THE WATER VAN PROJECT

Y por fin, ¡Chiapas!

Inesperada, esa sería sin duda la palabra con la que describiríamos nuestra etapa de viaje desde que cruzamos La Paz hasta nuestra llegada a Chiapas. 

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Tras un par de días de espera en el sur de Baja resolviendo un pequeño problema con el papeleo de la furgo, conseguimos el permiso de transbordo y nos subimos al ferry que nos permitía cruzar.

Ninguno esperaba que en las siguientes 18 horas de trayecto íbamos a conocer a los dos mayores personajes con los que nos habíamos cruzado hasta ahora en el viaje. Shohei y Ryo, ambos de Japón, se acercaron a nosotros en mitad del viaje con su inglés roto y su español inexistente, para preguntarnos sobre cómo llegar a México DF desde Mazatlán. Los pobres andaban más perdidos que una aguja en un pajar, así que decidimos subirlos a bordo de la Perla Blanca, ya que pasar por la capital era parte del recorrido. Poco después de ofrecérselo, nos cuentan sin quitar la sonrisa ni un solo segundo, que están de vacaciones durante las dos siguientes semanas pero que en realidad su destino era volar desde Japón hasta La Paz (Bolivia), pero que se habían equivocado a la hora de comprar el billete y se lo habían sacado con destino a La Paz (México)… ¡Vaya un ejemplo de alegría y positivismo ante la adversidad y que gran compañía nos hicieron los dos siguientes días estos chavales!

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Nos ponemos en marcha nada más tocar tierra ya que Sinaloa es un estado bien conocido por su inseguridad relacionada con el narcotráfico y partimos rápidamente hacia el DF. Hacemos noche en Guadalajara y salimos al punto de la mañana. Es tras unas 5 horas de conducción cuando comienzan los problemas, la furgo se cala dos veces seguidas y nos deja tirados en Jilotepec, un pueblo dos horas al norte de Ciudad de México. Aquí nos despedimos de nuestros amigos japos, y llevamos la Water Van a un mecánico cercano, el cual tras echarle un ojo rápido y comentarle lo ocurrido, nos traslada las malas noticias: el filtro y la bomba de gasolina están destrozados y necesitan ser reemplazados para poder seguir conduciendo. Nos toca tomar una precipitada pero necesaria decisión, HAY QUE SEPARARSE. La verdad es que sabíamos que en algún momento iba a tener que pasar, pero desde luego no imaginábamos que sería de esa manera. Eran las 5 de la tarde del martes y teníamos que estar el jueves al punto de la mañana reunidos con el equipo de Coalición de Organizaciones Mexicanas por la Defensa del Agua (COMDA).

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Diego y Coke se quedaban a arreglar la furgo en Jilotepec, donde habría que estar mínimo un par de noches. Mientras cenaban tuvieron la gran suerte de conocer al dueño del restaurante Doña Mati, Don Justo, camionero retirado con más de 35 años a las espaldas en carretera, quien les invitó a quedarse en su casa durante dos noches y les puso en contacto con las personas adecuadas para solventar los problemas del motor. La hospitalidad de su nuevo abuelo mexicano se les quedará guardada en la memoria durante mucho tiempo.

Chechu y yo dejamos Jilotepec con dirección a la capital para poder viajar al día siguiente. Tuvimos la suerte de poder llamar de urgencia a Lourdes, amiga de la familia, la cual tras contarle nuestro percance nos invita al instante a quedarnos en su casa. ¡Que encanto de familia y que bien nos trataron! Pasamos la noche en su casa y a la mañana siguiente cogemos el bus que nos lleva a Chiapas.

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Tras un intenso viaje de 15 horas llegamos por fin a San Cristobal de las Casas, ciudad que será nuestra casa durante las siguientes semanas. Nada más llegar nos reunimos con miembros de la COMDA: Brenda (integrante de Mujer y Medio Ambiente), Angel (Otros Mundos), Alma (CEPAZ) y Adriana (FORO). COMDA es un conjunto de fundaciones con diferentes causas como la defensa del territorio indígena o la igualdad de género, pero todas ellas comparten un objetivo principal: asegurar el derecho humano al agua para todos los hombres y mujeres como bien universal que es. Como es normal, dentro de cada una de ellas existen muchas organizaciones, y por lo tanto, diferentes metodologías y formas de trabajo. Por ello era fundamental reunirnos y poder cuadrar la forma de llevar a cabo nuestra ayuda de la manera más efectiva, además de planificar la sostenibilidad del proyecto a largo plazo.

Después de un largo meeting llegamos a la conclusión de que lo mejor era repartir 17 filtros a cada una de las 3 comunidades con las que trabajan las ONGs. Todas nos comentan que todos los miembros de estas comunidades tienen una necesidad inmediata de agua potable, por lo que repartirlos de manera equitativa es lo más justo. Acordamos que las dos primeras visitas serían en las comunidades de Campo los Toros con Otros Mundos y Chilón con CEPAZ. Afortunadamente Coke y Diego llegaron a tiempo para la segunda visita tras un día entero de conducir sin parar. ¡Familia unida permanece unida!

Así da comienzo de manera real y palpable el proyecto que cientos de personas hemos propulsado durante el último año y medio.  Todas estas comunidades son familias indígenas, las cuales son normalmente desplazadas y marginadas dentro de la sociedad mexicana y viven en chabolas construidas con poco más que madera y ramas. Tener un contacto directo con esta realidad nos esta haciendo replantearnos en tan solo dos días muchas cosas del mundo de donde venimos. Es difícil describir con palabras el conjunto de sentimientos y sensaciones compartido por los cuatro durante estos dos largos e increíbles días de trabajo.

Por un lado, está la impactante y a la vez envidiable sensación de ver como personas en las condiciones de vida más extremas derrochan por todos sus poros semejante felicidad y alegría.

Por otro lado, está la gran admiración hacía el trabajo que realizan las organizaciones con las que trabajamos. Es un orgullo colaborar con personas que dedican su vida a hacer de este mundo un lugar más justo y tratan de mejorar la calidad de vida de quien más lo necesita. La verdad que nosotros solo podemos aspirar a apoyarles en su impresionante labor y que con la ayuda de estos filtros puedan dedicar sus recursos a otros fines.

Y por último, está la satisfacción personal de ver materializado un sueño en el que nunca hemos dejado de creer. Ver con nuestros propios ojos el impacto directo que van a tener los filtros en la vida y salud de estas personas es el verdadero motor de The Water Van Project. En tan solo 2 días hemos conseguido que más de 35 familias no tengan que volver a preocuparse por si el agua que consumen contiene arena, polvo, mosquitos o ningún tipo de enfermedad. A partir de hoy beber agua limpia y potable será su única realidad. ENHORABUENA Y MILLONES DE GRACIAS a todos y cada uno de los que habéis hecho posible que suceda, esto es solo el comienzo.

¡PAZ AMIGOS!

 

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