martes 26/1/21
Entrevista a Juan Carlos Garijo y Rosalía Arenas

«Nunca sacarás África de ti»: comprender, sin juzgar

Calandula, Angola. Fotografías © Juan Carlos Garijo / Rosalía Arenas
Calandula, Angola. Fotografías © Juan Carlos Garijo / Rosalía Arenas

Juan Carlos Garijo y Rosalía Arenas han escrito un libro desde el corazón. No es una guía de viaje ni un relato de aventuras. Un día, esta pareja valenciana decidió abandonar su vida convencional en Las Palmas (Juan Carlos terminaba su tesis doctoral sobre oceanografía y Rosalía trabajaba en una empresa internacional en el el puerto) para hacer realidad su sueño: Conocer mundo, y convertirlo en la razón de su vida. Partieron de Utiel (Valencia) el 23 de abril de 2017, recorrieron África Occidental durante nueve meses hasta llegar al Cabo de Buena Esperanza, y se quedaron unos meses más en el sur del continente. No se trataba de “pasar por”, sino de “estar”. No se trataba de “visitar” sino de “convivir”, porque tenían todo el tiempo por delante, no había fecha de regreso. En total, veintiun países y 46.000 kilómetros en su todoterreno “Rocinante”. El resultado de su periplo es Nunca sacarás África de ti, ya está a la venta en veroiryviajar.com y en librerías. Un viaje vital para “comprender el mundo, pero sin juzgar”.

Fernando Olmeda: En este tipo de viajes siempre hay un impulso interior, a veces es una experiencia de aventura, a veces una búsqueda personal, o un cambio de vida, o la necesidad de encontrar algo sin siquiera saber exactamente qué... ¿Cuál fue vuestro impulso interior?

Juan Carlos Garijo: Conocer el mundo. Late en nosotros una necesidad profunda de conocer cómo funciona la naturaleza, cómo es la gente, y hacerlo de forma natural, dejandonos llevar por el corazón.

Rosalía Arenas: No se trataba de conocer lo que quieren que conozcamos, o ver lo que quieren que veamos, es decir, postales turísticas, gente en taparrabos que baila para ti... No tener que ir a un sitio porque s”e tiene que visitar”. De hecho, los mejores reuerdos, y donde más hemos disfrutado, ha sido en lugares que a priori no ofrecían nada, que son los que te enseñan más, como poblados que no tienen un encanto especial en los que hemos podido sentirnos a gusto, comunicarnos. No eran hermosos “porque sí”, eran hermosos porque eran genuinos.

J.C.G.: En el libro se retrata un momento en un poblado cualquiera de la República Democrática del Congo, en el que plasmamos la magia que vivimos, simplemente era real, porque pudimos participar de cómo eran sus noches, alrededor del fuego, cantando, mostrándose ante nosotros tal cual eran, tal cual vivían.

Gabón

F.O.: África siempre ha sido un continente inspirador para la literatura, el cine... Siempre se destacan aspectos relacionados con la belleza del paisaje, la fauna, etcétera. Pero, como es natural, la realidad es mucho más compleja. Hambre, desigualdad social, neocolonización económica y cultural, etcétera. ¿Qué África habéis descubierto, que continente plasmáis en el libro?

J.C.G.: Es, desde luego, una realidad muy compleja. Por ejemplo, la imagen de fauna salvaje de los documentales se limita a tres o cuatro países, en reservas de Kenia, Tanzania o Sudáfrica, y libres en Botsuana. En el resto no hay animales libres. No es cierto, al menos en nuestra experiencia, que la gente viva como nos muestran esos documentales. Desde luego que tienen sus creencias, sus tradiciones, pero el 90% de su vida está vinculada al sistema capitalista que impera en el mundo.

R.A.: La visión bucólica de ver a un bosquimano cazando una gacela no existe. Eso sí, si pagas, lo ves. Puede ser una marca que se vende al mundo, puede ser impactante e interesante, pero no es espontáneo, saben quién eres y a qué has venido. Y necesitan tu dinero. Su vida está marcada por el ritmo occidental. Se les ha hecho partícipes de ese sistema, creándoles necesidades que antes no existían.

F.O.: Dos viajes, uno físico y otro emocional, que fluyen juntos en un continente extremo en todo. ¿Es posible encontrar aún pureza, o autenticidad, en un continente tan complejo?

R.A.: Sí, pero tienes que esperar a que suceda.

J.C.G.: Por ejemplo, nos impactó Botsuana, un país con pocas personas y muchos animales. Tuvimos la posibilidad de ver fauna sin tener que entrar a un parque y pagar, porque disponíamos de tiempo. Acampábamos unos días y al final los animales pasaban. Estuvimos en algún poblado en mitad del desierto del Kalahari donde la gente vivía de espaldas al mundo occidental. Pasamos noches increíbles, de pronto los leones rugían, pasaban elefantes, los hipopótamos salían del río y pasaban cerca de las casas...

R.A.: ...No íbamos buscando la foto, ni ver la imagen de un león comiéndose un búfalo, sino que simplemente queríamos estar. Ser partícipes de la vida en un lugar de la forma en que se diera. Había días en que no sucedía nada, pero otras veces pasaban cosas que, de otra forma, si vas en un viaje programado de quince o veinte días, no ves.

F.O.: ¿Por qué creéis que merece la pena leer el libro?

J.C.G.: En este momento en que no es posible viajar, es una forma de recorrer África de norte a sur, con todos sus peligros, su belleza, toda su convulsión. Es un continente aún desconocido, hay una idea preestablecida de que es el culo del mundo, pero nunca nos preguntamos por qué. Proponemos profundizar, reflexionar sobre qué tenemos que ver con ello, qué hacemos aquí para que ellos estén así.

R.A.: El libro no es solo nuestro día a día, alimentarnos, cruzar fronteras, buscar un lugar seguro donde dormir, sino tambien el trasfondo histórico y geográfico. Tratamos de dar respuesta a lo que nos preguntábamos sobre lo que veíamos, fuera el desierto, la selva, el rio Níger, el delta del Okavango.... Pretendemos dar una respuesta histórica, pasada y actual. Por qué es así, para comprenderlo mejor.

Baobab,-Botsuana

F.O: ¿Qué pista clave daríais para alguien que, cuando se pueda viajar, quiera conocer África a vuestra manera?

R.A.: Hay que aprender a viajar con la inestabilidad y la incertidumbre, decidiendo sobre la marcha. Es complicado disponer de información veraz, que pueda ser útil, sobre cómo actuar en cada lugar, en cada país. Todo es muy cambiante. Si, por ejemplo, no sabes si van a darte el visado, eso va a limitar la ruta, buscar otra, hacer muchos kilómetros en una zona inestable. Son cosas difíciles de prever, pero si quieres viajar despacio tienes que asumirlo.

F.O: ¿A qué habéis tenido más miedo?

R.A.: Cuando Juan Carlos tuvo malaria, en un puesto fronterizo de Burkina Faso antes de cruzar a Togo, tuve miedo de que fuera a más, que evolucionara y no tuviéramos capacidad de reacción. Es cuando realmente piensas: Y si pasa algo, ¿qué? Fue un momento difícil.

J.C.G.: Respecto a las armas, que hay por todas partes, teminas acostumbrándote con el paso de los días. ¿Tener miedo a gente armada que te pide dinero con un fusil en la mano? Lo normalizas, terminas no dándole importancia.

R.A.: También determinados encuentros con elefantes, en Botsuana. Una vez pensamos que iban a levantar el coche y embestirnos. Que desapareciéramos y nadie nos encontrara.

F.O.: Sé, porque me lo comentásteis este verano, cuando preparábais el libro, que ese momento de la malaria que menciona Rosalía fue el peor de estos dos años...

J.C.G.: Sin duda. Fue una crisis profunda, porque en ese momento -a los cuatro meses de salir- estaba afectándonos psicológicamente. Estábamos poniendo en cuestión todo lo que veíamos, nos enfadaba todo, y estaba restando mucha energía.

R.A.: Tuvimos que vaciar la mente, como única forma de intentar comprender aquello, en su esencia, sin juzgar ni comparar.

Namibia

F.O.: No haré la pregunta tópica de si os ha cambiado la vida, pero me interesa saber qué habéis incorporado de nuevo a la visión que teníais de África y del mundo...

J.C.G.: El mundo no es como imaginamos, por muy predispuesto que estemos a escuchar y entender. África pasó por encima de nosotros como un ciclón, y conforme avanzábamos éramos conscientes de que todo lo que acabábamos de conocer un día no lo sabíamos el día anterior. Fuimos conociendo tantas cosas básicas del funcionamiento del ser humano... Todo eso nos ha hecho crecer como personas y comprender el mundo de manera más global, más redonda, y eso que todavía no hemos visto prácticamente nada.

F.O.: En diciembre de 2018 embarcasteis a “Rocinante” en Durban camino de Uruguay y vosotros fuisteis en avión desde Johannesburgo a Montevideo para iniciar la etapa americana. Fue allí donde llegó la crisis de la COVID-19, y la extensión de pandemia por el cono sur os obligó a regresar a España. ¿Cómo fue la decisión?

R.A.: Habíamos recorrido Uruguay, Paraguay -un país con pocos visitantes en el que estuvimos cinco meses-, parte de Brasil y Argentina... Conocerlo bien, sin ruta preestablecida o turística, salvo lugares obligados como Iguazú. Nuestra vida es movimiento, abastecernos de agua, comida, etcétera, mientras recorremos países. Al decretarse en Chile el cierre de campings, lugares de acampada, etcétera, no había un lugar donde establecernos. Pasar el invierno austral en una autocaravana era inviable, un riesgo. El 2 de abril regresamos a España y nos hemos instalado en la isla de La Palma. Hemos hecho el libro aquí, en Canarias, un archipiélago en el que, por muchas razones, África está muy presente.

F.O.: ¿Sería muy frustrante no poder recuperar vuestro estilo de vida hasta dentro de  mucho tiempo?

R.A.: Sí, el verano ha sido duro para nosotros porque no hemos vuelto a nuestra normalidad. Nuestra normalidad es viajar, nuestra casa tiene ruedas.

J.C.G: Cuando se declaró la pandemia estábamos consiguiendo alimento pescando truchas en un lago, en el sur de Chile. Nuestra vida ha cambiado por completo, regresamos a casa, con la familia, donde todo está hecho. De repente, nos sentimos fuera del mundo.

R.A.: También es verdad que el viaje te enseña a adaptarte a todo, a aprender a asumir las cosas de un día para otro. Es un aprendizaje que nos permite asumir de forma llevadera este cambio radical de vida.

Botsuana

F.O.: El cambio radical de estar en casa...

R.A.: Sí, estar en un lugar fijo, volver a los horarios, las normas...

J.C.G.: ...ideologías...

R.A.: ...donde llega información sesgada, limitada, malintencionada. Sin poder experimentar, porque se pone límite a todo. África es la vida y la muerte en su máxima expresión. Todo se mezcla de manera muy intensa, no es el mundo plano de Occidente.

F.O.: ¿Cómo ha sido el proceso de elaboración de Nunca sacarás África de ti?

J.C.G.: En estos meses hemos tenido que aprender varios oficios, porque nos hemos encargado del diseño y la maquetación, la edicion de texto y fotos, y hasta del cálculo del gramaje de las hojas y del peso total de cada ejemplar para ajustar el coste de los envíos. Nos hemos dado cuenta del inmenso trabajo que hay detrás de la publicación de un libro.

F.O.: ¿Qué planes tenéis?

R.A.: El coronavirus nos ha forzado a una parada temporal. Es solo un paréntesis.

J.C.G.: De momento, lo que queremos es compartir nuestra experiencia de África con los lectores, y en cuanto sea posible, regresar a Chile a recoger a “Rocinante”, que está en un garaje, y retomar nuestro plan de vida: Dar la vuelta al mundo sin fecha de regreso.


 

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