El día en que nos quedemos sin mar y sin montaña

Llegando ya las fechas en las que las vacaciones están programadas o a punto de cuajar, nos hemos dado cuenta de que la mayoría de la gente que elige el viaje no se entrega a la sal y a la roca. Hoy hacemos referencia a esas otras aventuras, al viaje como representación de una porción de libertad.

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La esencia de esta sección es, precisamente, ofrecer una alternativa a nuestras salidas a escalar o a hacer surf. Y esta es la lectura. Por norma general, los títulos que buscamos son aquellos que nos pueden servir de consuelo cuando las condiciones no nos acompañan a la hora de hacer actividad. Entonces nos entregamos al mar y a la montaña a través de las experiencias de otros.

Sin embargo, llegando ya las fechas en las que las vacaciones están programadas o a punto de cuajar, nos hemos dado cuenta de que la mayoría de la gente que elige el viaje no se entrega a la sal y a la roca. Hoy hacemos referencia a esas otras aventuras, al viaje como representación de una porción de libertad.

 

1.- La ciudad

Bangkok

 

 

Bangkok

Lawrence Osborne

Traducción de Magdalena Palmer

Gatopardo

285 páginas

 

 

 

 

Tras azotarnos en El turista desnudo con su debate sobre lo que significa el viaje, tras reducir a cenizas lo que creíamos que era una experiencia de aventura, tras dejarnos claro que a fecha de hoy cualquier forma de viaje es una elección más o menos sofisticada de turismo, Lawrence Osborne nos presenta cómo ha dado solución a ese conflicto en su vida. Estudió en Cambridge y Harvard, pero decidió vivir en Bangkok, una ciudad caótica, llena de rincones en los que se reparte cualquier tipo de olor, cualquier esencia para los sentidos. ¿Cómo consigue alguien integrarse en una ciudad en la que siempre será un extranjero? Tal vez gracias a que ese es el estado definitivo de la sabiduría: ser extranjero en cualquier parte, incluso dentro del hogar. Así es como nos habla por igual de los habitantes como de los visitantes de la ciudad tailandesa. Una obra de un escritor con infinidad de recursos.

Los turistas viajan a Bangkok por muchas razones: una cita amorosa, una operación de cambio de sexo, una estancia en un hotel de lujo o simplemente por el hecho de desaparecer unos cuantos días. Lawrence Osborne viajó a Bangkok por la odontología barata. Una vez allí descubrió que podía vivir con unos pocos dólares al día. Y decidió quedarse. Osborne es un flâneur, se pasea por las calles de la ciudad, por los canales de la parte vieja, es un asiduo del restaurante No Hands, merodea por los barrios olvidados, los templos derruidos y los bares y clubs de alterne para mostrarnos un lugar vivo, febril, donde una antigua mezcla de la práctica budista y las nuevas costumbres sexuales ha terminado creando una versión de la modernidad que poco tiene que ver con Occidente. Como los perdedores de las novelas de Graham Greene, Osborne quizá llegó hasta Bangkok para dejar atrás su vida, tal vez porque Bangkok es una ciudad que no se parece a ninguna otra, por encarnar una nueva, fantasmagórica, y en gran parte aún inexplorada forma de vida.

 

2.- El río

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La serpiente líquida

Alfonso Domingo

Punto de vista

404 páginas

 

 

 

 

Es el río, sí, pero no un río cualquiera: es el Amazonas. Eso supone que es el bosque de ribera, sí, pero no un bosque cualquiera: es la selva. El sueño del Amazonas sigue vivo porque junto con buena parte de los polos y del Sáhara, es de los pocos territorios absolutamente inhóspitos sobre el mapa. A diferencia de los otros dos paisajes, en el Amazonas la vida sobrepasa los límites de cualquier capacidad de integración. Pero en este caso, debemos decirlo, Alfonso Domingo se centra en su profesión. No se olvida para nada del relato, pero es etnólogo y antropólogo. Así pues, él sí decide ser un extraño, pero intenta no ser un intruso. Una combinación casi imposible de equilibrar en un viaje. Nuestro autor segoviano pone todas sus mejores intenciones en lograrlo.

Los chamanes del Amazonas tienen razón: todos los grandes ríos son viajes iniciáticos. A través de la cuenca del río Amazonas –serpiente líquida que atraviesa Ecuador, Perú, Colombia y Brasil– se pueden realizar múltiples viajes. Mientras se desciende por el río más largo y caudaloso del planeta, se escucha la sabiduría selvática de chamanes y curanderos, que diagnostican y sanan enfermedades del cuerpo y del alma. Reino del agua en el que se siente el poder de las plantas, el Amazonas es un mundo cambiante donde nada es lo que parece. Los hitos los marcan los chamanes y las plantas maestras, sobre todo la Ayahuasca, "la soga de los muertos". Este libro es un repaso por los sueños que estas tierras míticas han producido siempre en el ser humano: desde las indias guerreras del Amazonas y el oro en la época de la conquista española hasta las fiebres del proceso extractivo de los metales preciosos, el caucho, el petróleo o la incidencia del narcotráfico. Gracias al contacto con los habitantes del Amazonas se toma el pulso a la realidad diaria y a las bondades y problemas derivados de vivir en el almacén de agua dulce más grande del mundo, un ecosistema único y prodigioso.

 

3.- La carretera

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Carreteras azules

William Least Heat-Moon

Traducción de Gemma Deza Guil

Capitán Swing

615 páginas

 

 

 

Si nos proponemos enumerar todas las obras que ha provocado la carretera de Estados Unidos, desde Kerouac a Steinbeck, nos quedaríamos sin espacio. La carretera es una forma de abandonar la civilización sin apartarse de ella. A no ser que uno opte por carreteras secundarias y hasta por pistas forestales. Este género también está al alza en nuestro país. Pero mientras en España se refleja una vida crepuscular, la experiencia de William Least Heat-Moon nos recuerda más a las crónicas de la América profunda, ese pozo de gente que vive en caravanas pensando que son clase media y que si el día de las elecciones les cuadra ir a votar, es posible que entreguen su voto a un candidato al que poco podemos querer. Que los norteamericanos intenten explicarse, intenten explicar a sus propios vecinos, es ya un género literario. Y para ello se precisa de la carretera, en un país donde las grandes industrias acabaron con los servicios públicos de transporte.

Tras haber perdido su trabajo y a su esposa —después de un matrimonio fallido—, William Least Heat-Moon llega a un punto de inflexión en su vida y decide coger su camioneta y realizar un viaje de 13.000 millas por carreteras secundarias, llamadas «Blue Highways» porque aparecían dibujadas en azul en los mapas antiguos de Estados Unidos. Aclamada como una obra maestra de la literatura de viajes norteamericana, Carreteras azules, más que una simple novela autobiográfica, es un viaje inolvidable a lo largo de los caminos de Estados Unidos, que se adentra en las ciudades y pueblos norteamericanos menos conocidos, así como en las personas que habitan estos parajes. William Least Heat-Moon, un autor de la talla de Kerouac, según el Chicago Sun Times, partió con poco más que la necesidad de poner su casa detrás de él y un sentido de curiosidad acerca de «esos pequeños pueblos que aparecen en el mapa, si es que lo hacen, solo porque algún cartógrafo tiene un espacio en blanco para rellenar». Lugares como Remote (Oregón), Simplicity (Virginia), New Freedom (Pensilvania), New Hope (Tennessee), Why (Arizona) o Whynot (Misisipi). Sus aventuras, sus descubrimientos y sus recuerdos de las personas extraordinarias que encontró en el camino son toda una revelación de la verdadera y profunda cultura vial estadounidense.

 

4.- La guerra

Guerrillas

 

 

 

Guerrillas

Jon Lee Anderson

Traducción de María Tabuyo

Sexto piso

336 páginas

 

 

 

Traemos este libro por la calidad de las crónicas de su autor. Con eso es suficiente como para que figure entre las recomendaciones. Jon Lee Anderson se maneja en el periodismo como si hubiera nacido para contarnos los reportajes de guerra con un talento parecido al de García Márquez para la prosa. Así pues, esta es nuestra última iniciativa hoy. Sabemos que no son muchos los que se entregan a ella, y sabemos que admiramos a los pocos que lo hacen. Pero ahí está, el viaje al conflicto, el reportaje, el valor que tienen unos pocos a los que tendríamos que tratar con reverencia, pues de no ser por ellos, apenas conoceríamos lo que sucede. Y siempre es mejor saber, mucho mejor que la técnica del avestruz, que, al fin y al cabo, deja el culo expuesto al viento. Para leer Guerrillas ya hace falta valor. Os animamos a tenerlo.

Si bien en la actualidad a todo aquel dispuesto a llevar a cabo actos violentos para protestar por el orden de cosas existente se le califica, casi universalmente, de terrorista, hace apenas medio siglo la figura del guerrillero era el símbolo por antonomasia de la lucha para la transformación de la sociedad por la vía armada. Más allá de su éxito específico para tomar el poder en Cuba, la revolución del Che y de Fidel sirvió de inspiración para cientos de movimientos a lo largo y ancho del mundo, la enorme mayoría de los cuales no consiguió su objetivo último. Sin embargo, como muestra todavía la resistencia zapatista en el sureste mexicano, el poder simbólico en el imaginario colectivo puede trascender ampliamente el impacto concreto de la lucha armada.

En este libro clásico sobre el fenómeno de las guerrillas, Jon Lee Anderson aborda con su habitual minuciosidad y claridad uno de los fenómenos cruciales para comprender la historia de la segunda mitad del siglo xx. Para realizarlo, viajó para conocer in situ y de primera mano las realidades de los muyahidines de Afganistán, el fmln de El Salvador, el Ejército de Liberación Nacional Karen de Birmania, el Frente Polisario del Sáhara Occidental, y células palestinas que lu­chaban contra Israel en la Franja de Gaza. Independientemente de la suerte 
experimentada por los distintos movimientos guerrilleros, el aliento que recorre su investigación es «comprender qué es lo que motiva a la gente común para ir a la guerra, para tomar la decisión consciente de matar y morir por un ideal que existe, al menos al comienzo, tan sólo en sus cabezas. Me pareció que el primer paso era el crucial, pues implicaba el cruce de una línea invisible, hacia un territorio en donde la muerte, y no la vida, era la principal certidumbre».


 

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