Luz en las grietas

Cualquier párrafo de Luz en las grietas transforma las obras de sus contemporáneos en escritura plana. Por delante tenemos un testimonio, un testamento, una narración sincera, brutal, de una lírica desconcertante. 

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Carlos Marín / Ricardo Martínez Llorca. Luz en las grietas pertenece a la estirpe de los libros malditos.

Pocos será los lectores que se atreverán con una obra que destila es la poesía de los malditos.

Cualquier párrafo de Luz en las grietas transforma las obras de sus contemporáneos en escritura plana. Por delante tenemos un testimonio, un testamento, una narración sincera, brutal, de una lírica desconcertante. 

La proximidad de la muerte da sentido al texto, en un mundo donde la mayoría de la gente se olvida de la vida cuando las cosas le van bien. Pero la vida siempre está ahí, clavándose a fuego en los riñones.

Es un libro épico y un manual de resiliencia. Una obra que debe leerse sin prejuicios.

Luz en las grietas es un acoso y derribo de honestidad y valor. Porque está escrito con la última sangre y el último aliento, saldando deudas.

Y por supuesto con los viajes y la montaña, que representan la ilusión de vivir. Pero también con la familia, un tema recurrente en la obra de Martínez Llorca, que hasta ahora nos había sorprendido con sus descripciones como punto fuerte, y en sus últimas obras, también centradas en la aventura y la montaña, por su madurez creativa.

El buen hermano y el hermano canalla, Jeckyll y Hyde, son una metáfora del sentido de la ética que tiene Martínez Llorca, la interior, inseparable de los efectos de nuestros actos en los demás. Pero hay algo más. El autor nace con un corazón destrozado, deforme, un demonio que le obliga a tener presente a la muerte en cada aliento. Y mientras tanto, la ausencia de los padres en su vida nos intriga. La única explicación posible, es que siempre culparan al hijo de las angustias que le producen las graves enfermedades. De ahí esa costumbre de dar la espalda.

Pero el libro no es una autobiografía, sino un texto sobre lo vivido con un corazón defectuoso, que durante la infancia y adolescencia ignoró que guardaba entre las costillas, mientras poco a poco, y a pesar de ello, ganan terreno las pasiones: la literatura, los viajes y la montaña. El autor refiere sus dificultades para no rendirse, tentación presente en cada línea, en un libro acerca de las memorias sensoriales.

No existen buenos relatos que no sean relatos sobre la dignidad. Y aquí El narrador evita la autocompasión contando lo que le pasa, con mucha más fuerza que piedad, y la sinceridad se impone.

Martínez Llorca ejerció de ángel de la guarda de sus hermanos pequeños en casa y en el patio del colegio, donde salía siempre derrotado en las batallas. Sobrevivió a un coma tras un accidente. Se impone la obligación de mantener el tipo, a costa de lo que sea, en los peores momentos que vive su familia, como tras el fallecimiento de su mejor hermano. Y a medida que avanzamos, el narrador se vuelve más reflexivo, el tiempo más cercano. 

El narrador supera la adolescencia, llega a la universidad, se convierte en un adulto. Por fin encuentra un ritmo en el que sus pasiones puedan desatarse sin que peligre el corazón: la soledad y la literatura, la soledad y los viajes, los compañeros de cuerda en la montaña y el reconocimiento de la amistad. La amistad como tabla de salvación, y principio ético.

Martínez Llorcae se desnuda, explica por qué es tímido, también por la férula de un hermano mayor con celos cainitas. La inmovilidad se convierte en la única defensa frente a los ataques en un mundo en que todos son más fuertes que él.

Luz en las grietas nace como una confesión y una carta de despedida.

Con la muerte susurrando demasiado cerca, no se ocultan las filias y fobias. Aunque lo que predomina sigue siendo esa lucha por la vida, frente a unas enfermedades invisibles, crónicas, congénitas, que modelan su temperamento. 

A medida que se avanza en la lectura, se imponen los relatos de viajes y montaña. Aunque seamos conscientes de que las posibilidades de derrota son superiores a nuestras fuerzas, se impone la vida como pasión, no como necesidad animal.

Sin perder la conciencia de canto de cisne, la última parte del libro, se centra en las narraciones de los más importantes episodios de su vida de aventuras: los momentos en que la muerte tocó de cerca a las cordadas de las que formaba parte o los agradecimientos a los grandes hombres del mundo de la montaña, que le apoyaron en sus primeros pasos en la carrera literaria.

Luz en las grietas es un libro híbrido, sin necesidad de aturdirnos con los fuegos artificiales que practican los autores hijos de Bolaño o Sebald. Nada de niveles textuales, metatemas y guiños cultos. Los relatos reales y reflexiones son reales. Asistimos a la intención de hacer de la vida una aventura, pese al tormento de la enfermedad. Huyendo del sentimentalismo, el miedo a la muerte queda vinculado a una vida que comparte pasión y aflicción. El resultado es un libro que consigue una hondura y una belleza que, en lugar de iluminar, esclarecen. Una obra maestra, una obra maldita.


 

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