Código de conducta en montaña ¿Dónde están nuestros principios?

Cada vez más gente disfruta de las actividades de montaña y aventura, algo que antes estaba reservada para unos cuantos "locos a los que nos gustaba sufrir incluso en nuestros ratos libres..."

Foto: Grupo de Montaña Piedra Luenga Creative Commons
Foto: Grupo de Montaña Piedra Luenga Creative Commons

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¿Se está perdiendo la esencia de la montaña? Cada vez más gente disfruta de las actividades de montaña y aventura, algo que antes estaba reservada para unos cuantos "locos a los que nos gustaba sufrir incluso en nuestros ratos libres...", aunque el mismo ritmo pero a la inversa, es el que se tiene por mantener unos principios éticos en dichas actividades.

No menos interesante que el decálogo de seguridad en montaña del que hablamos hace unos días, y muy relacionado con el mismo, es el código de conducta en montaña. Hemos resaltado los puntos que nos parecido más importantes del código de ética de la Federación Internacional de Montañeros y Escaladores (UIAA), donde se tratan temas que, a nuestro parecer, cada vez se pasan más por alto. En este código se trata de las máximas y normas éticas que deberían regir entre todos los que salimos a disfrutar de la montaña, la aventura y la naturaleza, sea cual sea nuestra actividad.

1. Responsabilidad individual. Un practicante de deportes de montaña realiza su deporte bajo su propia responsabilidad. Es responsable de su propia seguridad y de otra gente que encuentre en el desarrollo de su actividad. En la toma de decisiones, debemos depender de la conciencia y el buen juicio, descartando las expectativas de otros.

2. Espíritu de equipo. Confiabilidad, entusiasmo por un objetivo común, consideración por otros miembros del grupo y el interés por promover sus propios intereses son las claves para el éxito y tener una experiencia positiva. Debemos movilizar nuestra conciencia, tolerancia y buena voluntad a hacer compromisos para balancear todos los intereses y las habilidades del grupo.

3. La comunidad de usuarios de la montaña. A cada persona que encontramos en la montaña le debemos la misma gentileza y respeto. En condiciones de aislamiento y en situaciones altamente estresantes física o mentalmente, es especialmente aconsejable seguir la regla de oro: “tratar a los otros como nos gustaría ser tratados nosotros mismos”.

4. Al visitar otros países. Como huéspedes de otras culturas, siempre debemos dirigirnos políticamente y con moderación hacia la gente del lugar, nuestros anfitriones. Promoveremos las relaciones internacionales si ayudamos a desarrollar un entendimiento de su sociedad, religión y la forma de hacer las cosas. La experiencia de culturas ajenas ha influenciado las vidas de muchos deportistas de montaña de una manera significativa.

5. El guía de montaña y el cliente. Un guía debe procurar a su cliente toda la experiencia positiva en la montaña. El valor de la actividad guiada no radica tanto en el éxito de la empresa como en la igualdad de las relaciones humanas y la experiencia de la naturaleza.

6. Emergencias. Si una persona que encontremos —no importa si es un amigo, un porteador u otro habitante local— necesita ayuda, debemos hacer todo lo posible para darle un apoyo cualificado tan rápidamente como se pueda. No hay una "zona libre de moral" en montañismo.

7. Naturaleza y medio ambiente. Los practicantes de deportes de montaña están obligados a practicar sus actividades de una forma ambientalmente adecuada y ser proactivos en la preservación de la naturaleza en sus campos de actividad. En muchos casos hay biotopos frágiles que proporcionan refugio a especies de flora y fauna en peligro de extinción cuya supervivencia depende de medidas de protección específicas.

8. Estilo y excelencia. Culminar una actividad es menos importante que cómo se hace. En cada disciplina deportiva y sus variantes, el "buen estilo" significa la reducción de ayudas técnicas a un mínimo justificable. Los deportistas que no son capaces de culminar su objetivo de acuerdo a la buena práctica aceptada, deben contenerse del intento.

9. Primeras actividades. Una primera actividad debe intentarse sólo si puede ser hecha de una forma ética y ambientalmente adecuada, si es compatible con la reglamentación local y si no afecta de alguna manera a demandas justificadas de otros compañeros. Ser el primero en realizar una actividad concreta, ya sea abrir una vía de escalada, un descenso de barrancos o explorar una sima es un acto creativo y, en muchos casos, refleja el estilo particular de un escalador, alpinista, barranquista, espeleólogo, etc.

¿Añadirías o cambiarías alguno? Déjanos tus comentarios, nos gusta saber tu opinión.

Artículo de Jorge Membrado para el portal Esportverd.


 

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