una progresión por ancha cresta, por terreno mixto.

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Cima del Dent Blanche, aparentemente muy cerca. Junto a la arista se distinguen las luces de los frontales de la pareja que salió mucho antes para intentar descender por la cara Norte

A medida que avanzamos el terreno se fue complicando. Un pequeño destrepe aquí, un paso algo más expuesto allá, para más tarde entrar en una goulotte por un lateral y ascender una pendiente bastante pronunciada pero con buena huella hasta un paso muy expuesto. Al subir observamos varias curiosas estacas de acero clavadas en la roca, con forma de cuerno de carnero, que se utilizan para rapelar.

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Grandes cornisas en la cresta y Cervino al fondo

Este paso expuesto era la entrada de la nieve de nuevo a la arista, un paso vertical que estaba repleto de hielo. Lo superamos con ayuda del piolet y únicamente sacamos la cuerda para Koldo. Ahora estábamos enfrente del primer gendarme, una gran aguja que se puede escalar en varios largos, pero que no vimos que nadie hiciera.

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Primer paso complicado, un pequeño destrepe de extraña postura

El primer gendarme se puede rodear por la izquierda, que es lo que hicimos todas las cordadas. La arista tiene cinco gendarmes más, mucho más sencillos, aunque dependiendo de las condiciones algunos también se pueden rodear. Nosotros nos enfrentamos a casi todos sin mayor problema, excepto al último, que rodeamos por la izquierda siguiendo al conjunto de cordadas sin ni siquiera planteárnoslo. Si ellos iban por allí habría una razón.

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Paso muy expuesto en mixto para entrar de nuevo a la arista desde el final de la goulotte

Pero esta parte se convirtió en un pequeño infierno. Estando en la izquierda de la arista, en plena pared, en una zona muy expuesta y realizando una travesía horizontal, algunas cordadas ya estaban bajando de la cima y se cruzaban constantemente. Además esta zona estaba en sombra y cada vez que teníamos que parar nos congelábamos de frío. Llegados al final de este tramo, para alcanzar de nuevo la arista hay que escalar por un paso que comienza en una panza y que está tremendamente expuesto, haciéndose en dos largos, y que una pareja estaba destrepando sin razón aparente (ya que el resto estaba rapelando el último gendarme), montando un pequeño atasco. Estaba deseando que pasaran para subir al sol, pero no parecían tener mucha prisa y nos dejaron a todos tiritando.

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Progresando por la arista. Mirada atrás

Superado por fin este paso pudimos salir de nuevo los cuatro a la arista, contemplando además que ya lo único que nos quedaba era subir por terreno nevado, más sencillo, prácticamente andando hasta la cima. Todavía había que superar un último desnivel, pero ya estábamos un poco hartos de tanta roca y esto era nieve. Pasito a pasito llegamos hasta la cruz, donde hicimos unas cuantas fotos y picamos algo rápidamente antes de descender, con un día fantástico.

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En plena aglomeración, pasando frío en la sombra en el lateral de la arista, en una zona muy expuesta

Tras volver a bajar toda esa última pala de nieve y pasar de largo la salida por la que nos incorporamos de nuevo a la arista al subir, llegamos al último gendarme para realizar el primer rápel. Habíamos llevado dos cuerdas de 30 metros, así que podíamos ganar algo de tiempo haciendo rápeles algo más largos para compensar el hecho de que éramos cuatro.

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En la cima del Dent Blanche

El primer rápel es bastante aéreo e incómodo, ya que baja por una pequeña canal en el lateral derecho hasta la propia pared, desde donde hay que remontar un afilado tramo de arista hasta las siguientes anillas. Es incómodo en el sentido de que este último tramo es muy difícil de asegurar. De hecho, Humberto y yo lo pasamos sin seguros ya que no podíamos hacerlo de otra forma. No es un paso complicado, pero sí es muy expuesto. Alfredo y Koldo sin embargo soltaron la cuerda y la utilizaron para asegurar esa parte.

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Bajando por nieve de nuevo hacia la arista

El segundo rápel está en un tramo afilado de arista con mucha caída a los lados (pero mucha mucha, la tónica del día) y allí sólo cabíamos Humberto encima de un pequeño nevero y yo sentado a caballo en el filo, clavándome todos los huesos del trasero. Recuerdo que comentamos que nos iba a llevar mucho tiempo bajar de esa enorme arista, pero que al menos teníamos muy buen tiempo. Este segundo rápel es también algo incómodo, ya que no baja vertical y la cuerda te empuja hacia fuera de la arista.

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Primer rápel

Desde una roca en plena arista destrepamos por un lateral, con mucho cuidado, para salvar una pequeña aguja y llegar a otro de los gendarmes. Ya antes habíamos subido por allí. Este tercer rápel es algo más cómodo, y enseguida llega a un cuarto en la parte superior de una placa con mucho hielo que al subir tuvimos que escalar (la primera escalada en la arista). Allí ya no sabíamos cómo colocarnos, y acabamos medio tumbados en la roca sacando las piernas por cualquier parte. Realmente había muy poco espacio en todas las reuniones.

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Avanzando hacia otro de los rápeles. La niebla comenzó a subir rápidamente desde el valle

En ese momento comenzó a subir la niebla por el valle, y en cuestión de minutos ya había alcanzado la arista. Habíamos pasado casi instantáneamente de un día soleado con una temperatura muy agradable a una niebla fría que lo cubría todo. Por suerte habíamos descendido buena parte de la arista, pero todavía nos quedaba mucho más por descender.

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Alcanzando la goulotte. Aquí el tiempo había cambiado radicalmente en cuestión de minutos

La temperatura cayó en picado, mayoritariamente debido a la ventisca que se estaba formando. Estábamos ya por encima de la goulotte. Sólo teníamos que hacer un rápel más para salir de la arista y luego utilizar las estacas para bajar rápidamente por la nieve. En total utilizamos tres rápeles más, pero esperar a que cada uno bajara estando allí parado ya se estaba haciendo bastante molesto por el frío. Al final del último rápel sólo nos quedó hacer una pequeña travesía hacia la derecha, bastante más cómoda de lo que recordaba, para llegar a la cresta y dejar atrás la arista.

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Destrepando la arista del refugio

Ya en la cresta se trató de agachar la cabeza y caminar con cuidado por huella bien marcada, mezclada de vez en cuando con zonas de roca, desandando nuestros pasos hasta llegar a la arista del refugio, que simplemente destrepamos con cuidado (sólo la primera laja horizontal tiene algo más de dificultad, luego se trata simplemente de descender con calma e incluso casi al final aparece un pequeño sendero).

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Al día siguiente, cielo despejado de nuevo y energías renovadas para regresar al valle. Al fondo, el Refugio del Dent Blanche

Habíamos llegado a las 19:40 al refugio tras quince horas de actividad. Estábamos cansados pero nuestro plan era descansar unos minutos, rehacer la mochila y bajar de vuelta hasta Ferpècle. El problema es que después tendríamos que conducir un par de horas hasta Zermatt, y encontrar un tren o un taxi para entrar al pueblo, ya que en coche no está permitido. No había ni de lejos ninguna opción para hacerlo, así que decidimos pasar una noche más en el refugio, donde la señora nos preparó sopa y pasta, subimos a las camas y dormimos plácidamente y sin prisa hasta el día siguiente.

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Curiosa cueva en el glaciar erosionada por el agua. Y curioso cómo el glaciar está cubierto de rocas y piedras

Al día siguiente desayunamos relajados y descansados, preparamos la mochila e iniciamos la marcha hacia Ferpècle con energías renovadas, donde llegamos temprano por la mañana en algo más de tres horitas sin apenas sufrimiento. De allí condujimos un par de horas hasta Täsch, que es el último pueblo en el que puedes dejar el coche para entrar a Zermatt, cogimos el tren y nos dirigimos a nuestro apartamento, donde nos esperaban unos buenos entrecots, una buena provisión de cervezas y un merecido día de descanso antes de afrontar nuestro objetivo principal al día siguiente.

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Caminando por el fondo del valle

 

 

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Ricardo Puerto es montañero, escalador apasionado y creador de Adventoorer, un sitio web para los amantes de la montaña en el que cualquiera puede colaborar:

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